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Lunes, 19 de octubre de 2026
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De la chacra de San Martín de los Andes al podio de los premios internacionales de mermelada en Inglaterra

Tres recetas de Sabor Natural, el taller productivo de Puentes de Luz, donde jóvenes con discapacidad cultivan, cocinan y envasan sus propios dulces, fueron reconocidas en una competencia que reunió 3.400 productos de 33 países. Una historia de casi veinte años que empieza en un grupo de familias y termina en el Reino Unido.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
De la chacra de San Martín de los Andes al podio de los premios internacionales de mermelada en Inglaterra

Amanece en San Martín de los Andes y el aire todavía tiene esa frescura que se mete en los pulmones y te recuerda que estás en la Patagonia más pura. En una chacra a pocos kilómetros del centro, Marta me abre la tranquera con esa sonrisa enorme que suelen tener las vecinas de toda la vida y me dice, mientras acomoda un cajón de limones recién cortados: "Mirá, pibe, acá hacemos dulce desde que sale el sol hasta que se pone, y este año le ganamos a casi todo el mundo". Lo dice con una mezcla de orgullo y descreimiento que resumo así: es de San Martín de los Andes, trabaja con jóvenes con discapacidad en el proyecto Sabor Natural de Puentes de Luz y, en cuestión de meses, vio cómo sus mermeladas viajaban al Reino Unido y volvían con medallas colgadas al pecho.

La noticia concreta es la que estas mandó si leemos los partes: en la edición 2026 de los Dalemain World Marmalade Awards, la competencia internacional que se realiza en la localidad inglesa de Penrith y que este año reunió 3.400 productos provenientes de 33 países, tres mermeladas elaboradas en esa chacra neuquina fueron reconocidas. La de limón y menta con bayas de arrayán se llevó medalla de bronce. La de naranja tradicional, también bronce. Y la de naranja con clavo de olor y canela obtuvo una mención de honor. Las tres van a tener una edición limitada que se va a poder conseguir con el sello del premio, un detalle que para cualquiera que labure en la cocina sabe que pesa: no es lo mismo un dulce artesanal que un dulce artesanal premiado a más de doce mil kilómetros de distancia.

Una chacra que es mucho más que una chacra

Sabor Natural es el brazo productivo de Puentes de Luz, una organización de la sociedad civil que nació en 2007 en San Martín de los Andes de la mano de familias que, hartas de no encontrar respuestas cerca, se juntaron para construir un horizonte concreto para sus hijos e hijas con discapacidad. Entre esos fundadores está Luis Rodríguez, psicólogo y hermano de una mujer con síndrome de Down, que me lo describen como uno de los motores silenciosos del proyecto. En 2012 la organización abrió su propio Centro de Día y eso cambió la vida de decenas de familias que antes tenían que viajar varias horas hasta Neuquén capital o Bariloche para acceder a un lugar donde sus hijos e hijas fueran contenidos, estimulados y, sobre todo, tratados como personas con derechos y no como un trámite a resolver.

En casi dos décadas, Puentes de Luz acompañó de manera cotidiana a más de cien personas con discapacidad, abrió espacios de apoyo para más de mil familiares y capacitó a más de seis mil docentes y profesionales de la zona. A eso se suman los eventos comunitarios que organiza, por los que pasaron más de treinta mil personas a lo largo de los años. El número, dicho así, parece frío, pero a mí me sirve para dimensionar lo que significa una organización chica de pueblo chico en una provincia donde la oferta de servicios para personas con discapacidad suele ser escasa y queda concentrada en las ciudades grandes.

Cómo se hace una mermelada que termina en Inglaterra

El proceso, me lo cuentan quienes están ahí, empieza mucho antes de que la fruta llegue a la olla. En la chacra se cultivan frutas y hierbas aromáticas, se cosecha de manera manual, se acondiciona la producción y se envasa. Los jóvenes que participan intervienen en todas las etapas: cosecha, elaboración y fraccionado. Además de mermeladas, el taller produce miel y blends de especias que se comercializan en distintos puntos de la Patagonia y del resto del país. Lo que se premió en Penrith no fueron recetas hechas a contraturno y ejecutado en una cocina industrial: fueron dulces que pasaron por manos concretas, con nombres y apellidos, en un pueblo del sur argentino.

Entre quienes forman parte de la organización aparecen trayectorias que, de tan variadas, cuesta meterlas en un solo párrafo. Está Maxi Wosner, que trabaja en un empleo en el mercado laboral abierto y, al mismo tiempo, se suma al taller de Sabor Natural. Está Sofía La Placa, pintora y declarada Embajadora Cultural de San Martín de los Andes por el Concejo Deliberante local. Y está Lautaro Prieto, que integra la Selección Argentina de Básquet para personas con síndrome de Down y, además, juega al fútbol. Son ejemplos concretos de lo que la organización repite cada vez que puede: la discapacidad no define a la persona, y mucho menos el techo al que puede llegar.

Lo que deja un premio internacional en un pueblo chico

Antes de irme de la chacra vuelvo a charlar con Marta, que me sigue acomodando cajones mientras le pregunto qué siente cuando piensa que algo hecho ahí, con la cordillera de fondo, fue juzgado por catadores del otro lado del mundo y salió bien parado. Se ríe, se acomoda el pañuelo y me contesta, mientras mira hacia el campo: "Y... te digo que al principio no caemos. Lo hacemos porque nos gusta, porque a los chicos los llena, porque la gente compra y nos ayuda. Pero ahora que viene alguien de afuera y te dice que está bueno, mirá, se te infla el pecho". Esa frase, más que cualquier medalla colgada en un frasco, es la que me llevo puesto cuando me subo al auto y dejo atrás la chacra.

Porque en el fondo eso es lo que cuenta esta historia: que un grupo de familias de San Martín de los Andes, hace casi veinte años, decidió no esperar a que el Estado, el mercado o la buena voluntad de alguien resolvieran el presente de sus hijos, y se puso a laburar. Cultivaron, cocinaron, fraccionaron, salieron a vender puerta por puerta, abrieron un Centro de Día, capacitaron docentes, armaron eventos, armaron una selección de básquet, formaron pintoras, generaron empleo, y de paso les ganaron a 3.397 mermeladas de 33 países distintos. Como para no creerles, como para no hacerse eco, como para no volver con la libreta llena de apuntes y la convicción de que la dignidad, cuando se ejerce en serio, a veces cruza el Atlántico y vuelve con una medalla.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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