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Jueves, 15 de octubre de 2026
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"Dead Man's Wire": Skarsgård revive en streaming el rescate más raro que se vio en la tele yanqui

Gus Van Sant reconstruye el caso real de Tony Kiritsis, el hombre que tomó de rehén al hijo de un banquero y se plantó frente a las cámaras para contar su verdad. Después de un paso discreto por los cines, la película ya se puede ver en Movistar Plus+.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · · hace 1 h
"Dead Man's Wire": Skarsgård revive en streaming el rescate más raro que se vio en la tele yanqui

Soy de las que siempre vuelven a la misma canción cuando arrancan las noches: "Yo quiero volver, a aquellos tiempos, de mi primera juventud..." Uno es de Las Pelotas o no es de nadie, y hay algo de esa nostalgia la que aparece mientras se acomoda uno en el sillón para ver "Dead Man's Wire", el thriller de Gus Van Sant que acaba de caer en Movistar Plus+ después de una gira pobrísima por las salas norteamericanas, donde apenas levantó 3,8 millones de dólares con un presupuesto que no llegó a los quince. Pero vamos por partes, que la historia lo merece.

La película -que también se conoce como "Prime Crime: A True Story"- se apoya en un caso real que sacudió a Estados Unidos a fines de los años setenta. Tony Kiritsis era un tipo común, de los que iban al banco a pedir un crédito para comprarse un terreno y arrancar algo propio. Cuando le cerraron la puerta y entendió que la entidad quería quedarse con su propiedad para especular, se le cruzó el cable y armó un dispositivo casero, rudimentario pero capaz de volar todo por el aire. Con eso se presentó en la sede del banco y se llevó de rehén al hijo del dueño. La exigencia era insólita: un resarcimiento económico y, sobre todo, que lo dejaran hablar en vivo en la televisión nacional para contar su versión.

Un antihéroe a la medida de Van Sant

Acá aparece Gus, el viejo Gus de "Mi nombre es Bill", el de "Todo por un sueño", el que se empecina con personajes que chocan contra la pared del sistema y buscan cualquier rendija para respirar. Este caso le vino como anillo al dedo: un ciudadano ofendido que decide montar su propia protesta, a su manera, en un país donde las protestas individuales casi nunca terminan bien. La dirección toma el pulso a esa tensión de manera sostenida, con encuadres que recuerdan al thriller urbano setentoso, de esos que mezclan el asedio policial, las cámaras de los noticieros y el ruido de las sirenas como un solo cuerpo.

  • Protagonista absoluto: Bill Skarsgård, el sueco que viene del terror de "It" y se anima acá a sostener un papel dramático de los que cuestan, con un tipo común que se va endureciendo de a poco mientras pasan las horas.
  • Registro visual: thriller de los setenta, con esa textura de filmación que parece reportaje en vivo, como si uno estuviera mirando la transmisión original del Canal 7 de Indianápolis de hace casi cincuenta años.
  • Cierre musical: el tema de Gil Scott-Heron, poeta y músico ligado al activismo, le da al final una carga política que pega fuerte y deja pensando.
  • Lectura posible: una pregunta abierta sobre hasta dónde puede llegar alguien que decide pelear solo contra una estructura que lo supera por todos lados.

Skarsgård, al que uno ya vio en "It" y en "Castle Rock", se carga la historia al hombro y la hace caminar: compone a un hombre común que se va endureciendo con el correr de las horas, mientras del otro lado se van sumando los negociadores, la policía, los abogados y, sobre todo, los móviles de televisión que empiezan a transmitir en vivo. La película no resuelve todas sus contradicciones -y ojo, tampoco las quiere resolver-, porque ahí está justamente la potencia del caso real: queda flotando la duda sobre si Tony fue un desesperado, un visionario o las dos cosas al mismo tiempo.

Lo que más me gusta es que Van Sant no lo pinta como un villano de manual ni como un Robin Hood de manual: lo deja ser un tipo enojado, con errores y todo, al que el sistema le cerró la puerta antes de que pudiera entrar. Y eso, viniendo del director de "El Indomable Will Hunting" y de la polémica que armó con "Elephant", tiene su peso. A mí, que me crié viendo noticieros con móviles en vivo y casos policiales que se resolvían entre todos en la mesa familiar, la película me devolvió esa sensación de estar mirando una transmisión de hace medio siglo, con la certeza de que lo que se ve ahí afuera termina hablando mucho más de nosotros mismos de lo que uno quisiera.

“La película encontró en el streaming su segunda oportunidad de llegar al público después de un paso tibio por las salas. ¿Será que el cine de género con intención de autor tiene más futuro en las plataformas que en las butacas? Mientras uno se hace esa pregunta, yo ya me anoto el sábado a la noche para volver a verla, esta vez sin la compu, en la tele grande, con el volumen alto y la puerta de la pieza abierta, como recomendaba mi vieja cada vez que uno se quedaba pegado a una película de noche. Esa es la mía: dénle play, pónganse cómodos y déjense llevar por este thriller raro, de los que ya casi no se hacen, que tiene a Bill Skarsgård enorme y a Gus Van Sant de vuelta en su salsa.”Luz Brizuela, Cuarteto y espectáculos
LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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