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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Budines sin manteca que sorprenden: seis recetas para una miga que se deshace en la boca

El aceite neutro reemplaza a la manteca con resultados húmedos y esponjosos. Hay versiones de marmolado, banana, cítricos y algarroba, todas al alcance de la cocina de casa.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 45 min
Budines sin manteca que sorprenden: seis recetas para una miga que se deshace en la boca

A veces uno vuelve a la cocina con la cabeza en otra cosa y se encuentra con que la manteca se quedó afuera de la heladera, o directamente no hay. La buena noticia es que ese pequeño trastorno puede ser el inicio de un budín distinto, igual de rico y hasta más húmedo que el de siempre. En casa lo aprendí después de probar varias veces con aceite de girasol, casi por descuido, y desde entonces es el camino que elijo cada vez que arranca el otoño y la merienda pide algo que llene la casa de aroma.

La clave está en entender por qué el aceite cambia las reglas del juego. A diferencia de la manteca, no necesita estar a punto de pomada ni derretirse antes de sumarse a la mezcla, lo que simplifica la tarea desde el primer paso. Los aceites de sabor neutro, como el de girasol o maíz, son los más recomendables; el de oliva puede aparecer en algunas versiones sin alterar el resultado final. Con esa base, lo que define la textura es no sobrebatir la preparación una vez que se incorpora la harina y respetar los tiempos de cocción, porque un horno demasiado caliente o unos minutos de más secan el interior. Para chequearlo, el truco de siempre sigue siendo el más confiable: el palillo que sale limpio del centro del budín.

Seis variantes para recorrer la semana

Seis variantes para recorrer la semana

  • Marmolado: alterna capas de vainilla y chocolate en el molde. El secreto es distribuir ambas mezclas sin unirlas demasiado para que el dibujo quede definido; algunas versiones suman queso crema para más humedad.
  • Banana madura: aporta dulzura natural y una textura compacta que se sostiene sola en la placa.
  • Naranja y mandarina: se usan con jugo y ralladura para potenciar el aroma. La mandarina tiene una variante práctica: se procesa entera, con cáscara y sin semillas, directo en la licuadora junto con el resto de los ingredientes.
  • Limón con yogur: prescinde del azúcar y usa edulcorante apto para cocinar. El yogur cumple la función de dar humedad y la ralladura de limón aporta frescura.
  • Algarroba con banana: combina con banana madura para un sabor levemente acaramelado, que se endulza con miel o edulcorante según el gusto. Ideal para la merienda con un mate o un café de filtro.

Una recomendación para quien se anime a probar la de mandarina entera: conviene conseguir frutas bien firmes, de las de estación, y procesarlas con un poco de azúcar para que la licuadora no sufra. El budín queda con un perfume intenso y una miga apenas rosada que en casa siempre sorprende a quien lo prueba por primera vez.

Para quienes vivimos en zonas de sierras, la merienda con budín casero tiene un lugar propio. A la altura del kilómetro 47 de la ruta que bordea el río, hay un parador de ruta conocido por su café con leche espeso y, según la temporada, salen budines de algarroba que viajan bien envueltos en papel madera. Conviene llegar antes de las 17, cuando todavía queda algo para llevar. Si no, la cocina propia resuelve, y vaya si resuelve: con un buen aceite, una licuadora y un poco de paciencia, el resultado se acerca mucho al de las mejores casas de té de la zona.

Te invito a probar alguna de estas versiones este fin de semana y contarme cómo te fue. Si tenés un secreto familiar para la miga húmeda, quedo a la espera: en la cocina siempre hay algo nuevo para aprender, y más cuando se trata de un budín que invita a quedarse un rato largo en la mesa.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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