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Lunes, 19 de octubre de 2026
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San Antonio de Areco, el pueblo donde la plata todavía se trabaja a fuego lento y a la antigua

A 113 kilómetros de Buenos Aires, plateros, joyeros y diseñadores de autor abren las puertas de sus talleres. Familias que llevan décadas con el oficio conviven con creadores llegados de otros países. Datos clave para escaparse este fin de semana.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 2 h
San Antonio de Areco, el pueblo donde la plata todavía se trabaja a fuego lento y a la antigua

Hay un sonido en San Antonio de Areco que no se escucha en ningún otro pueblo de la provincia de Buenos Aires: el golpe suave del martillo sobre la plata, el chirrido fino de la lima, el soplete que abre una costura dorada en una guarnición de apero. Son ruidos que viajan por las callecitas de tierra y por los patios con piso de ladrillo donde, desde hace décadas, se sigue ejerciendo un oficio que amenaza con extinguirse en casi todas partes pero que acá, contra viento y marea, se niega a morir. Yo los escuché la última vez que fui, en una mañana de sol fuerte, mientras cruzaba la plaza central rumbo a uno de esos talleres donde las generaciones se relevan en el yunque.

Los Draghi, una dinastía de la platería arequera

A 113 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires —se llega por la ruta 8 hasta Pergamino y de ahí se toma la 41, o directamente por la ruta 31 si uno sale por San Isidro—, Areco se plantó hace rato como un polo artesanal que va bastante más allá del souvenir gauchesco. Hoy conviven en el casco histórico joyeros de autor, diseñadores textiles formados afuera y familias que llevan más de medio siglo con las manos metidas en la plata.

“En el mercado uno puede encontrarse con un producto similar al que uno hace. Para un comprador no experimentado puede resultar lo mismo un producto fabricado en India o China, que saca 30 por minuto de una cinta transportadora, y otro que a mí me lleva una semana de trabajo. Uno quiere tener una identidad a través del producto acabado, que tenga tu impronta.”Juan Patricio Draghi, platero

Juan Patricio Draghi es hijo de aquel platero que abrió su primera joyería en el pueblo allá por los años cincuenta. Entró al taller a los doce años, cuando todavía lo que se aprendía era soplando el fuego con la boca, y hoy, con más de cuatro décadas en el lomo, ve cómo uno de sus hijos se suma al banco de trabajo. La suya es la crónica clásica de Areco: padre, hijo, nieto, todos con delantal de cuero y la misma paciencia para esperar que el metal enfríe.

“La plata es el metal más bonito del planeta. La gente, pese al avance de la tecnología, en algún punto va a seguir buscando el detalle, la imperfección, la manito y el alma detrás de las cosas.”María Belén Draghi, joyera de autor

A pocas cuadras de la plaza, María Belén Draghi —hija de otro Raúl Draghi, maestro soguero y platero— volvió al pueblo después de formarse en joyería en la India y en Ecuador. Trajo una mirada nueva, una especialización en piedras y en la técnica del esmaltado, y una certeza que repite mientras lijar una pieza: la imperfección es un valor, no un defecto. En su taller conviven las técnicas que aprendió en Asia con los gestos criollos que mamó desde chica.

Arecoa las texturas nuevas: textil, diseño y galería a cielo abierto

El pueblo, sin embargo, no vive solo de plata. En los últimos años se instalaron creadores venidos de otros lugares que encontraron en la paz arequera el marco justo para desarrollar marcas pequeñas, casi íntimas. Una de ellas es Agave, de Mica Suide, que llegó en 2021 después de haber trabajado en Japón y de haberse enamorado de las prendas gauchescas durante unas fiestas de la Tradición. Estampa sobre algodón y lino boinas, pantalones y alpargatas, y defiende lo mismo que defienden los plateros: en un mundo que produce todo en serie, lo pintado a mano, aunque tenga una mancha, vale cada vez más.

  • Pasajes en micro desde Buenos Aires: arrancan en 14.000 pesos por persona (las frecuencias salen principalmente desde la terminal de Retiro).
  • Alojamiento: hay oferta hotelera con cuatro estrellas desde 229.000 pesos la noche en establecimientos del casco céntrico.
  • Cómo llegar: por ruta 8 hasta Pergamino y luego ruta 41, o por ruta 31 desde San Isidro; el tramo total es de 113 kilómetros.
  • Atractivo nuevo: el pueblo acaba de estrenar una galería de arte a cielo abierto que se suma a los clásicos Talleres de Platería y al Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes.

Para comer, yo me inclino por cualquiera de los locales de la calle Alvear y Belgrano, donde se sirve el clásico asado de tira arequero con tortillas a la chapa. Lleguen temprano, después de las dos de la tarde varios cierran la cocina. Y dense el gusto de perder una hora mirando vidrieras: en este pueblo la artesanía se ve, se toca y, sobre todo, se conversa. Los espero en el próximo viaje.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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