Después del fracaso en los cines, Kraven the Hunter dio el golpe en Netflix España y se subió al primer puesto del ranking
La película de Aaron Taylor-Johnson cerró el universo de villanos de Spider-Man que armó Sony y ahora encuentra otra vida entre los suscriptores españoles
Te juro que me quedé pensando cuando me enteré de esta: la película del Cazador, el Ruso de siempre, volvió a rugir pero del otro lado. Después de pegar ese batacazo en las salas de cine del mundo, la aventura de Aaron Taylor-Johnson se subió nada menos que al primer puesto del ranking de películas en Netflix España. Así, tal cual, con todo el peso de un título que muchos ya habían dado por terminado. Y lo mejor es que lo hizo entre los suscriptores, sin pagar entrada, lo que vuelve a abrir el debate sobre qué significa hoy un éxito cuando la pantalla grande y la pantalla chica cuentan historias tan distintas.
A mí me gusta ir al cine, pero también me gusta entender cómo se mueven estas cosas. Por eso te lo cuento con todos los números sobre la mesa: la producción se hizo con un presupuesto de 110 millones de dólares y apenas pudo juntar 62 millones en la taquilla mundial. O sea, plata de menos que lo que se invirtió, un saldo de seis cifras más de seis para abajo. Además, quedó como la menos taquillera de la saga de villanos de Spider-Man que Sony armó en los últimos años.
El universo que se cerró con esta película
Para que se entienda el contexto, vale la pena marcar que el Ruso no venía solo. Esta aventura fantasy y de ciencia ficción forma parte del universo cinematográfico que Sony construyó alrededor de los villanos de Spider-Man, una línea de películas que arrancó con otros personajes y que tuvo a Morbius y a Madame Web como compañeros de ruta. La del Cazador fue la que bajó la persiana de ese recorrido, la última ficha de un plan que la crítica cinematográfica intentó sostener y que el público fue cobrando otra vez desde su sillón.
Lo que me parece más interesante, y se lo dije a más de un amigo en el baile mientras sonaba la barra, es la diferencia entre las dos ventanas. En las salas de cine, los 62 millones de dólares marcaron un camino con la mayoría de las funciones vacías y un número final que dejaron en la boca un gusto bastante amargo para el estudio. En Netflix España, en cambio, el primer puesto habla de otra cosa: de alcance público convertido en visualizaciones de cine hogareño, con la plataforma como vidriera y los suscriptores como público cautivo que ya pagó su mensualidad.
Las cifras, una al lado de la otra
- Presupuesto de la película: 110 millones de dólares.
- Recaudación mundial en cines: 62 millones de dólares.
- Saldo final en salas: debajo del monto invertido.
- Posición en Netflix España: número 1 del ranking de películas del catálogo español.
- Lugar en la saga: la entrega que cerró el universo de villanos de Spider-Man de Sony.
Y acá viene lo que a vos te tiene que quedar claro. Los 62 millones son de la venta de entradas en las salas de todo el mundo, mientras que el primer puesto es solo en el catálogo de películas y, en este caso, en el país de España. Son dos ventanas distintas, las dos válidas, las dos reales, pero que miden cosas muy distintas: una mide bolsillo y un piso, la otra mide alcance y un público que ya tenía el servicio pago en su domicilio. Entender esa diferencia es clave para no mezclar la pera con la manzana y para no caer en el lugar común de decir que la película fue un éxito cuando todavía hay una herida abierta en la economía del estudio que la produjo.
Te lo digo con el corazón en la mano y con el grabador apagado: a mí me da pena que una producción de este tipo termine así, no porque sea una obra maestra, sino porque siempre es lindo ver a un actor como Taylor-Johnson cargado de garra y con un personaje tan de historietas dando pelea. Por eso, si el sábado a la noche te quedás en casa con ganas de ver algo de acción sin moverte del sillón, y si sos de los que ya tienen Netflix en casa, esta puede ser una buena opción para entender de una vez por todas qué quiso hacer Sony con sus villanos. Ponete el vinilo, agarrá las facturas y dale play: aunque más no sea, vas a ver cómo se cierra un ciclo que dio que hablar durante años.
