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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El calor empuja al turista hacia el norte y Escocia empieza a pedir aire

El verano más caluroso en Europa occidental reconfiguró los planes de viaje: países como Escocia, Noruega, Islandia y Suecia absorbieron buena parte de la demanda que el sur dejó de recibir, aunque ya se sienten los efectos de la presión turística.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 59 min
El calor empuja al turista hacia el norte y Escocia empieza a pedir aire

Arrancamos esta nota de un modo un poco distinto al habitual, porque la imagen vale: hay que imaginarse el Río de la Plata atravesado por un calor que parece no terminar nunca, con el termómetro clavado varios días arriba de los 38 grados y la gente buscando una sombra que se ha vuelto difícil de encontrar. Esa postal, multiplicada por decenas de países, fue la que vivieron los europeos entre mayo y septiembre de 2026, y la que explica por qué los mapas turísticos de este verano se redibujaron. El Servicio de Cambio Climático de Copernicus y el Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus acaban de confirmar que la temperatura media del continente alcanzó los 21,7 grados, es decir 2,5 grados por encima del promedio histórico de 1991-2000 y por encima del récord anterior, que databa de 2003. Estamos hablando del tercer verano más cálido en la historia de Europa y del más cálido registrado para Europa occidental.

Para que el dato no se quede en un número abstracto, alcanza con mirar qué pasó afuera de las estadísticas: el 52% del continente Europeo enfrentó condiciones de estrés térmico muy fuerte, una categoría en la que la temperatura percibida alcanza o supera los 38 grados y representa riesgos concretos para la salud, sobre todo para mayores, niños y personas con enfermedades crónicas. Y algo llamó la atención de los meteorólogos y del propio Copernicus: la persistencia. Entre mayo y septiembre de 2026 hubo 17 días en los que al menos el 60% de Europa occidental superó los 30 grados. En el verano de 2003, ese umbral se alcanzó durante 11 días; en 2025, durante solo siete. Es decir, no fue solo un pico aislado sino una seguidilla inusual de jornadas sofocantes que terminó de empujar a mucha gente a repensar las vacaciones.

El norte como refugio y el sur como destino postergado

Frente a ese escenario, una porción importante de los turistas optó por los llamados destinos frescos, conocidos en la jerga como coolcations: lugares con temperaturas más amenas, paisajes verdes y menos riesgo de golpe de calor. La Comisión Europea de Viajes reportó un aumento del 10% en el número de visitantes a Europa del Norte entre abril y junio de 2026 respecto al mismo período del año anterior. La zona, conviene aclararlo, incluye a Dinamarca, Finlandia, Islandia, Irlanda, Noruega, Suecia y el Reino Unido, un arco de países donde el verano suele moverse entre los 15 y los 22 grados en su pico.

Escocia fue la cara más visible de este fenómeno. Las reservas aéreas hacia sus destinos crecieron un 15% en un período de seis semanas que terminó a mediados de julio, en comparación con el mismo lapso de 2025. En paralelo, las reservas hacia Londres cayeron durante la misma temporada, como si los turistas británicos también hubieran decidido esquivar la capital y buscar pueblos y montañas más frescas en el norte del Reino Unido. Una agencia de viajes detectó además un aumento del 74% en búsquedas de destinos frescos respecto al año anterior, una cifra que muestra cuánto se está modificando la decisión de a dónde ir en función del clima.

Cuando el que recibe empieza a sentirse desbordado

Pero toda medalla tiene su reverso, y este es de los que hay que mirar con atención: el mayor flujo de visitantes generó consecuencias sobre los destinos receptores, y varios de ellos ya están tomando medidas. En las Tierras Altas de Escocia, el 32% de los residentes consideraba en 2025 que el turismo ejercía demasiada presión sobre su zona. En las islas Orcadas, esa percepción trepaba al 48%, contra apenas un 8% para el conjunto del país. Para dimensionarlo: son comunidades chicas, acostumbradas a un caudal manejable de visitantes, que de golpe vieron cómo los cruceros, los senderistas y los turistas de paso se multiplicaban.

La respuesta llegó por el lado impositivo y edilicio. Edimburgo aplicó una tasa turística del 5% sobre las primeras cinco noches de alojamiento, con el objetivo declarado de financiar infraestructura y, sobre todo, vivienda. Es una señal clara: la ciudad no solo quiere turista, quiere turista que ayude a sostener el lugar que visita. En Noruega ocurrió algo similar: las noches reservadas por visitantes internacionales en hoteles subieron un 3,2% entre mayo y julio de 2026 respecto al mismo período de 2025, y el país habilitó además un impuesto de hasta el 3% sobre el alojamiento.

Un mapa turístico que se corre hacia el norte

¿Qué dice todo esto leído en conjunto? Que el calor extremo no solo cambia las vacaciones de una familia: cambia la geografía del turismo europeo. Antes, el Mediterráneo y el sur de Francia concentraban buena parte del caudal de visitantes durante el verano boreal; ahora, una porción cada vez mayor mira hacia el norte, en busca de climas que el cuerpo tolere mejor. Y eso, lejos de ser un dato menor, empieza a transformar la economía y la vida cotidiana de pueblos que hasta hace poco vivían de otro ritmo. Habrá que ver cómo sigue el verano que viene, pero por lo pronto la advertencia está hecha y, como suele ocurrir cuando una corriente se instala, los que están en la puerta de entrada empiezan a pedir reglas claras, tasas razonables y un poco de respeto por el lugar que reciben.

Lo dejo planteado como una invitación más que como una conclusión: a la hora de elegir dónde pasar las próximas vacaciones, vale la pena mirar el termómetro con la misma atención con la que miramos la grilla de artistas del festival. El clima, al menos para los próximos años, parece haberse sentado en la mesa de negociaciones del turismo. Y eso, lo crean o no, también es una forma de viajar.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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