Digger, el Cruise que habla y no calla: lo nuevo de Iñárritu llega a España el 2 de octubre de 2026
La nueva película del mexicano reúne a Tom Cruise en una historia original con dos horas y diez minutos de monólogo casi continuo. Un crítico español la celebra por su protagonista y su imagen, pero le pasa factura el peso de la palabra y una sátira que no termina de cuajar.
Les tengo que ser sincera, lector: cuando me enteré de que Tom Cruise se volvía a juntar con Alejandro González Iñárritu para una historia original, no pude menos que ilusionarme como aquella noche que en el baile sonó el primer acorde de El Amor es Más Fuerte y uno ya sabía que la fiesta iba a quedar en el recuerdo. Algo parecido me pasaba acá: la pareja artística tiene pedigree como para prometer fuegos artificiales, y el primer material que se conoce sobre Digger, que arriba a las salas de España el 2 de octubre de 2026, confirma que las chispas están, aunque después cueste mantenerlas encendidas durante toda la noche.
El título vuelve a juntar a Tom, como le decimos en el mundillo cuartero al actor que ya se ganó un lugar en la historia grande de Hollywood, con un director mexicano que sabe cómo sacarle jugo a un escenario y, sobre todo, a una cara pensante. En este caso, Iñárritu le escribe a Cruise un papel en el que la palabra manda: el crítico Alejandro G. Calvo, de la revista Caimán Cuadernos de Cine, cuenta que el personaje se la pasa hablando durante dos horas y diez minutos, casi sin respiro, en un monólogo que termina volviéndose una prueba de resistencia para el que mira.
Lo que rescata la crítica
- La actuación de Tom Cruise, considerada por el crítico como una de las mejores del actor y atravesada por un humor que la vuelve disfrutable.
- La propuesta visual de Iñárritu, con imágenes potentes y un arranque que despierta verdadero interés en el espectador.
- El oficio del realizador para componer escenas potentes, aunque el conjunto no sostenga esa energía hasta el final.
Lo que no cierra
Ahora bien, no todo es fiesta en el baile, y acá es donde la cosa se pone densa. El propio Calvo reconoce que, después de un arranque que lo había ganado, la película se le fue volviendo pesada. Lo que más le molestó fue justamente lo que tiene de particular: un monólogo continuo que, según su lectura, termina agotando al público y empastando el efecto de los mejores hallazgos del arranque. A eso se le suma una sátira que, a su entender, queda a medio camino porque las ambiciones del director se comen el desarrollo de la propia ironía que la película propone.
“La acumulación de monólogo durante dos horas y diez minutos vuelve difícil acompañar a la película y deja al espectador en una posición bastante pasiva, sin mucho margen para de lo que plantea.”Alejandro G. Calvo, crítico de Caimán Cuadernos de Cine
A mí, que me gustan las historias que le dejan a uno espacio para pensar y para sentir, esa lectura me hace ruido. Una cosa es escribir largo, otra cosa es escribir tanto que el otro se quede afuera del boliche mirando por la ventana. Y es una pena, porque lo que cuenta el crítico sobre el arranque de Digger pinta a un Cruise en estado de gracia, con ese timing cómico que ya le vimos en el papel de Les Grossman en Tropic Thunder pero esta vez llevado a un terreno más serio, más pensado, más arriesgado.
Me quedo con las ganas de saber cómo va a recibirlo el público español cuando se siente en las butacas el 2 de octubre de 2026. Porque a veces pasa lo de siempre: una película que a la crítica le pesa, al público lo moviliza, y viceversa. Habrá que ir, escuchar esos monólogos, ver si el humor de Tom salva la noche y, sobre todo, dejarse llevar por las imágenes que, por lo que cuenta la crítica, prometen ser de las que se quedan pegadas en la cabeza.
Para el sábado a la noche, mirá, yo ya tengo el plan: busco el trailer, me acomodo en el sillón con un buen vaso de vino y me imagino cómo sería escuchar todo eso en la oscuridad del cine. Si andás por España en estos días y te cruzás con la sala donde la proyectan, te digo lo de siempre, con el corazón en la mano: andá a verla con expectativas de encontrarte con un Tom Cruise enorme y un Iñárritu visualmente lujoso, pero andá también con el oído entrenado, porque la película habla, habla y habla. Y a veces, como en el cuarteto, el silencio entre las estrofas dice más que la propia letra.
