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Martes, 20 de octubre de 2026
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Fiebre, pantallas y selectividad alimentaria: el detrás de escena del consultorio pediátrico en su día

Cada 20 de octubre se rinde homenaje a quienes custodian el crecimiento de chicos y adolescentes desde el primer día de vida; repasamos los motivos de consulta más frecuentes y las claves que difunde la Sociedad Argentina de Pediatría.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
Fiebre, pantallas y selectividad alimentaria: el detrás de escena del consultorio pediátrico en su día

Lo veo todas las semanas, y este lunes no fue la excepción: la puerta del consultorio de la doctora Marta Pereyra, en el barrio de Belgrano, se abrió a las nueve en punto y ya había una cola de mamás con cochecitos, padres con libretas escolares y alguna abuela que llevaba la térmica con el té. Marta atiende pediatría desde hace veintidós años y, mientras firma una receta, me cuenta al pasar que el Día Nacional de la Pediatría, que se conmemora este 20 de octubre, no es más que una excusa para poner en primer plano algo que en las casas argentinas pasa inadvertido: la cantidad de preguntas que un profesional de cabecera recibe en un día normal. Porque la pediatría, me dice mientras acomoda el estetoscopio en el cuello, empieza con el primer llanto del recién nacido y termina, si todo va bien, cuando ese mismo chico aprende a sacarse el documento.

La fecha, vale recordarlo, no es caprichosa: el 20 de octubre de 1911 se fundó en nuestro país la Sociedad Argentina de Pediatría, una de las sociedades pediátricas más antiguas del mundo, anterior a la Société Française de Pédiatrie, creada en 1929, y a la American Academy of Pediatrics, que recién nació en 1930. Recién en 1973, durante un Congreso Mundial de Pediatría realizado en la Argentina, se instituyó ese día como el Día Nacional de la Pediatría, con la idea de jerarquizar el papel del profesional que acompaña el crecimiento desde los primeros días hasta la adolescencia, combinando el seguimiento del niño sano con el diagnóstico y el tratamiento cuando asoma una enfermedad. Los controles de crecimiento, la vacunación, el sueño y la alimentación forman parte de esa atención habitual que, en la mayoría de los casos, pasa por el consultorio del barrio antes que por una guardia.

Fiebre: el termómetro no es el protagonista

Mariana, vecina de Palermo y madre de dos chicos de cuatro y siete años, me lo dijo sin pensarlo cuando le pregunté por qué había ido a la consulta una tarde de julio: Vine porque el más chico tenía 38,5 y no quería cenar. La fiebre, coinciden los pediatras, es uno de los motivos de consulta más comunes, y también uno de los que más se malentiende. Los especialistas remarcan que el foco debe estar en el estado general del niño y en la causa del cuadro, no solo en el número del termómetro. En bebés pequeños, o cuando aparece decaimiento, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la atención médica requiere mayor rapidez, sin esperar a ver cómo evoluciona la curva térmica. La regla no es resistirse al antipirético, sino entender que bajar la fiebre no siempre significa resolver el problema que la provoca.

Golpes, tos y la trampa de la automedicación

Otra escena de todos los días: el chico que vuelve del parque con un chichón en la frente y los padres que dudan entre esperar o salir corriendo a la guardia. La orientación pediátrica es clara en ese punto, y los manuales lo repiten: pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, alteraciones de conducta o una somnolencia inhabitual son señales que exigen valoración sin demora. En cuanto a la tos y los vómitos, los pediatras insisten en que la automedicación puede sumar riesgos, sobre todo cuando se combinan productos con componentes similares sin saberlo. La advertencia no apunta a generar miedo, sino a evitar que el cuarto del enfermo se transforme en una farmacia improvisada en la que se mezclan jarabes, gotas y pastillas que nunca se conversaron con un profesional.

No come nada, duerme con el celular y la escuela lo agota

  • La frase “no come nada” atraviesa generaciones de familias argentinas y suele esconder una variación normal del apetito según la edad, el crecimiento o el estado de ánimo; la consulta ayuda a distinguir una selectividad transitoria de una situación que requiere cambios concretos en la rutina.
  • El uso de pantallas se sumó en los últimos años al listado de consultas pediátricas, junto con el descanso, el juego y las rutinas del hogar, en una conversación que las familias suelen postergar hasta que aparecen los problemas de sueño o de atención.
  • La SAP también alertó sobre el bullying y el ciberbullying, que pueden continuar fuera de la escuela a través de chats, redes sociales y videojuegos, y manifestarse con cansancio, dolor abdominal, alteraciones del sueño o cambios de ánimo que rara vez se asocian a un acoso que nunca se nombra en casa.

Antes de cerrar la nota vuelvo a llamar a Mariana, porque quiero terminar donde empecé. Me atiende después del segundo timbre y, mientras le limpio la nariz a uno de los chicos con la manga del pullover, me dice algo que condensa la idea: Lo que más me llevo del pediatra no es una receta, es una forma de mirar. Tiene que ver con eso: con volver al consultorio del barrio con la misma tranquilidad con la que uno va a buscar el pan, y con entender que la pediatría, más allá de las pantallas y los termómetros, sigue siendo eso: una mano amiga que conoce a tu hijo de memoria y que, cada 20 de octubre, celebra que siga estando ahí.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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