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Martes, 20 de octubre de 2026
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La neumonía que llega sin aviso: las señales que el cuerpo manda antes de la tos y la fiebre

El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas pueden anticipar un cuadro pulmonar que suele confundirse con un resfrío. Especialistas remarcan la importancia de no subestimar esos indicios, sobre todo en los mayores de 65 años y en quienes conviven con enfermedades crónicas.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
La neumonía que llega sin aviso: las señales que el cuerpo manda antes de la tos y la fiebre

La cuadra de siempre, una mañana cualquiera del barrio de Belgrano, y la vecina Marta, la del kiosco de la esquina, me cuenta con la voz todavía algo ronca que lleva días sintiéndose inexplicablemente derrotada. No tiene tos. Tampoco le marcó fiebre el termómetro. Lo que tiene, me dice mientras acomoda una bandeja de facturas, es un cansancio que le pesa como si hubiera descargado un camión, una agitación que aparece cuando sube dos escalones, y una falta de apetito que ella atribuye al calor de febrero. Lo que Marta todavía no sabe es que esos tres indicios pueden ser la forma silenciosa en que la neumonía empieza a instalarse, mucho antes de que el cuerpo encienda las alarmas que todos esperamos.

La neumonía es una infección que inflama los alvéolos, esas bolsitas diminutas que tenemos dentro de los pulmones, y los termina llenando de líquido o de pus. Cuando eso ocurre, el oxígeno llega con dificultad al resto del cuerpo, y el organismo empieza a protestar. La infección puede ser bacteriana, viral o fúngica, y entre los nombres más frecuentes aparece el Streptococcus pneumoniae, el Mycoplasma pneumoniae, y también algunos virus de la gripe o del covid-19 que, lejos de quedarse en la garganta, terminan bajando hacia el pulmón. Lo que define cómo se transita la enfermedad es una combinación del agente que la provoca, la edad y el estado de salud previo de cada persona.

Las señales que suelen pasar inadvertidas

Antes de que aparezca la tos persistente y de que el termómetro marque 38 o 39 grados, hay un puñado de indicios que rara vez asociamos con una neumonía. El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, lo describe con una frase que a mí, particularmente, me dejó pensando: "La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos". Y agrega algo todavía más inquietante para quienes seguimos atados a la idea de que sin fiebre no hay nada serio: "Algunas personas no tienen mucha fiebre".

Lo que se siente, en concreto, es este combo que vale la pena aprender a reconocer:

  • Fatiga profunda y persistente, que no se explica por el esfuerzo realizado.
  • Respiración más acelerada de lo habitual, incluso en reposo.
  • Latidos rápidos, como si el corazón estuviera apurado sin motivo claro.
  • Náuseas, falta de apetito y una sensación general de estar descompuesto.

Cuando el cuadro ya está más instalado, pueden sumarse presión arterial baja, diarrea y, especialmente en los adultos mayores, cambios en el estado mental. Una confusión repentina, una somnolencia fuera de lo normal o una desorientación que aparece de un día para otro son motivos suficientes para pedir una consulta médica sin demora. En los mayores de 65 años, y también en quienes tienen las defensas comprometidas por algún tratamiento, el termómetro puede incluso marcar una temperatura más baja que la habitual, así que la ausencia de fiebre tampoco nos deja a salvo.

Quiénes mirarse con más atención

Hay grupos en los que la neumonía pega más fuerte y conviene no dejar pasar ni una de estas señales: bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores, y personas con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, además de quienes reciben tratamientos que bajan las defensas. Las complicaciones que pueden aparecer van desde la acumulación de líquido alrededor de los pulmones hasta la presencia de bacterias en la sangre, los abscesos pulmonares y, en los casos más serios, una insuficiencia respiratoria que termina con internación.

Conviene consultar a un médico cuando la tos se sostiene varios días y va empeorando, cuando aparece dolor en el pecho al respirar, cuando los síntomas mejoran y vuelven, o cuando la fiebre persiste en 39 grados o más, sobre todo en los perfiles de riesgo que recién mencioné. A Marta, la del kiosco de Belgrano, le terminé recomendando que no esperara a que apareciera la tos para sentarse en un consultorio. Me miró con esa mezcla de descreimiento y gratitud que solemos tener los porteños cuando alguien se preocupa sin que se lo pidamos, me agradeció con un par de medialunas calientes y se fue pensando. Yo me quedé del otro lado del mostrador, con la certeza de que, a veces, las noticias más importantes son las que el cuerpo nos sopla al oído antes de que la enfermedad tenga nombre.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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