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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Cuando los ojos ven de más, el cuerpo cambia de tamaño o las creencias se imponen, la consulta médica abre un camino

Un repaso por señales que la gente suele callar: distorsiones visuales, alucinaciones, delirios y otras experiencias que merecen evaluación profesional y que, bien abordadas, mejoran la vida cotidiana.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando los ojos ven de más, el cuerpo cambia de tamaño o las creencias se imponen, la consulta médica abre un camino

Todavía recuerdo la tarde en que doña Mabel, vecina de toda la vida en el barrio de Belgrano, se sentó en el umbral de su casa y me dijo, con esa mezcla de vergüenza y alivio que da contar algo íntimo, que llevaba meses viendo figuritas en la pared de su living que nadie más de la familia veía. Lo dijo bajito, como si confesara una travesura. Lo primero que pensé, y se lo dije, fue que no hace falta saber qué está pasando para pedir una evaluación médica: los cambios repentinos en la visión, las distorsiones persistentes del tamaño de los objetos o las sensaciones físicas sin explicación son motivos de consulta, y también lo son las creencias firmes sobre la salud o las personas cercanas que provocan malestar intenso y afectan los vínculos cotidianos.

Antes de seguir conviene distinguir tres palabras que muchas veces se usan como sinónimos y que, en la consulta, marcan rumbos distintos. Una distorsión modifica la percepción de algo que existe, como sentir que una habitación cambió de tamaño. Una alucinación supone percibir algo sin un estímulo externo que lo produzca. Un delirio, en cambio, es una creencia fija que se mantiene pese a las pruebas en contrario. Esa pequeña brújula sirve para entender mejor qué le puede estar pasando a uno mismo o a alguien cercano, y para explicárselo al profesional sin necesidad de llegar con un diagnóstico bajo el brazo.

Ver lo que otros no ven no implica, por sí solo, una enfermedad psiquiátrica

En el síndrome de Charles Bonnet, personas con pérdida importante de visión perciben imágenes complejas y, al mismo tiempo, reconocen que no son reales. La evaluación contempla exámenes neurológicos y cognitivos y, en presentaciones atípicas, estudios de neuroimagen para descartar otras causas. Lo que le pasó a doña Mabel, según me contó la oftalmóloga que la atiende hace años, entra dentro de este cuadro y, lejos de asustarse, encontró alivio en saber que su cerebro estaba completando huecos visuales, y no perdiendo la cabeza.

Alteraciones del tamaño del cuerpo y del entorno

El síndrome de Alicia en el País de las Maravillas puede modificar la percepción visual, corporal y temporal. Una revisión de 169 casos encontró que la migraña era la causa más frecuente en adultos y las encefalitis predominaban en menores de 18 años. En todos los casos, el abordaje empieza por descartar esas causas médicas antes de hablar de cualquier otra cosa, y los tratamientos varían según el origen.

Creencias que comprometen la vida cotidiana

Otras manifestaciones comprometen las creencias sobre uno mismo o los demás. Pueden incluir la convicción de no existir, de haberse transformado en un animal o de que una persona cercana fue reemplazada por un impostor. Estas experiencias requieren atención profesional y, sobre todo, no deben interpretarse como conductas voluntarias: no se elige creer algo que choca de frente con la evidencia. Los celos delirantes tampoco se equiparan a los desacuerdos habituales de pareja: cuando la sospecha se vuelve rígida y organiza la vida en torno a esa idea, la consulta deja de ser opcional.

Sensaciones en la piel y otras causas que conviene descartar

Cuando alguien siente que tiene organismos sobre la piel o debajo de ella, la evaluación debe descartar una infestación real y otras causas médicas antes de considerar un diagnóstico psiquiátrico primario. Entre esas posibles causas figuran déficits vitamínicos, trastornos tiroideos, infecciones y consumo de sustancias. El tratamiento depende de lo que se encuentre, y por eso la evaluación inicial es tan importante: abre la puerta a soluciones ajustadas a cada persona.

Cierro esta nota volviendo a doña Mabel, porque su experiencia resume bien lo que quiero dejar como mensaje principal. Ella atravesó meses de silencio por miedo a que la tildaran de loca, y terminó descubriendo que su problema tenía nombre, que era conocido por los profesionales y que, sobre todo, tenía respuesta. Ver figuras que nadie más ve no indica, por sí solo, una enfermedad psiquiátrica; notar que el cuerpo o el entorno se ven distintos tampoco; y sostener creencias que afectan la vida cotidiana siempre merece, como mínimo, una conversación con alguien formado para escuchar y orientar. La salud mental se cuida como se cuida el resto de la salud: a tiempo, sin vergüenza y con quien sabe.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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