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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Cuando el jardín pide pelea: recetas de la huerta familiar para ahuyentar plagas sin química

Con la primavera a la vuelta de la esquina, los hongos se multiplican y los insectos aprovechan los frutos del verano. Especialistas del INTA recomiendan preparados caseros a base de ajo, ortiga, naranja y cebolla que cualquier vecino puede armar en la cocina de su casa.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 50 min
Cuando el jardín pide pelea: recetas de la huerta familiar para ahuyentar plagas sin química

A la mañana, en la vereda de la cuadra de siempre, Gladys me para con el delantal todavía puesto y la bolsa de la verdulería colgando del brazo. Me cuenta, mientras acomoda los paquetes en el capó del Fiat, que el limonero de su patio amaneció otra vez con las hojas pegoteadas y una mancha rara que le va comiendo el borde. "No quiero tirar químico, nena, porque el nene del vecino juega en la vereda y la perra toma agua del balde de abajo", me dice, mientras acomoda los paquetes en el capó del Fiat. Le prometo que le voy a pasar unas recetas que me pasaron unos técnicos del INTA, y acá estoy, escribiéndolas para ella y para todos los que tengan el mismo dilema.

La primavera, que en el calendario empieza en unos días pero que en los barrios del Área Metropolitana de Buenos Aires ya se siente desde hace rato, trae dos clases de problemas al jardín. Cuando el calor se cruza con la humedad aparecen los hongos, que se aprovechan de esas jornadas pegajosas típicas de octubre y noviembre. Más adelante, cuando el ambiente se vuelve más seco y los frutos empiezan a abundar, llegan los insectos y los ácaros, que encuentran en los limoneros, los rosales y las plantas de tomate un buffet libre para pasar el verano.

Por qué recurrir a preparados caseros

Para mantener esas poblaciones a raya antes de que se conviertan en una catástrofe, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) recomienda una serie de preparados de elaboración casera que cualquiera puede preparar en casa con ingredientes de cocina o de la propia huerta. No son la solución cuando el ataque ya está avanzado y el daño es severo, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema, que es justo el momento en que Gladys llama para pedir consejo.

Tres reglas de oro antes de empezar

  • Usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta y arruinar el preparado.
  • Preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, porque el sol directo altera las propiedades de la mezcla y el olor se vuelve insoportable.
  • Colar bien el líquido antes de pulverizar, para no tapar la boquilla del rociador y perder media tarde destapando picos.

Las recetas que recomienda el INTA

El purín fermentado de ortiga se prepara colocando un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de aplicarlo, se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos y, como si fuera poco, aporta nutrientes al suelo. Conviene manipular la ortiga con guantes, porque pica y deja recuerdo.

El macerado concentrado de ajo con alcohol combina una cabeza entera de ajo licuada con medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se deja siete días en la heladera, se filtra y se diluyen 100 mililitros por litro de agua al momento de usar, con un poco de jabón blanco neutro como adherente para que la mezcla se pegue a la hoja. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos.

Para los que prefieran algo más simple y rápido, hay otras tres opciones que se cocinan en el momento. La primera es hervir la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos, dejar enfriar y pulverizar contra pulgones y cochinillas. La segunda es dejar reposar dos o tres cebollas medianas en agua hirviente durante hasta 48 horas, también para pulgones y hongos. La tercera es preparar una infusión de ruda y salvia en proporciones iguales, sin fermentación, para controlar pulgones.

Antes de irme a lo de Gladys a pasarle las recetas en una hoja de cuaderno, le mando un mensaje para avisarle que en un rato estoy por la cuadra. Me responde con un audio en el que se la escucha contenta, porque dice que la vecina de la esquina, Elsa, también le venía haciendo notas con lo mismo. "Ahora somos tres las que peleamos contra el pulgón sin veneno", me dice entre risas, mientras acomoda los paquetes en el capó del Fiat. Y es justamente eso, creo yo, lo más lindo de estas preparaciones: que vuelven a juntar a la gente del barrio alrededor de un problema común, con la tranquilidad de que lo que echamos al limonero no le hace daño a nadie.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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