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Lunes, 5 de octubre de 2026
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La isla donde el bosque todavía guarda la capilla que armaron los hacheros del lago Lácar

En el Parque Nacional Lanín, una comunidad entera levantó en 1933 un templo de madera para no tener que cruzar el lago a rezar. Hoy se llega solo en lancha, y la excursión permite recorrer un bosque nativo con costas que cortan.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
La isla donde el bosque todavía guarda la capilla que armaron los hacheros del lago Lácar

Soy Constanza Nieto y todavía me acuerdo de la primera vez que alguien me contó que, en pleno lago Lácar, había una capillita de madera esperando ser visitada. Fue Mabel, una vecina del barrio Belgrano en San Martín de los Andes, mientras tomábamos mate en la vereda después de una jornada de pesca frustrada. Me dijo, casi al oído, que ese templo lo habían levantado los propios hacheros del aserradero de la estancia Quechuquina, hartos de remar hasta el pueblo cada vez que querían casarse o bautizar a un hijo. Esa tarde me anoté el dato en un papel y no lo solté más.

Cómo se llega y por qué la isla obliga a apagar el motor

La isla Santa Teresita está en la margen norte del lago Lácar, dentro del Parque Nacional Lanín, al este de la península Quechuquina. La separa de esa península un canal de unos 112 metros, angosto y tranquilo, que las lanchas de las excursiones autorizadas atraviesan con el motor casi en punto muerto para no romper la calma del bosque. Quien quiera pisarla tiene que asumir esa única puerta de entrada: no hay senderos peatonales, no hay puente, no hay colectivo. Solo agua. Por eso la salida se organiza siempre como una excursión lacustre que combina navegación corta, caminata breve por la isla y regreso antes de que cambie el clima cordillerano.

  • Orillas rocosas y abruptas, sin playas de arena donde bajar a hacer fuego.
  • Superficie aproximada de 250 metros de ancho por 375 de largo.
  • Bosque nativo que cubre cerca del 90 por ciento del terreno.
  • Especies predominantes: coihues, cipreses, maquis y arrayanes.
  • Acceso exclusivo por lancha o embarcación autorizada desde San Martín de los Andes.

Una capillita que nació del cansancio y de la fe de los hacheros

La historia de esa construcción es, en realidad, la historia de una comunidad entera puesta de acuerdo. El templo se levantó en 1933 para resolver un problema muy concreto: los trabajadores del aserradero de la estancia Quechuquina necesitaban un lugar cercano donde casarse, bautizar a los chicos y despedir a los muertos, porque remar hasta el pueblo para una ceremonia era un viaje largo y a veces imposible según el clima. La madera la aportaron los Raguzzi, una de las familias de la zona, y la obra la terminó la familia Van Dorsser, con la ayuda voluntaria de empleados del propio aserradero y de un carpintero municipal que se sumó por compromiso con el pueblo más que por contrato. Esa mezcla de oficios, donaciones y manos anónimas es lo que todavía se nota cuando uno se para frente a las paredes del templo: la madera parece respirada más que aserrada.

“Allí se hicieron bautismos, misas y casamientos durante décadas, y la capillita terminó funcionando mucho más allá de lo que habían imaginado sus constructores. Con el tiempo se integró al Camino de la Fe neuquino, un recorrido religioso que arranca en Ailinco y termina en Villa La Angostura, lo que le dio un lugar propio dentro del turismo cultural de la región.”Constanza Nieto, Sociedad y vida

Volví a cruzarme con Mabel la semana pasada, en la puerta de la iglesia del centro, y le conté que la excursión a la isla Santa Teresita se puede armar en una mañana, con guía habilitado y regreso antes del primer viento de la tarde. Me miró con esa mezcla de orgullo y nostalgia que tienen los sanmartinenses cuando hablan de su lago, y me dijo, mientras se acomodaba el bolso: 'Llevo años diciéndote que vayas, ahora andate de una vez'. Le prometí que vuelvo con fotos. Y con esta nota, en parte, ya estoy volviendo.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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