La Conciergerie: el palacio del Sena que guardó los últimos días de María Antonieta
A orillas del río, en el corazón de París, este edificio gótico del siglo XIII fue residencia real, cárcel revolucionaria y hoy es uno de los museos más visitados de la ciudad.
A metros del Sena, en pleno primer arrondissement de París, hay un edificio gótico al que casi todos los turistas apuntan con la cámara pero muy pocos terminan recorriendo por dentro. Yo lo crucé una mañana de septiembre, cuando la luz de París se filtraba por los ventanales altos y el río bajaba tranquilo del otro lado de la muralla, y me encontré con uno de esos lugares que cuentan la historia europea mejor que cualquier libro de colegio: la Conciergerie.
Su origen se remonta al siglo XIII, cuando el rey Felipe IV, apodado el Hermoso, instaló allí la sede del archivo real y mandó levantar las grandes salas góticas que hoy todavía se conservan. Después, hacia el siglo XV, la monarquía dejó de habitarlo y designó a un conserje para administrarlo. De ahí viene el nombre que lleva hasta hoy, porque ese funcionario fue quien empezó a usarlo como prisión. Con el paso de los siglos, por sus calabozos pasaron presos famosos: el conde de Montgomery en 1574, Ravaillac (el asesino de Enrique IV) en 1610, la envenenadora marquesa de Brinvilliers en 1676 y el ladrón Cartouche en 1721, entre otros.
La Revolución Francesa y la antesala de la muerte
El capítulo más crudo del edificio empezó con la Revolución. A partir de 1793, cuando se sancionó la llamada ley de sospechosos, los detenidos de toda París fueron concentrados allí para ser juzgados por el tribunal revolucionario. El lugar empezó a conocerse como la antesala de la muerte. Los registros de la época dan una cifra que estremece: unos 600 prisioneros murieron hacinados antes siquiera de llegar a juicio. Por esas mismas celdas pasaron dos de las figuras centrales del proceso, Danton y Robespierre; este último fue ejecutado sin juicio previo en 1794.
La prisionera más recordada fue María Antonieta. En agosto de 1793 la sacaron de la prisión del Temple y la trasladaron a la Conciergerie, donde pasó poco más de dos meses. En octubre de ese año la condenaron por alta traición y la ejecutaron. La celda donde vivió sus últimas jornadas se transformó después en una pequeña capilla que hoy se puede visitar, y el museo conserva algunos de sus objetos personales, lo que le pone un nudo en la garganta a más de un visitante.
- Está en el 2 boulevard du Palais, a unos 200 metros de la estación Cité de la línea 4 de metro.
- Abre todos los días, en general entre las 9:30 y las 18:00, con último ingreso alrededor de las 17:00.
- La entrada cuesta 13 euros; el primer domingo de cada mes el acceso es gratuito para todos.
- Se entra con el Pase Paris Museum o combinado con la Sainte-Chapelle, que está pegada y vale mucho la pena.
- Para comer cerca, recomiendo el Bistrot Valois, a unas cuatro cuadras sobre la rue de Richelieu: cocina francesa clásica, buen precio y un salón tranquilo para recuperarse de la caminata.
La visita permite recorrer las grandes salas góticas donde funcionaron los tribunales, bajar a los calabozos y detenerse en la capilla dedicada a María Antonieta. Desde la explanada del muelle del Reloj, antes de entrar, uno puede levantar la vista y mirar la fachada como la miraban los parisinos en el siglo XIV. Es un paseo que pide tiempo, silencio y un café de sobremesa en alguno de los bistrós de la rue de Lutèce, la callecita que sale justo al costado del palacio, a metros del acceso principal. Si andan por París y quieren entender de una vez por todas por qué la Revolución Francesa cambió el mundo, pasen por la Conciergerie y dense el gusto de pisar la misma piedra que pisaron los reyes, los revolucionarios y la reina más recordada de Francia. Los espero en la próxima nota.
