Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Coágulos en las venas: las cuatro pistas que el cuerpo da antes de que algo se complique

Un cardiólogo preventivo repasa las señales físicas que pueden alertar sobre una trombosis venosa y enumera los momentos de la vida en los que el riesgo sube, desde los anticonceptivos hasta el posparto o la menopausia.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
Coágulos en las venas: las cuatro pistas que el cuerpo da antes de que algo se complique

Eran cerca de las diez de la mañana y en la esquina de mi barrio, mientras esperaba el colectivo, vi a Patricia, la vecina del tercer piso, que llegaba con la pierna derecha vendada y una expresión que no era la de siempre. Me contó que hacía una semana le dolía la pantorrilla sin razón aparente, que se le hinchó de golpe y que la piel se había puesto caliente y un poco rojiza. Fue a la guardia, le dijeron que había tenido un coágulo en una vena profunda de la pierna y que había hecho bien en consultar antes de que el cuadro se complicara. Esa escena, que parece menor, resume mejor que cualquier manual por qué conviene aprender a leer las señales que el cuerpo manda cuando algo no anda bien con la circulación.

La tromboembolia venosa es lo que ocurre cuando se forma un coágulo en una vena profunda, casi siempre en las piernas. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, se transforma en una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que exige atención de emergencia. La buena noticia es que, como me dijo la propia Patricia mientras tomaba mate en el banco de la plaza, es una afección prevenible y tratable cuando se detecta a tiempo.

Las cuatro señales físicas que hay que aprender a reconocer

El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco identificó cuatro pistas concretas que pueden advertir sobre la presencia de un coágulo: dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo; hinchazón en la zona afectada; cambios en el color de la piel, que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual; y una sensación de calor localizada. El especialista aclara que ninguno de estos síntomas confirma un diagnóstico por sí solo, pero sí justifica una consulta médica para descartarlo. La regla de oro, dice, es no esperar a ver si pasa solo.

Cuando el cuadro pasa a ser una embolia pulmonar, los signos son otros y la urgencia se vuelve máxima: dificultad para respirar de manera súbita, dolor en el pecho que se intensifica al inhalar, tos con sangre o pérdida del conocimiento. Ante cualquiera de esas situaciones, la indicación es llamar a emergencias de inmediato.

Qué cosas elevan el riesgo en la vida cotidiana

  • Haber tenido un coágulo con anterioridad.
  • Tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia.
  • Fumar.
  • Pasar períodos prolongados con movilidad reducida, como viajes largos o reposo en cama.
  • Vivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer.

Tres etapas en la vida de las mujeres que merecen atención

En el universo femenino hay tres momentos clave que pueden modificar el riesgo de manera significativa. El primero es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno, que se asocia a un aumento del riesgo, aunque bajo para la mayoría de las usuarias. El segundo es el embarazo y el posparto, una etapa de mayor vulnerabilidad porque el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto, lo que favorece la coagulación. El tercero es la terapia hormonal que se utiliza para tratar los síntomas de la menopausia cuando incluye estrógeno, ya que también puede elevar la probabilidad de formar coágulos.

“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

Lo Monaco insistió en que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, y por eso el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona. Las personas con antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son las que más tienen que conversar el tema con su médico, en lugar de confiar en la intuición o en lo que leyeron en internet.

Cuando me fui de la plaza, Patricia me dijo algo que me quedó dando vueltas: ella había sentido el dolor durante cuatro días antes de animarse a ir a la guardia, convencida de que era una contractura por el frío. No la culpé, porque conozco esa lógica de aguantar y mirar para otro lado. Pero también entendí, mientras caminaba de vuelta al portal, que un coágulo en la pierna no se trata como una contractura ni se resuelve con un analgesico. La diferencia entre una consulta a tiempo y una emergencia suele estar en esas cuatro señales que el cuerpo repite hasta que alguien decide escucharlas.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

Te puede interesar