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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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León XIV, el tumor y la pregunta que sobrevuela Roma: qué se sabe de la operación que le practicaron al Papa

El Vaticano confirmó que al sumo pontífice le extirparon el lóbulo inferior derecho del pulmón. Un neumólogo consultado por este medio explicó cómo se evalúa el pronóstico después de una lobectomía y por qué el adenocarcinoma es el tumor más habitual en personas no fumadoras.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 h
León XIV, el tumor y la pregunta que sobrevuela Roma: qué se sabe de la operación que le practicaron al Papa

Vivo en el barrio de San Telmo desde hace años y siempre que paso por la plaza Dorrego me detengo a charlar con Beatriz, una vecina de toda la vida que me escucha con el termo bajo el brazo. Esta mañana, mientras me contaba que el fontanero finalmente había podido destapar la cañería de la cocina, el tema del día se metió igual que un empleado municipal en una discusión de consorcio: el Papa tiene cáncer de pulmón. La noticia cayó como un baldazo de agua fría en el barrio, y la primera pregunta que me hicieron en la verdulería, en la farmacia y hasta en la cola del banco fue, casi sin variaciones, la misma: "Che, ¿es grave eso?" . Voy a tratar de responderla con la misma seriedad con la que Beatriz la formuló esta mañana, mientras pelaba una mandarina en el umbral de su casa.

El Vaticano informó que a León XIV, de sesenta y nueve años, le practicaron una cirugía en el Policlínico Gemelli de Roma, el mismo centro donde se atendió Juan Pablo II cuando recibió un disparo en 1981. La intervención duró alrededor de noventa minutos y consistió en una lobectomía del lóbulo inferior derecho mediante una técnica videoasistida, es decir, con pequeñas incisiones y una cámara, en lugar de la apertura amplia del tórax que se utilizaba décadas atrás. Durante el procedimiento, un examen histológico confirmó que el tejido extraído correspondía a un adenocarcinoma pulmonar. La evolución posterior fue descrita como normal: el Papa retomó la alimentación habitual, hizo kinesioterapia respiratoria y empezó a caminar dentro de su habitación.

Un tumor que crece en silencio

Según explicó a este portal el neurólogo Conrado Estol, referente en temas de medicina basada en evidencia, el adenocarcinoma es el subtipo más frecuente de cáncer de pulmón en personas que nunca fumaron: representa entre el cincuenta y cinco y el ochenta por ciento de los casos en ese grupo. A diferencia de otros tumores que se localizan cerca de los bronquios y generan tos o falta de aire rápidamente, el adenocarcinoma suele ubicarse en la periferia del pulmón. Esa ubicación explica por qué puede pasar mucho tiempo sin dar síntomas: al no obstruir un bronquio principal, no produce las señales de alarma clásicas, lo que muchas veces retrasa la consulta médica.

Por qué se saca un lóbulo entero y no solo el nódulo

La decisión de extraer el lóbulo completo, y no únicamente el nódulo sospechoso, responde a una lógica oncológica precisa. Una lobectomía busca garantizar márgenes libres de células tumorales, es decir, asegurarse de que no quede tejido enfermo alrededor, y al mismo tiempo permite analizar con mayor detalle los ganglios linfáticos y la pleura, dos zonas clave para determinar el pronóstico. Durante la operación, un patólogo puede examinar muestras en tiempo real para distinguir entre cáncer, fibrosis o cicatrices benignas, aunque el diagnóstico definitivo recién se confirma con el estudio microscópico posterior.

Qué falta saber para medir el pronóstico

El neurólogo aclaró que todavía no hay información pública sobre tres datos centrales: el tamaño exacto del nódulo, si los ganglios linfáticos cercanos están comprometidos y si la pleura presentó invasión. A partir de esos tres elementos, los oncólogos clasifican el tumor en un estadio que orienta el seguimiento y el eventual tratamiento posterior.

  • Si el nódulo mide alrededor de dos centímetros, los ganglios están libres y no hay compromiso pleural, la sobrevida a cinco años puede acercarse al noventa y nueve por ciento.
  • Si hay compromiso ganglionar o pleural, las cifras de sobrevida descienden de manera significativa y se evalúan terapias adicionales.
  • La genética del tumor se analiza en paralelo a la recuperación y puede detectar mutaciones específicas llamadas EGFR, KRAS, BRAF, HER y MET, que permiten indicar terapias dirigidas administradas por vía oral.
  • La inmunoterapia, aplicada en forma intravenosa, es otra alternativa disponible en la actualidad.

Estol también señaló que tanto las terapias dirigidas como la inmunoterapia pueden ir perdiendo efectividad con el paso de los meses, por lo que el seguimiento oncológico a largo plazo forma parte del tratamiento y no es un paso opcional. La idea, dijo, es atacar el tumor mientras se lo pueda mantener a raya.

Vuelta a San Telmo

Cuando volví a pasar por lo de Beatriz, ya entrada la tarde, me la encontré regando los malvones con la manguera y con la radio prendida en la mesa del living. Le resumí lo que había averiguado: que el tumor del Papa es de los más estudiados por la medicina moderna, que la cirugía fue poco invasiva y que, aunque todavía faltan datos para hablar de pronóstico, la evidencia disponible es razonable. Beatriz me miró con esa mezcla de alivio y desconfianza que es patrimonio del porteño, y me dijo, mientras se secaba las manos en el delantal: "Bueno, mientras se pueda operar y haya alguien que lo atienda, hay esperanza". No le falta razón: en oncología, como en los barrios del sur de la ciudad, la esperanza es un dato, no un eslogan.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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