Cortisol bajo la lupa: la hormona que todos quieren bajar y que el cuerpo necesita para vivir
Entre cócteles detox, diagnósticos caseros y la promesa de derretir grasa abdominal, especialistas argentinos y estadounidenses aclaran qué hace realmente el cortisol, cuándo un pico esógico y cuándo puede esconder un trastorno que sí requiere atención médica.
Lo primero que veo al llegar a la cuadra de mi abuela, en el barrio de San Telmo, es a Marta, la del kiosco de siempre, sirviéndose un licuado verde que le preparó su hija mientras me cuenta, con ese tono de maestra jubilada que nunca se jubila del todo, que una influencer le dijo que eso le iba a bajar el cortisol y que por fin iba a poder dormir. La escucho, le sonrío, le compro el licuado y me voy pensando que probablemente no haya en todo Buenos Aires una conversación tan repetida como esta: la del cortisol como villano moderno, como algo que hay que expulsar del cuerpo a fuerza de jugos, batidos y promesas de Instagram. Por eso me senté a leer lo que realmente dice la ciencia, y lo que dicen los especialistas que la estudian de verdad, para entender por qué una hormona que nos mantiene vivos se volvió trending topic y enemiga pública de los feeds de bienestar.
Qué es el cortisol y por qué no es un enemigo
El cortisol es una hormona que fabrican las glándulas suprarrenales, esos órganos chiquitos que tenemos apoyados sobre los riñones y a los que casi nunca les prestamos atención hasta que algo falla. Su trabajo en el organismo es bastante más serio de lo que sugieren los posteos que pululan en las redes: participa en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a mantener la presión arterial en valores razonables; modula la respuesta inflamatoria y la respuesta inmunitaria cuando aparece una infección; y también se ocupa de marcar el ritmo de sueño y vigilia. Sus niveles alcanzan el pico más alto entre la madrugada y la mañana temprana, y después bajan a lo largo de la tarde y la noche, en un patrón que los especialistas llaman ritmo circadiano y que es tan regular como el propio reloj biológico de cada persona.
Ante una situación de estrés, el cuerpo responde con un aumento transitorio de cortisol, y eso es completamente normal, no es señal de ninguna enfermedad. María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, lo explica con un ejemplo que a mí me resultó muy gráfico y que voy a repetir cada vez que pueda: si alguien se mide el cortisol justo antes de rendir un examen, probablemente el resultado le va a salir más alto de lo habitual, y eso forma parte de la adaptación fisiológica al estrés, no de una patología. Es decir, el cuerpo está haciendo lo que tiene que hacer, que es prepararnos para responder a un desafío, y no está roto ni intoxicado como sugieren las modas detox.
Cuándo sí hay que preocuparse y cuándo no
El problema clínico real se llama síndrome de Cushing y se produce por una exposición prolongada a niveles excesivos de cortisol, generalmente por un trastorno en las glándulas suprarrenales o por el uso crónico de ciertos medicamentos. En ese caso, el ritmo circadiano se altera de manera evidente: los valores de la hormona pueden ser tan altos por la tarde o por la noche como a la mañana, algo que no ocurre en una persona sana. Pero esa situación no tiene relación con las variaciones normales del día ni con el estrés cotidiano de laburar, criar hijos o pagar el alquiler, que es el que las redes suelen mezclar en la misma bolsa para vender soluciones mágicas que no existen.
- Reconocer la 'cara de cortisol' o la 'barriga de cortisol' no es un diagnóstico válido: puede haber decenas de causas detrás de un cambio de peso o de una hinchazón facial, y solo un endocrinólogo puede estudiarlas.
- El llamado 'cortisol cocktail', una preparación con jugos naturales, sales y a veces suplementos, no tiene evidencia científica que respalde su efecto sobre las glándulas suprarrenales ni sobre los niveles hormonales.
- El 'cortisol detox' es una construcción de marketing: el organismo regula sus propios niveles a través de un eje hormonal complejo, y no se 'limpia' con licuados ni con ayunos exprés.
- Cansancio, ansiedad o retención de líquidos pueden tener origen en muchísimas causas, desde anemia hasta problemas de tiroides, y atribuirlos solo al cortisol suele retrasar el diagnóstico correcto.
“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo
La frase de Mallea Gil resume, sin vueltas, lo que piensan los especialistas que se dedican a estudiar esta hormona todos los días, y coincide con lo que sostuvo en una entrevista la endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, al calificar al cóctel viral como una exageración en el mejor de los casos. En términos muy llanos, y para que se entienda: si uno tiene un pico de cortisol porque durmió mal, discutió con alguien o se tomó tres cafés, eso es una respuesta adaptativa, esperada y reversible, y no requiere ninguna intervención especial más allá de dormir, comer bien y, en lo posible, evitar exponerse a estímulos estresantes de manera sostenida. Ahora bien, si los síntomas son persistentes, aparecen cambios corporales visibles sin causa clara, sube la presión o se alteran los ciclos de sueño de manera prolongada, ahí sí conviene consultar a un profesional y no dejarse llevar por la promesa de un licuado milagroso.
Cuando vuelvo a la cuadra de mi abuela y le pregunto a Marta si le hizo efecto el licuado, me dice, con esa sonrisa enorme que tienen las vecinas de toda la vida, que durmió igual que siempre y que la influencer le había prometido otra cosa, pero que no pasa nada, que ya viene su hija con otro preparado nuevo y que esta vez sí. Me río con ella, le prometo que voy a volver a contarle lo que averigüé, y me quedo pensando que en esa pequeña escena de barrio está, casi sin querer, la mejor explicación de por qué el cortisol se volvió una estrella de las redes: porque ofrece una respuesta simple a un cuerpo que nos resulta complejo, porque pone nombre propio al cansancio y a la ansiedad, y porque vende, sobre todo, la ilusión de que se puede borrar con un trago. La ciencia, mientras tanto, sigue diciendo algo bastante más aburrido y bastante más cierto: que esta hormona es indispensable, que se regula sola cuando la dejamos en paz, y que lo que realmente hay que cuidar es el diálogo con un médico cuando algo no anda, no el carrete de recomendaciones del feed de turno.
