Curazao, esa isla del sur del Caribe que te espera con calas, un ferry gratis y un buggy que te lleva hasta una cueva
Más de 35 playas, una capital pintada con colores holandeses declarada Patrimonio de la Humanidad y una excursión en UTV por la costa oeste que termina con barbacoa frente al mar: una guía completa para empezar a planear el viaje desde la Argentina, con vuelos confirmados para enero de 2027.
Le confieso algo: cada vez que me topo con una isla del Caribe que no se agota en una foto de playa, me entusiasmo como si fuera la primera vez. Y Curazao, esa franja de tierra que muchos todavía confunden con la fruta tropical del mismo nombre, tiene esa cualidad rara de mezclar mar, cultura, aventura y buena mesa en un mismo recorrido. Está allá abajo, en el sur del Caribe, a unos 65 kilómetros de la costa venezolana, y basta cruzar la bahía de Santa Ana en el pequeño ferry gratuito que pasa cerca del puente Reina Juliana para entender que el viaje empieza antes de pisar la arena.
Willemstad: una capital que parece un cuadro
La capital, Willemstad, es Patrimonio de la Humanidad por decisión de la Unesco, y el motivo salta a la vista apenas uno se interna por el barrio de Punda. Las fachadas pintadas en amarillo, rojo, rosa y turquesa, herencia directa de la arquitectura holandesa, conviven con murales callejeros, cafés con mesas en la vereda y restaurantes que sirven desde un sándwich rápido hasta un plato de pescado fresco. Para almorzar sin gastar demasiado, una opción muy querida por los propios isleños es Plasa Bieu, un mercado cubierto donde los puestos cocinan en el momento: se elige la carne, el pescado o el guiso, se paga pocos dólares y se come en mesas comunitarias, conversando con quien se siente al lado. La cocina local combina pescados, mariscos, carne de res y de cerdo, y tiene un detalle que conviene tener en cuenta antes de pedir: el picante aparece en muchas preparaciones, así que vale la pena preguntar antes de lanzarse.
A pocos pasos del mercado, vale la pena detenerse en el Mercado Flotante, un clásico de la ciudad. Ahí, los vendedores llegan en barcazas desde Venezuela y ofrecen frutas y verduras que delatan la cercanía: papayas, mangos, plátanos y un sinfín de productos que bien podrían estar en cualquier verdulería de Buenos Aires, pero con el plus de estar en el centro de un puerto caribeño. Recorrer Willemstad de punta a punta lleva menos de un día si se camina sin apuro, y el ferry gratuito que cruza la bahía en pocos minutos es, literalmente, la manera más simpática de cambiar de orilla.
Más de 35 playas para elegir, y todas distintas
El número asombra: la isla reúne más de 35 playas, y lo mejor es que no se parecen entre sí. Muchas están escondidas en forma de calas, enmarcadas por acantilados de piedra que dan privacidad y una sensación de fin del mundo. Hay sectores públicos y de acceso gratuito, y otros que pertenecen a hoteles pero pueden visitarse contratando un day pass o simplemente pagando una consumición. Para los que gustan de observar la fauna marina sin meterse al agua profunda, en varias costas se ven peces desde la orilla y se puede practicar snorkel apenas unos metros más adentro, con máscara y tubo, dejándose llevar por la corriente.
Cuatro horas en buggy por la costa oeste
Pero si hay una experiencia que me llamó la atención desde que empecé a investigar este destino, es la excursión de cuatro horas que ofrece Curacao Tours en vehículos UTV, esos todoterrenos abiertos que se usan para dunas y caminos rurales. La salida sale 240 dólares por persona, con guía que marca el ritmo, y lo bueno es que no hace falta experiencia previa: cada uno puede conducir o ir como acompañante, acomodándose en el vehículo detrás de un amigo o de la pareja y disfrutando del paisaje sin responsabilidad extra. El recorrido va por la costa oeste, combinando rutas asfaltadas con senderos de tierra, y tiene dos paradas que justifican con creces el ticket.
La vuelta cierra el círculo con el mismo paisaje agreste del inicio, pero con la panza llena y la cámara llena de imágenes de acantilados y agua turquesa. La excursión es ideal para hacerla el segundo o tercer día, cuando ya se instaló el ritmo caribeño y el cuerpo pide algo más que playa y pileta.
El sonido de tambú y la conexión con África
Curazao no es solo mar y buggy. La isla tiene una tradición musical de raíz africana que sobrevive en los barrios y en algunos festivales: el tambú, que combina percusión, canto, palmas y baile en una ceremonia que es música, identidad y memoria al mismo tiempo. Quien viaje con tiempo puede preguntar en los centros culturales de Willemstad por presentaciones y talleres, una manera bellísima de entender por qué esta isla suena distinto al resto del Caribe.
Vuelos desde la Argentina: a partir del 2 de enero de 2027
Para los que ya estamos haciendo números con el bolsillo y el calendario, hay una buena noticia concreta: Aerolíneas Argentinas anunció el inicio de la ruta a Curazao el 2 de enero de 2027, con cuatro frecuencias semanales, dos de ellas directas. Es un dato que cambia la conversación, porque hasta ahora había que combinar vuelos por Panamá, Bogotá o Cartagena para llegar, y ahora la opción de embarcar en Buenos Aires simplifica todo: la valija, la escala, el transfer. Si la fecha no apura, vale la pena empezar a mirar tarifas con anticipación, sobre todo si el plan es viajar en la ventana de enero o febrero, cuando la isla suele tener su mejor clima.
Yo, si me dejan, ya estoy armando la valija. Curazao tiene ese magnetismo de los lugares que no se agotan en una postal: el ferry gratuito que une dos mundos sobre la bahía, la barbacoa en Kleine Knip después de cuatro horas de manejar un UTV, los colores de Willemstad al atardecer, y ese tambú que se cuela por una ventana abierta mientras uno se toma una cerveza bien fría. Si andan con ganas de salirse un poco del circuito clásico del Caribe, anímense: la isla los espera con calas escondidas, un ferry sin boleto y la promesa de una barbacoa frente al mar. ¿Quién se suma?
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