"Stalingrado", la película que se animó a mostrar el horror más crudo de la Segunda Guerra
Recorremos la historia de una producción alemana que se rodó en Finlandia con 12.000 extras, veteranos amputados y temperaturas bajo cero para reconstruir la batalla más sangrienta del conflicto.
Voy a confesarles algo, amigos: hay películas que uno mira porque le gustan los buenos momentos, y hay películas que uno tiene que ver al menos una vez en la vida para entender de qué estamos hechos los argentinos cuando nos toca bancar momentos duros. "Stalingrado" es de esas segundas, y se la recomiendo de corazón a todo el que se anime con la boca y con el corazón abierto a un rato largo de cine bien hecho.
Una batalla que le cambió el rumbo a la historia
Lo primero que hay que entender es lo que se cuenta, antes de meterse en cómo se cuenta. La Batalla de Stalingrado arrancó en agosto del 42 y se extendió durante meses, hasta la rendición del Sexto Ejército alemán, y dejó alrededor de dos millones de muertos. Está catalogada entre las más cruentas de toda la Segunda Guerra. Hasta el propio Goebbels dejó escrito en su diario que Hitler consideraba la toma de Stalingrado como una necesidad psicológica urgente, por el valor simbólico que la ciudad tenía para el régimen soviético. La orden para las tropas fue clara: rendirse, ni siquiera bajo la tortura.
Décadas para llegar a la pantalla
La novela de Theodor Plievier, publicada en 1945, recién encontró su versión cinematográfica casi cincuenta años después, en 1993. La dirigió Joseph Vilsmaier con un presupuesto de 20 millones de marcos alemanes, que al cambio de entonces venían a ser unos 14 millones de dólares. No era poca cosa para una película europea de los noventa, y menos para una que se proponía retratar el horror y el agotamiento de la batalla sin atenuantes, sin anestesia y sin esa cosa edulcorante que a veces tiene Hollywood.
Un rodaje que fue una batalla en sí mismo
Ahora, lo que a mí me voló la cabeza cuando me puse a investigar la nota, es lo que fue el rodaje. Cinco meses de filmación, varios países, y las secuencias más exigentes se grabaron en Finlandia, donde el termómetro llegó a marcar 30 grados bajo cero. Para las escenas de combate se movilizaron alrededor de 12.000 extras, una locura que hoy parece imposible de repetir. Y hay un detalle que me parece de un respeto enorme: contrataron veteranos de guerra amputados para darle realismo a las escenas. Eso no es un truco, eso es cine con mayúsculas, aunque también es cine con un costo humano que a uno lo deja pensando un rato largo.
- El rodaje se extendió durante cinco meses y se filmó en varios países.
- Las escenas más duras se grabaron en Finlandia, con temperaturas de hasta 30 grados bajo cero.
- Se convocaron alrededor de 12.000 extras para las secuencias de combate.
- Se contrató a veteranos amputados para reforzar el realismo visual.
- Ninguna escena se filmó en la ciudad real: Stalingrado fue reconstruida después de la guerra y no quedaban edificaciones de la época para ambientar el relato.
Cómo le fue en la taquilla y dónde se puede ver
En lo que hace a la recaudación, la película juntó 10 millones de dólares en Alemania, por debajo de lo que se esperaba. En España, en cambio, tuvo una recepción muy buena, con ingresos equivalentes a 1,34 millones de euros. Con el tiempo se ganó su lugar como una referencia del cine bélico europeo, aunque su proyección internacional quedó un poco tapada por el estreno posterior de "Enemigo a las puertas". Hoy se puede ver por Amazon Prime Video, así que no hay excusa para no darle play este finde.
Mi recomendación, como cada sábado, es bien simple: si están con ganas de quedarse en casa y ver algo que valga la pena, pónganse "Stalingrado". No es una película fácil, ojo, no es de esas que uno mira mientras come una pizza distraído. Es de las que te agarra de las solapas y no te suelta hasta el final. Y a veces, hacer ese ejercicio de memoria y de empatía por lo que vivieron millones de personas hace ochenta años, nos hace un poco mejores a nosotros, acá, en este presente que a veces se nos pone tan cambiante.
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