Cuando la grasa se va demasiado lejos: el cuerpo que también se pierde en la búsqueda del six-pack
Especialistas en metabolismo y composición corporal advierten que llevar las reservas adiposas a niveles muy bajos puede afectar músculos, huesos y hormonas. Tampoco alcanza con mirarse en una balanza: la distribución y el método de medición cambian el diagnóstico.
En la plaza del barrio, un sábado a la mañana, Marta me para y me dice casi en susurros: "Mirá, yo al gym voy hace tres años, como cada vez menos, y sin embargo me siento cansada, sin fuerza, y encima me duele la rodilla". Tiene 52 años, vive en Villa del Parque, y me pregunta si eso de la grasa tan baja que ahora se ve en las redes no termina haciendo mal. La pregunta, lejos de ser una ocurrencia, abre una discusión que cruza la medicina deportiva, la endocrinología y la salud de cualquier persona que entrene, o que simplemente intente comer cada vez un poco menos creyendo que eso la hace más sana.
El tejido adiposo no es un adorno del cuerpo ni un enemigo a eliminar a cualquier precio. Cumple dos funciones centrales: guarda energía para cuando hace falta y produce hormonas, entre ellas la leptina, que le avisa al cerebro cuánta reserva hay disponible. Cuando esas reservas caen demasiado, la señal baja, el organismo toma nota y empieza a recortar funciones para ahorrar. Eso puede traducirse en menos energía, menos fuerza y, con el tiempo, en cambios que se ven en los análisis y se sienten en el día a día.
Por qué un número aislado no dice todo
Un porcentaje de grasa corporal leído de manera aislada no alcanza para sacar conclusiones. La edad, el sexo y, sobre todo, dónde se ubica esa grasa cambian la lectura. No es lo mismo el tejido adiposo que se acumula debajo de la piel que la grasa visceral, la que rodea los órganos y está asociada a riesgos metabólicos. Y ni siquiera alcanza con subirse a una balanza de bioimpedancia: esos aparatos dependen mucho del estado de hidratación y pueden dar valores muy distintos de un día a otro. Los pliegues cutáneos, otra herramienta habitual, describen solo lo que está bajo la piel y dejan afuera justo la grasa que más preocupa a los médicos.
El estudio que se considera más riguroso para diferenciar grasa, masa magra y masa ósea es la densitometría DEXA, un equipo que se utiliza en centros especializados y que suele ser costoso. Con esa herramienta se llevó adelante una investigación con más de 700 deportistas en la que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. Los valores mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que a veces se menciona como sinónimo de definición muscular. Esos extremos, además de difíciles de sostener, suelen aparecer más en titulares que en cuerpos reales.
Lo que se pierde cuando se pierde demasiada grasa
Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explica que una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción calórica muy marcada hace caer las reservas, el cuerpo empieza a buscar combustible en otros lados: el músculo es uno de ellos. Así, en lugar de ganar forma, se puede perder tejido que es caro de recuperar. También se ve afectada la salud ósea: la generación y la reparación del hueso se resienten cuando falta energía disponible.
Los cambios hormonales aparecen con claridad. En hombres que comen menos de lo que su cuerpo necesita, la testosterona puede bajar, y con ella la energía y el rendimiento. En deportistas mujeres, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades en el ciclo menstrual o directamente con la ausencia de menstruación, una señal de que el organismo está priorizando sobrevivir por sobre otras funciones. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agrega que tener pocas reservas dificulta además la respuesta frente a infecciones graves, porque el cuerpo entra en modo ahorro justo cuando más recursos necesita.
- Músculo: ante la falta de energía, el cuerpo puede tomarlo como reserva y reducir la masa magra.
- Hormonas: puede caer la testosterona en hombres y alterarse el ciclo menstrual en mujeres.
- Huesos: la formación y reparación del tejido óseo se ven comprometidas.
- Inmunidad: con pocas reservas, la respuesta ante infecciones graves es más débil.
El mensaje que repiten los especialistas es claro: el exceso de grasa, sobre todo cuando se concentra en la zona visceral, alrededor de los órganos, es un problema serio. Pero el extremo opuesto tampoco es un mérito. La grasa cumple tareas que no se ven y que no se reemplazan con voluntad ni con supplements. Antes de perseguir un número en una balanza, conviene entender qué se está midiendo, con qué método y qué dice ese resultado sobre la salud real.
Vuelvo a Marta, en la plaza de Villa del Parque, y le cuento lo que aprendí escribiendo esta nota. Le digo que la fuerza que siente que se le va no es capricho, que su cuerpo le está avisando algo, y que muchas veces la mejor decisión no es comer menos sino comer mejor y consultar a un profesional que mire el cuadro completo. Se ríe, me agradece, y me deja una frase que resume la jornada: "Menos mal que te pregunté, porque yo iba camino del dos por ciento". Quedan avisados.
