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Martes, 13 de octubre de 2026
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Sorkin vuelve a tropezar con la misma piedra: dirige él y se cae solo

La esperada secuela de "La red social" llega con el guionista a cargo de la cámara y confirma lo que varios ya sospechaban: sin un director externo que lo frene, el texto se desborda.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · · hace 50 min
Sorkin vuelve a tropezar con la misma piedra: dirige él y se cae solo

Lo voy a decir de entrada, antes de que nadie se ofenda: yo quiero mucho a Aaron Sorkin. Le tengo cariño desde aquella época en la que me sentaba frente al televisor a ver "The West Wing" y sentía que la política podía ser algo decente, algo casi poético. Después llegó "La red social" y me voló la cabeza, pero también ahí aprendí una lección que esta nueva película me termina de confirmar: Sorkin es un genio de la palabra escrita, un monstruo del diálogo, pero cuando él mismo se sienta en la silla de director, algo se le va de las manos. Y "El precio de la red", que se presenta como la continuación de aquella película sobre Mark Zuckerberg, lo demuestra con una contundencia que duele.

Un guión brillante sin nadie que lo discipline

La película arranca con expectativas altísimas, porque encima uno sabe que Sorkin viene trabajando hace rato con este universo. Hay ecos de "The Newsroom", esa serie donde el periodismo era casi una religión, y también se nota el fantasma de aquel proyecto sobre el 6 de enero que el guionista viene intentando levantar desde hace años sin suerte. El problema, y acá coincido con la crítica especializada, no está en lo que escribe. El problema está en que esta vez él mismo se encarga de ponerlo en imagen, y entonces aparecen los mismos males que ya se le habían visto en "Molly's Game": soliloquios interminables, escenas de interiores mal iluminadas y una tendencia al discurso idealista que, sin un realizador externo que lo corte, termina aplastando el resultado.

  • Soliloquios larguísimos que existen más porque suenan bien dichos en voz alta que porque la historia los necesite.
  • Interiores mal iluminados, llamativo si tenemos en cuenta que el director de fotografía es el mismo de "La red social".
  • Un montaje sin urgencia, donde las imágenes apenas cumplen lo justo y nada trasciende lo funcional.
  • Una idealización constante de los personajes que vuelve difícil creer en ellos.

Lo más doloroso de todo es que uno sabe que Sorkin lo sabe. De hecho, la propia película contiene una frase, dicha por el personaje que interpreta Bill Burr y que ya viene circulando en los tráileres, que sintetiza mejor que cualquier crítica lo que le pasa: Sorkin es, según esa línea, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo. Es una autocrítica brutal, y el hecho de que la haya dejado dentro de la película dice bastante de cómo se ve a sí mismo.

Acá aparece el otro punto que me parece clave, y es algo que los que miramos cine con cierta edad tenemos muy claro: los mejores trabajos de Sorkin como guionista llegaron cuando hubo otro director en la sala que lo supiera frenar. David Fincher en "La red social" le sacó punta a cada diálogo, Danny Boyle en "Steve Jobs" le imprimió una urgencia visual que el texto solo no tenía, y ni hablar de Rob Reiner en "Algunos hombres buenos", donde el verbo de Sorkin encontró un ritmo que él solo no habría logrado. Sin esa tensión externa, lo que queda es el Sorkin desbocado, el que se enamora de sus propios párrafos y se olvida de que el cine también se mira.

“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr en "El precio de la red"

Mi lectura, y se la dejo como quien comparte una impresión después de varias horas dándole vueltas, es que a Sorkin hay que quererlo pero hay que saber leerlo. Sus guiones son material de primera, de esos que cualquier actor sueña con tener en la mano, pero necesitan una mirada externa, alguien que le diga basta, que le marque hasta acá y un poquito más allá. Cuando se queda solo, se le nota. Y a mí, que lo quiero mucho, me da pena verlo caer siempre en el mismo pozo. Si te copa Sorkin, andá a verla igual, pero con la advertencia de que vas a salir pensando que esta vez se quedó corto. Para el sábado, mi recomendación cuartera de toda la vida sigue siendo la misma: buena compañía, buena pantalla y un crítico al lado que te ayude a separar la paja del trigo. Como diría cualquier hincha del cuarteto, esto no se saca y se va: se saca y se mira con los ojos bien abiertos.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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