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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Aquella mañana en la que un café con leche deslactosada terminó costando como una merienda entera

Una clienta neuquina pagó mil quinientos pesos extra por cada taza con esa variante. La Dirección de Protección al Consumidor provincial salió a explicar cuándo ese cobro es legal y cuándo configura una infracción. La respuesta está en un detalle tan chico como determinante: lo que dice la carta y lo que avisa el mozo antes de que uno pida.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 2 h
Aquella mañana en la que un café con leche deslactosada terminó costando como una merienda entera

Vine a la redacción todavía con el gusto a café cortado y con esa sensación que deja cuando uno siente que le metieron la mano en el bolsillo. Me lo contó Adriana, vecina del barrio Alto Comahue, mientras esperábamos el turno en la verdulería de siempre: "Fui a un café sobre Juan B. Justo al 600, pedí un café con leche deslactosada porque soy intolerante a la lactosa, y cuando llegó la cuenta me encontré con mil quinientos pesos extra por cada taza. Pregunté y me lo confirmaron con la mayor tranquilidad, como si fuera lo más normal del mundo". Esa normalidad, que a veces nos hace tragar bronca y seguir, fue la que decidió romper el silencio y contar lo que le había pasado.

El episodio, que podría parecer menor si uno no vive con alguna intolerancia o alergia alimentaria, terminó encendiendo una alarma que llegó hasta la Dirección Provincial de Protección al Consumidor. Y la respuesta del organismo fue tan didáctica como oportuna, porque vino a poner blanco sobre negro en una zona gris que muchos locales gastronómicos aprovechan sin demasiados escrúpulos.

La ley no prohíbe, pero sí exige una condición

El director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini, fue claro al explicar la normativa. No existe ninguna disposición que impida a un bar o restaurante cobrar un adicional por una variante de leche, ya sea deslactosada, de almendras, de soja o cualquier otra. Pero hay un requisito que la ley sí contempla y que, en la práctica, no siempre se respeta: ese costo extra tiene que estar exhibido en la carta de manera visible y tiene que ser comunicado por el mozo antes de que el cliente confirme la orden.

“Para que haya un cambio de valores de este tipo tiene que estar claramente informado en la carta.”Pablo Tomasini, director provincial de Protección al Consumidor

Tomasini fue más lejos y, con un tono casi de clase de educación al consumidor, agregó una frase que funcionó como advertencia para los comercios que suelen esconder los adicionales en la letra chica: "Si te lo van a cobrar, tiene que estar claramente informado, no en el puntito abajo de la hoja de la carta que dice que te van a cobrar adicional". La idea central es que nadie puede enterarse del sobreprecio cuando ya está pagando, porque en ese momento el cliente perdió toda posibilidad de elegir. Si el aviso se da antes, uno puede aceptar el cargo, pedir la bebida con leche común o directamente levantarse e irse a otro lado. Esa libertad de decisión, que parece tan básica, es lo que la ley intenta preservar.

Ahora bien, ¿es razonable que un local cobre extra por una variante de leche? Tomasini reconoció que, en la lógica del negocio, el costo de tener una alternativa de ese tipo debería estar incluido en el precio general del producto. Pero también admitió que la normativa no prohíbe expresamente ese recargo, siempre y cuando se cumpla con el deber de informar de manera transparente. Es decir, la ley no le pone un tope al monto, pero sí le pone un tope a la sorpresa.

Sobre el caso puntual de la cafetería de Juan B. Justo donde le pasó a Adriana, el organismo anticipó que durante esa semana se acercarían al local para explicarle al dueño cómo tiene que informar este tipo de adicionales. Tomasini aclaró que, hasta ese momento, no había denuncia formal presentada, y que la intervención sería en primera instancia de carácter pedagógico. Si la conducta se repitiera después de esa advertencia, el organismo está habilitado para avanzar con una sanción.

Antes de despedirme, llamé a Adriana para contarle cómo había terminado todo. "Mirá, si me hubiesen avisado antes de pedir, capaz pagaba el extra y me quedaba tranquila, o capaz me iba a otro lado. Pero enterarme en la cuenta fue lo que me hizo sentir mal, como una estafa chica", me dijo desde su casa, mientras preparaba el mate con la misma leche deslactosada de siempre. Me pareció una síntesis perfecta de lo que termina siendo este tipo de abuso: no siempre es la plata, sino la sensación de que te avasallan en algo tan cotidiano como tomarse un café.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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