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Jueves, 1 de octubre de 2026
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Cuatro puentes en Alemania para armar una escapada a pura piedra, bosque y vértigo

Desde Erfurt hasta la Selva de Bohemia, cuatro puentes invitan a combinar ciudad, montaña ysenderos. Hay uno con casas, un arco que solo se mira y una pasarela colgante a cien metros de altura.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 3 h
Cuatro puentes en Alemania para armar una escapada a pura piedra, bosque y vértigo

A veces uno se imagina Alemania como una cuestión de autopistas y fábricas, pero basta asomarse a cualquiera de estos cuatro puentes para entender que el país también se recorre a pie, con la cámara en la mano y el ruido del río de fondo. La propuesta es simple: elegir una ciudad como base y desde ahí lanzarse a conocer construcciones que llevan siglos sosteniendo pueblos, miradores y hasta viviendas. Yo los recorrí mentalmente varias veces mientras preparaba esta nota, y confieso que me dan ganas de armar la valija.

Krämer, el puente donde todavía vive gente

La primera parada es Erfurt, en el centro del país, y lo que espera allí es de esos hallazgos que descolocan. El puente Krämer, conocido también como el puente de los Mercaderes, tiene 125 metros de largo y a lo largo de su recorrido se apiñan 32 viviendas que hoy siguen habitadas, con sus macetas en las ventanas y sus bicicletas apoyadas en la pared. Cuando uno lo cruza tiene la sensación de caminar por una calle techada, porque en realidad está caminando por un puente. La estructura original era de madera y se quemó varias veces, hasta que hacia 1325 se reconstruyó en piedra, que es la forma en que llegó hasta nosotros.

Para llegar desde Leipzig el viaje en tren ronda los 45 minutos, y desde Berlín hay que calcular una hora y 40. Conviene aprovechar la jornada y subir a la Colina de la Catedral, recorrer la Ciudadela de Petersberg y, si queda tiempo, asomarse al Monasterio de San Agustín, donde Martín Lutero vivió entre 1501 y 1511. En Erfurt se come bien y barato: recomiendo el restaurante Zum Goldenen Löwen, a pocos pasos del puente, donde sirven el clásico Thüringer Klöße con salsa de champiñones. Abre desde las once de la mañana y los domingos al mediodía.

Bastei, sobre el abismo de arenisca

Si lo que uno busca es un paisaje que parezca pintado, la cita es en Bastei, a 50 kilómetros de Dresde, en plena Suiza Sajona. El puente tiene 76,5 metros de largo y se sostiene a 40 metros de altura sobre el río Elba, sostenido por siete arcos de piedra que reemplazaron en 1851 a una pasarela de madera levantada en 1824. Caminarlo produce esa mezcla de vértigo y fascinación que solo dan los miradores bien puestos.

Desde los costados se ven la meseta de Lilienstein y la fortaleza de Königstein, dos imágenes que quedan grabadas. El acceso desde Dresde es sencillo: unos 40 minutos en el S-Bahn hasta Kurort Rathen y después un cruce en ferry por el Elba que ya de por sí es una pequeña aventura. Para almorzar, la recomendación concreta es la Kurort Rathen, con terraza al río y platos de la zona como el Sauerbraten. Abre desde las once y media, ideal para llegar después del cruce en barco.

Geierlay, colgado a cien metros

La tercera propuesta cambia completamente el registro. En la región de Hunsrück, no lejos de Frankfurt, se levanta el puente Geierlay, una pasarela colgante de 360 metros de largo que se mece a 100 metros sobre el valle. Lo terminaron en 2015, está hecho con tablones de abeto Douglas y su diseño se inspiró en los puentes colgantes de Nepal, detalle que uno agradece cuando nota lo bien que se integra al paisaje.

El punto a tener en cuenta es que el pueblo de Mörsdorf no tiene estación, así que desde Frankfurt hay que combinar tren y colectivo durante unas tres horas. La caminata vale cada minuto: el entorno ofrece senderos señalizados que se pueden hacer antes o después del cruce, según el aguante de las piernas. Para comer, en Mörsdorf está el Gasthaus Brück, con cocina regional y cervezas de la zona; abren desde las once de la mañana y los fines de semana conviene reservar porque se llena.

Rakotz, el arco que solo se admira desde la orilla

El cuarto puente es, en cierto sentido, el más enigmático. Está en Kromlau, dentro de un parque de 200 hectáreas, y se llama Rakotz. Es un arco de basalto construido en 1860 que mide 20 metros de alto y que, cuando el agua está quieta, completa con su reflejo un círculo perfecto. Por eso dicen que lo llamaron el puente del diablo: parece obra de alguien que quería burlarse de la geometría. La aclaración importante es que está prohibido cruzarlo: la estructura es demasiado delicada y la experiencia está pensada para disfrutarlo desde la orilla, con el lago como espejo.

Desde Berlín el camino lleva dos horas de tren hasta Weißwasser, con transbordo en Cottbus, y otros 20 minutos en el ferrocarril de trocha angosta Waldeisenbahn Muskau, un viaje en sí mismo que ya merece la foto. En Kromlau no hay mucho para comer, así que lo mejor es llevarse algo de la estación o parar a almorzar en Weißwasser antes de tomar el trencito. Si el día está lindo, la combinación de parque, lago y arco basáltico justifica cada minuto del traslado.

Cómo elegir la escapada

  • Si la idea es combinar ciudad y puente en un día, la opción más práctica es Erfurt desde Leipzig o Berlín, con 45 minutos de viaje y varias horas para recorrer el casco histórico.
  • Si lo que prima es el paisaje de montaña, Bastei desde Dresde ofrece el cruce en ferry por el Elba como plus y miradores que parecen pintados.
  • Para los que buscan vértigo y caminata, Geierlay exige medio día desde Frankfurt pero regala una pasarela colgante única en Europa.
  • Si la prioridad es la foto, Rakotz en Kromlau es para madrugar: el arco con su reflejo en el lago se disfruta mejor con luz suave y sin viento.

Cada uno de estos cuatro puentes permite armar una escapada distinta según el tiempo y el ánimo. Mi consejo es no querer hacerlos todos juntos: vale más elegir uno, quedarse un par de días en la ciudad de base y dejar que el puente sea la excusa para conocer los alrededores. Alemania, cuando se la recorre a este ritmo, termina conquistando con detalles que no aparecen en ninguna guía. Y si alguien se anima, le prometo que volvemos a encontrarnos acá, en la sección, para seguir planeando.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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