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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Fito Páez se plantó en el Polideportivo: cuando el músico le paró el carro a la seguridad por el trato al público

El rosarino detuvo su show en Mar del Plata al ver que algunos asistentes eran obligados a sentarse. La producción explicó el operativo, reconoció errores y corrigió indicaciones sobre la marcha. La historia completa, con la palabra de todos.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · · hace 4 h
Fito Páez se plantó en el Polideportivo: cuando el músico le paró el carro a la seguridad por el trato al público

Me levanté de la butaca, miré el reloj y pensé que todavía faltaba para que el Flaco arranque. Pero cuando entré al Polideportivo Islas Malvinas ya se respiraba esa cosa mezcla de expectativa y de previa bien marplatense, con la brisa del mar metiéndose por los portones. Fito Páez tenía que salir a escena y la tribuna hervía de gente que, como yo, había pagado una fortuna por estar a doscientos metros del escenario. Lo que nadie imaginaba es que la noche se iba a hacer famosa por otra cosa: por un cruce entre el músico y el personal de seguridad que terminó dejando tela para cortar en las redes y en los grupos de WhatsApp de los fans.

El Flaco, que ya lleva décadas subido a los escenarios y conoce cada truco de la tribuna, vio desde el escenario algo que no le gustó nada. Según contaron después los organizadores, había espectadores que estaban siendo obligados a permanecer sentados por gente de seguridad. Y ahí nomás, con esa mezcla de reflejos que tienen los artistas grandes, paró el show, agarró el micrófono y les cantó las cuarenta. "No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente", tiró, y también pidió al público que no se dejara "avasallar". La frase cayó como un baldazo de agua fría en medio del recital.

Lo que dijo la producción del operativo

Después del show, desde la organización me contaron cómo funcionaba el esquema. El Polideportivo estaba dividido en sectores con distintos precios y cada localidad tenía su número. La idea, me explicaron, era evitar que la gente se levantara de su fila para colarse en zonas más caras o más cerca del escenario. Hasta ahí, suena lógico: uno paga más por estar adelante y quiere que nadie se le cuele. El problema fue el método. "Algunos miembros del equipo de seguridad pueden haber interpretado que debían pedirle al público que se sentara, cuando la indicación correcta era controlar que nadie avanzara hacia localidades ajenas", me dijeron. Y lo más importante: reconocieron que, durante el mismo show, corrigieron las indicaciones para que la gente pudiera pararse y bailar en el lugar que había comprado.

“Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre.”Fito Páez, en redes sociales

Lo cierto es que el reclamo de Páez fue al hueso. No se trata de un capricho de rockero denso: hay algo más de fondo. Cuando vos pagás una entrada para ver un recital querés vivir la experiencia completa, querés pararte cuando suena esa canción que te salva la vida, querés abrazar al de al lado, querés sentir el piso vibrar. Que un señor de chaleco fluorescente te diga "sentate, loco" porque sí, sin explicación, duele. Duele porque te infantiliza. Y duele porque te recuerda que en muchos shows argentinos la seguridad se maneja con la lógica de la cana y no con la lógica de alguien que entiende que está cuidando a un público que pagó por pasarla bien.

La otra campana: los que pagaron por estar adelante

  • Asistentes que se quejaron por la interrupción del show y por la reacción del músico.
  • Fans que pidieron que se respeten los asientos comprados, sobre todo los de las primeras filas.
  • Gente que cuestionó a quienes, ubicados más atrás, avanzaban hacia localidades más caras durante el show.
  • Mensajes que llegaron a la producción después del recital con distintos reclamos cruzados.

Y acá viene lo bueno, lo que le da volumen humano a la cosa. Porque no todos pensaron igual. Hubo quienes se enojaron con Fito por frenar el show. Hubo quienes se quejaron de que la gente de atrás se venía adelante y les robaba el lugar que habían pagado. Y hubo, claro, los que bancaron al Flaco a capa y espada. Yo creo que los tres tienen razón en parte. Lo que pasó en Mar del Plata fue un cruce de intereses que muestra una verdad incómoda: los recitales con localidades numeradas son una especie de tratado de paz entre los que pagaron más y los que pagaron menos, y cuando la seguridad no sabe cómo mediar, la pava se pasa de un lado al otro.

Después del show: aclaración y postura

Una vez que se bajaron las luces del Polideportivo, Fito agarró el celular y escribió. Aclaró que el personal de seguridad que había cuestionado no había sido contratado por sus representantes, o sea que la producción local había puesto a la gente. Y volvió a cargar: "Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre", tiró. Después, en otra parte de sus redes, completó el razonamiento: la seguridad de un recital no puede comportarse como la policía, no puede tocar al público, no puede empujar a nadie. La línea, para él, está clara. Y lo dice alguien que hace cuarenta años pisa escenarios argentinos y conoce cómo se mueve la tribuna.

Yo lo vi muchas veces al Flaco y siempre me pasa lo mismo: me termino yendo del show con esa sensación de que uno estuvo un poquito menos solo. Esta vez, además, me fui pensando en algo que a veces los que cubrimos recitales dejamos pasar: la seguridad en los shows no es un detalle logístico, es parte del show. Si la seguridad trata mal al público, el show se rompe. Si el público se cuela, el show se rompe. Si el artista tiene que parar a poner paños fríos, el show se rompe. Es un equilibrio delicado y esta vez, en Mar del Plata, se rompió al medio. Pero, ojo, también se recompuso en vivo, con lasciones corregidas sobre la marcha y con un Fito que, fiel a su historia, eligió poner el cuerpo por la gente que había pagado por estar ahí.

Mi recomendación para el sábado que viene es simple, y se la dejo a quien organice recitales con localidades numeradas y a quien vaya a uno: hay que entender que la entrada no es un permiso para aguantar cualquier cosa, pero tampoco es un pase libre para invadir el lugar del otro. El equilibrio está en poder pararte, bailar, cantar y emocionarte en el sector que compraste, sin que nadie te empuje para que te sientes y sin que nadie te choree el lugar. Si la seguridad sabe hacer ese trabajo, el show fluye. Si no, ya sabemos cómo termina: con un Flaco enojado en el escenario y una ciudad entera hablando del tema durante una semana. Y ojo, no es la primera vez que pasa ni va a ser la última, pero que quede claro: mientras haya artistas como Páez dispuesto a parar la moto para defender al público, algo vamos a hacer mejor la próxima vez.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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