Arsenal, puntero a pura ráfaga: le ganó a Chelsea 2-1 y ya nadie le saca la sonrisa
En un clásico londinense que se resolvió en un abrir y cerrar de ojos, los de Arteta remontaron con goles de Havertz y Odegaard, defendieron con el arco en cero y estiran el arranque perfecto en la Premier. Martínez se fue aplaudido en la vereda de enfrente.
Che, lo que pasó en el Emirates fue de esas noches que uno cuenta sentado en la popular (la tribuna popular, querido lector del Litoral: la popular es la tribuna donde va la hinchada más caliente): Arsenal y Chelsea se sacaron chispas en apenas veinticinco minutos de fútbol puro, sin anestesia y sin tiempo para el café. El clásico londinense dejó tres goles, dos atajadas que todavía resuenan y un equipo que mira a todos desde arriba, con nueve puntos sobre nueve y la certeza de que este arranque no es casualidad.
Veinticinco minutos que valieron por un partido entero
El pitazo inicial todavía rebotaba en las tribunas cuando Chelsea ya ganaba 1-0. Cuarenta y pico de segundos después, ojo: la cuenta oficial habla de 78 segundos, el reloj de mi vieja que mira los partidos conmigo dice que fue menos, el punta visitante metió un derechazo a ras del piso que se le escurrió entre las manos al arquero local. Gol, silencio, y Arsenal a tener que remar desde el vestuario. Calafiori gritó el empate y el VAR, fiel a su costumbre de meterse donde no lo llaman, lo anuló por un offside finito, de esos que se ven si uno se pone los anteojos al revés.
Hasta que apareció Emiliano Martínez, la gran figura de la noche, aunque la victoria se la llevaron los de enfrente. El Dibu, en su segundo partido como titular con la camiseta de Chelsea, le sacó un remate durísimo a Saka en una estirada de esas que justifican un álbum y después le ganó otro mano a mano en el complemento. Mientras tanto, Raya, el arquero de Arsenal, contestaba con la misma moneda: le ahogó el grito a Reece James con un disparo desde afuera y sostuvo a su equipo cuando el partido se le venía encima.
Havertz, que de gambetear ya sabe un rato, arrancó por la derecha, se hizo el espacio con un amague cortito y la metió con la zurda al primer palo. Martínez, esta vez, no llegó. Empate 1-1 y al descanso con la garganta seca y la sensación de que alguien iba a pagarlo caro.
El gol que rompió el partido
A los cinco minutos del segundo tiempo cayó el golpe de nocaut. Odegaard metió un remate bárbaro desde el centro del área y desató el delirio local. La asistencia quedó para Tzonis en la estadística, pero cualquiera que haya visto la jugada sabe que la verdadera pinturita la hizo Havertz: levantó el pie en el momento justo, dejó pasar la pelota y descolocó a toda la línea defensiva con un amague que vale más que cualquier pase. Un nueve con clase, de los que ya no quedan.
El final fue puro suspenso. Chelsea fue con todo, Martínez volvió a vestirse de héroe sobre la línea para sacarle un cabezazo a Havertz que tenía destino de red, y Estevao probó con un zurdazo que también se marchó a las manos del arquero local. Arsenal administró la diferencia con oficio, bancó los últimos minutos y se quedó con tres puntos que pesan como plomo.
¿Puede sostener este nivel todo el año? Mirá, yo no soy adivino ni tengo la bola de cristal que tenía Bilardo, pero este Arsenal tiene cosas que no se ven seguido: orden atrás, variantes adelante y un arquero que aparece cuando lo llaman. El próximo rival lo espera en la fecha que viene y la hora se confirma en el cierre de la jornada. Por ahora, los de Arteta miran a todos desde arriba, con la sonrisa dibujada y la camiseta nueve puntos. Chau, hasta la próxima.
