Die Toten Hosen se va con la música a otra parte: la última noche de un romance que arrancó en Halley en el 92
El quinteto alemán cerró su gira despedida por la Argentina con un show de más de dos horas en el Movistar Arena, invitados argentinos de lujo y un público que los adoptó como propios desde 1992. Crónica desde Villa Crespo, con la voz de alguien que se crió escuchándolos.
Y ya no sos igual, y no me extraña nada, te fuiste yendo, te volviste a ir, y a mí ya no me importa, nada de lo que digas va a hacer que vuelva a sentir lo mismo, lo que siento es otra cosa, es esto que siento ahora. La primera estrofa sonó el sábado a la noche en el Movistar Arena de Villa Crespo y la cantamos todos, como si fuera un himno propio, como si la hubieran escrito en una pensión de San Telmo y no en un bar de Düsseldorf allá lejos y hace tiempo. Ahí entendí que Die Toten Hosen ya se había ido y que, al mismo tiempo, se quedaba para siempre.
Una despedida que arrancó hace casi 35 años
Te lo cuento en primera persona porque a mí me toca de cerca. Los vi por primera vez en el 96, cuando compartieron cartel con Iggy Pop y los Ramones en el estadio de Racing, y tengo la certeza de que buena parte de mi educación sentimental como fan del punk pasó por el Campino y compañía. Por eso esta nota es también un poco una carta de amor y un poco una catarsis: la banda alemana eligió la Argentina para decir chau, después de más de quince visitas al país y un vínculo que arrancó en 1992, cuando el Pelado Campino y los suyos se presentaron por primera vez en la discoteca Halley, teloneados por Pilsen, el grupo que armó Enrique Pil Chalar después de la separación de Los Violadores.
El dato no es menor: la primera vez que Die Toten Hosen pisó una cancha argentina lo hizo de la mano de un ex Violadores, y en el show del sábado, el último, volvió a subir al escenario Sergio Gramática, justamente de Los Violadores. Como si la historia se cerrara con un moño punk rockero. Una de esas casualidades que a mí, que soy de leer la vida como si fuera una canción, me parece que tiene que estar en algún libreto escrito por el mismísimo Camp.
33 canciones, dos bises y un público que no se quería ir
El setlist del sábado fue una recorrida a fondo por treinta y pico de años de carrera: arrancó bien arriba con Bonjour Tristesse, no esquivó himnos como Donde las águilas se atreven, 1,2 ultraviolento y la citada Ya no sos igual, y se dio el gusto de meter temas del primer disco como Reisefieber, más una versión bien punk de Should I Stay or Should I Go, el clásico de los Clash. Hubo lugar, claro, para Bonnie & Clyde y para el infaltable Hier Kommt Alex, ese tema que es una suerte de firma de la banda. El cierre, ya en los bises, llegó con You'll Never Walk Alone, la canción que también adoptó el Liverpool y que, cantada en alemán en un estadio porteño, sonó como un abrazo final.
El Camp, que es como le decimos al cantante Die Toten Hosen los que lo seguimos desde hace décadas, se despachó con su clásico histrionismo: caminó por la pasarela, se metió entre la gente, tiró cerveza y hasta se bajó a charlar con algunos que estaban en las primeras filas. Es un tipo que, a los 60 y pico, sigue teniendo la energía de un pibe de 20, y eso se nota sobre todo cuando canta en castellano. Porque sí, gran parte del show fue en español, con esa pronunciación tan característica que tienen los alemanes cuando cantan en nuestra lengua y que a mí, personalmente, me resulta entrañable.
Los invitados: una postal del punk argentino
Una de las cosas que más me emocionó de la noche fue ver arriba del escenario a los invitados, porque no fueron convidados de piedra. Ciro Pertussi y Luciano Scaglione, de Attaque 77, cantaron a la par del Camp como si llevaran años haciéndolo, y Mosca Velázquez, líder de 2', recorrió toda la pasarela de la mano del cantante alemán durante uno de los temas. Gramática, de Los Violadores, también dijo presente. Eran cuatro generaciones del punk argentino compartiendo tablas con una de las bandas claves del punk europeo, y eso, te juro, no lo vi nunca en ningún otro escenario del mundo.
La gira había arrancado en Tandil y pasó por Rosario, siempre con entradas agotadas, y terminó en Buenos Aires con el Arena a pleno. El grupo no anunció fechas futuras en el país, así que lo del sábado fue, en serio, la última vez. Después dicen por ahí que se van a dedicar a otros proyectos, que ya están grandes, que el cuerpo no aguanta. Bueno, puede ser, pero lo que dejaron en la calle Corrientes, en San Telmo, en Haedo y en cada rincón de esta bendita tierra donde sonaron alguna vez, no se va a ir tan fácil.
A mí me gusta pensar que el Camp y los Toten son de esos artistas extranjeros que, en vez de venir de gira, vienen de visita. Vienen a ver a la familia, a pasarla bien, a comerse un asado, a cantarle a la barra en el idioma que la barra entiende. Y por eso duele tanto cuando se van, porque uno se acostumbra a que estén. Por eso el sábado a la noche, cuando sonó la última estrofa de You'll Never Walk Alone y la gente empezó a aplaudir y a cantar por su cuenta, sentí que en realidad no se terminaba nada: se transformaba. Como toda despedida buena, que deja más de lo que se lleva.
Recomendado para el sábado que viene
Si te quedaste con ganas de más punk en castellano, el sábado que viene te recomiendo no perderte a Los Violadores en Niceto Club, que están festejando algo y siempre arman un baile de esos que no se olvidan. Y si te copa la idea de un homenaje, esta semana hay una peña coverera de bandas alemanas en un bar de San Telmo que, te aviso, no tiene desperdicio. Pero eso te lo cuento la próxima. Por ahora, quédate con la tranquilidad de que viste a Die Toten Hosen en su última noche en la Argentina. Y eso, te lo digo yo, no te lo saca nadie.
