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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Córdoba, sin respuestas: la odisea cotidiana de las familias que esperan un certificado, una prótesis o una terapia

Un informe de la Defensoría del Pueblo provincial describe esperas de meses, sobrecostos para los hogares y una brecha cada vez mayor entre lo que paga el Estado y lo que cuestan los servicios para personas con discapacidad.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
Córdoba, sin respuestas: la odisea cotidiana de las familias que esperan un certificado, una prótesis o una terapia

En el barrio hay algo que se repite, casi como un secreto a voces entre vecinos que se cruzan en la vereda o en la sala de espera del hospital: conseguir un turno que certifique una discapacidad, empezar una rehabilitación o recibir una prótesis puede significar meses de idas y vueltas, formularios y promesas que se estiran en el tiempo. Yo lo escuché esta semana mientras preparaba esta nota, y la Defensoría del Pueblo de Córdoba lo acaba de poner por escrito en un informe presentado el 5 de octubre de 2026, donde se releva lo que viven familias, profesionales e instituciones cuando el Estado no llega a tiempo.

Lo primero que describe el documento es la traba inicial: el Certificado Único de Discapacidad (CUD), esa llave que abre puertas a derechos, se tramita en la ciudad de Córdoba en juntas evaluadoras que funcionan en siete hospitales, dos de ellos pediátricos. Las citas, según lo relevado, se otorgan con esperas de dos a tres meses, y conseguir una consulta con el especialista que complete la documentación puede resultar igual de difícil. Para una familia con un hijo con una condición reciente, esa espera no es un número: es tiempo en el que no se accede a prestaciones.

Meses de espera para lo que no puede esperar

Los plazos se alargan todavía más cuando se trata de acceder a las prestaciones. Carlos Galoppo, defensor del Pueblo adjunto a cargo del relevamiento, habló de demoras de cuatro a nueve meses para conseguir prótesis, y de nueve a catorce meses para ingresar a centros de rehabilitación. También mencionó esperas similares para acceder a medicamentos. El informe aclara que esos rangos surgen de los testimonios recogidos y no permiten anticipar cuánto va a tardar cada trámite particular, pero muestran una tendencia que las familias conocen de memoria.

Mientras tanto, las familias pagan. El relevamiento recogió el caso de una madre que dijo haber desembolsado entre 150.000 y 180.000 pesos solo en sesiones particulares, después de sostener esa atención por cuenta propia durante cerca de dos años. A eso se suman gastos en transporte, en apoyos escolares y en tiempos que se traducen en plata: el documento describe una sobrecarga de los cuidados sobre las mujeres, con madres que achicaron su jornada laboral y vieron caer sus ingresos.

  • CUD: juntas evaluadoras en siete hospitales de la ciudad, dos pediátricos; turnos con esperas de dos a tres meses.
  • Prótesis y medicamentos: demoras de cuatro a nueve meses según lo relevado.
  • Centros de rehabilitación: ingresos con esperas de nueve a catorce meses.
  • Gastos de bolsillo: entre 150.000 y 180.000 pesos solo en sesiones, en un caso relevado.
  • Pagos a prestadores: atrasos de varios meses y hasta un año de obras sociales y programas estatales.
  • Actualización de aranceles: 225% entre diciembre de 2023 y agosto de 2026, frente a una inflación acumulada del 336%.

El otro lado: prestadores que cobran tarde y cubren menos

Las dificultades no terminan en las familias. El informe también pone el foco en quienes brindan las prestaciones: los pagos de obras sociales y programas estatales registran atrasos de varios meses y, en algunos casos, de hasta un año. Entre diciembre de 2023 y agosto de 2026, los aranceles del nomenclador nacional que fija pagos por administración subieron un promedio del 225%, mientras la inflación del período fue del 336%. El desfasaje se repite en el transporte: la nafta súper aumentó un 559% y el valor reconocido por kilómetro, un 231%. El documento vincula ese combo con dificultades para sostener los servicios y con instituciones que achicaron gastos de funcionamiento.

Cuando volví al barrio a conversar con Norma, la vecina que me había contado la espera de su nieto, me dijo algo que me quedó dando vueltas: que ella no le tiene miedo a papá y a las idas y vueltas, pero que le duele ver cómo los meses se le van a la familia mientras el nene crece y las oportunidades se pasan. Esa es, me parece, la síntesis más humana de un informe que no busca polemizar, sino mostrar una realidad que se repite en muchas mesas de Córdoba y que pide, como piden las familias, respuestas que lleguen antes de que el tiempo se agote.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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