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Lunes, 5 de octubre de 2026
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El Pirata se llevó el clásico y dejó a Talleres con el corazón en la boca

Belgrano venció 1-0 en el Kempes con un gol del ingresado Ramiro Hernández, se llevó el interzonal del Clausura y dejó al Matador masticando palo, literalmente: dos remates en los postes y un arquero que se comió la noche.

Por Emiliano OviedoDeportes · · hace 5 h
El Pirata se llevó el clásico y dejó a Talleres con el corazón en la boca

Acá no se mueve nadie hasta que no se entere todo el pueblo, che: Belgrano ganó el clásico. Uno a cero, en el Kempes, con la gente rival mirando atónita cómo se les escapaba el partido de las manos. Y lo mejor es que el gol lo hizo un suplente. Ramiro Hernández, que entró desde el banco, se vistió de pirata y se mandó un contragolpe letal que desató el delirio celeste. ¿Querías partidazo? Te llegó tarde, papá.

Un gol con firma de entrenador

La jugada del gol arrancó con Talleres yendo para adelante, como tenía que ser. Pero el fútbol tiene esas ironías que a uno le dan ganas de tirar la galería al piso: los de afuera recuperaron la pelota, salieron rapidito por la banda izquierda, tiraron el centro al área y el Nene Fernández no pudo embocarla. La pelota le quedó servida al recién ingresado Hernández, que la empujó con esa tranquilidad de los delanteros que huelen la sangre. Cuarenta y un minutos y el Kempes se tiñó de celeste.

Y ojo con Zielinski, que no se quedó quieto. El DT hizo cambios con criterio, siempre con la lógica de ir a buscarlo. Metió al autor del gol, mandó a Benítez, a Longo y a Velázquez para refrescar piernas y darle aire al equipo. Sabía que el clásico se gana con cintura, no con papeleo. Los cambios le salieron redondos: a eso le digo yo tener la mano en el banco.

Vicentini se agigantó y Talleres se topó con el palo

Porque si Belgrano se llevó los tres puntos, que no se le olvide a nadie, fue porque tuvo a Manuel Vicentini atajando todo lo que le tiraban. El arquero sacó al córner un cabezazo de Depietri que ya se cantaba gol, y le metió la mano a un tiro libre del pibe Baroni, de apenas 17 años, que se le había escapado de la galera y terminó haciendo temblar el travesaño. El chico entró y en la primera que tocó la mandó al ángulo. Así está el fútbol hoy, pibe.

  • Rick se sacó un zurdazo de esos que hacen vibrar la tribuna y la pelota besó el poste. La había cantado medio estadio.
  • Diego Valoyes tuvo la más clara: encontró el arco vacío tras una salida de Vicentini y la mandó afuera. Increíble, lo que es el fútbol.
  • Lucas Zelarayán, que siempre la pide, cabeceó por arriba del travesaño en una pelota quieta y después le pegó de derecha desde el borde del área: otra vez el palo le dijo que no.
  • Ezequiel Unsain, en el arco de Talleres, terminó siendo figura ante un avance de Passerini que dejó a Rigoni con la pelota, pero achicó a tiempo y se quedó con todo.

Talleres tuvo la pelota, las situaciones y hasta se encontró con la mala suerte de los palos. Pero le faltó el gol, y sin gol no se ganan los clásicos. De Felippe mandó a los suyos al ataque, buscó variantes y terminó con la sensación de que la noche se le escurría entre los dedos. La diferencia es que Belgrano no perdonó la única que tuvo. Y eso, en un clásico, vale doble.

Me quedo con la pregunta del final, porque a mí también me da vueltas en la cabeza: la del ingreso de Hernández y el contraataque que terminó en gol, ¿o la atajada de Vicentini al cabezazo de Depietri? Las dos fueron monumentales, pero a esta altura, con la victoria en el bolsillo, me inclino por la del arquero. Atajarlas todas es lo que te hace ganar los partidos chiquitos. Y este clásico, para el Pirata, era enorme.

EO

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