Un tango Shanghai: la historia de la película china que le regaló el himno a un país entero
A mediados de los años treinta, en medio de una guerra civil que partió a China en dos, un film de propaganda con cara de melodrama romántico terminó dándole letra y música al himno que hoy está en la Constitución. La ruta que va de Shanghái a Beijing, pasando por 694 propuestas, el visto bueno de Mao y la voz de una cantante que casi nadie recuerda afuera de Asia.
Che, sentate un rato y dejame contarte una historia que parece de película pero terminó siendo mucho más real de lo que uno imagina. Arrancamos con la apertura que ya me conocen, como si fuera un bailanta y el locutor me largara al escenario: 'Yo soy el pibe de un tiempo borrascoso, me gusta vagar por las calles de Shanghai, pero si algún día muere mi viejo amigo, me voy a cortar el pelo y a buscar a los invasores'. Esa letra la escribió Tian Han en mayo del treinta y cinco, adentro de un galpón de la productora Diantong, en plena guerra civil entre el Partido Nacionalista y el Partido Comunista. Lo que ninguno de los que estaban ahí sospechaba era que esa misma letra, con una melodía que firmó el compositor Nie Er, iba a terminar convertida nada menos que en el himno nacional de China.
La peli que se metió en el corazón antes que en la política
El veinticuatro de mayo de mil novecientos treinta y cinco, en cines de Shanghái y de otras ciudades, se estrenó Hija de tiempos turbulentos, título original 'Feng yun er nü', que nosotros conoceríamos algo así como 'Hijos de tiempos turbulentos'. La dirección quedó a cargo de Xu Xingzhi y la historia es de esas que uno imagina escuchadas en una radio de barrio: un poeta de café porteño, si me permitís el cruce, que prefiere el amor, los bares con jazz y la vida moderna en la ciudad china más abierta del momento, mientras su amigo se sube a un tren y se va al frente a pelear contra la invasión japonesa. El muchacho de la ciudad se entera de que el amigo muere y ahí, en ese golpe, decide dejar la placidez y sumarse a la resistencia. La trama era propaganda pura y dura, eso hay que decirlo, pero funcionó como un cañón: el público la fue a ver en cantidad, salió conmovido y empezó a canturrear la canción central sin que nadie se lo pidiera.
Lo curioso, y esto te lo marco porque pinta cómo era el ambiente, es que la propia Diantong desapareció poco después, asfixiada por la presión del Kuomintang. Tian Han, el libretista y autor de la letra, terminó detenido. Pero la canción ya se les había escapado de las manos.
Una marcha que cruzó fronteras y terminó en la Constitución
- La marcha de los voluntarios se grabó por Pathé Records con las voces de Gu Menghe y Yuan Muzhi, y se difundió como emblema de la resistencia durante los años de conflicto.
- En mil novecientos cuarenta y uno se editó incluso una versión en inglés, cuya recaudación se donó a la causa china en medio de la Segunda Guerra Mundial.
- Cuando en mil novecientos cuarenta y nueve China tuvo que elegir himno, un comité recibió seiscientas noventa y cuatro propuestas de partituras y letras; la marcha de Tian Han y Nie Er ya sonaba en la cabeza de casi todo el país.
- Mao Zedong le dio el visto bueno y quedó adoptada de manera provisoria, pero con el paso de las décadas pasó de parche transitorio a artículo constitucional, es decir, a himno oficial.
“Empezó como la canción central de un melodrama de guerra y terminó formando parte de la Constitución. Pocas pelitas de propaganda pueden decir lo mismo.”Luz Brizuela
Y la cosa no terminó ahí, porque el destino de ese tema siguió generando películas. En mil novecientos cincuenta y nueve, cuando se cumplían los diez años de la República Popular, se estrenó Nie Er, el biopic sobre el compositor que le puso música a la marcha y que murió joven, en mil novecientos treinta y cinco, en Japón. Cuarenta años después llegó The National Anthem, una producción que repasaba la historia completa de la canción y que en taquilla no levantó vuelo. La original, esa del treinta y cinco que te estoy contando, está subida completa al Internet Archive, aunque sin subtítulos en español, así que te toca remangarte si querés verla en versión original.
La recomendación para el sábado a la noche
Si te pasó como a mí, que cada tanto te copa una historia que te cambia el modo de mirar algo tan institucional como un himno, este finde hay plan corto y al hueso: buscala en el Archivo de Internet, ponete unos mates, y mirá aunque sea los primeros veinte minutos de Hija de tiempos turbulentos. No vas a encontrar fácil los subtítulos en castellano, pero el arranque con esa canción que reconoce hasta un chino criado en Buenos Aires vale el rato. Y si te enganchás, después te metés en el biopic de Nie Er, que es el reverso humano de toda esta historia. Te lo digo en primera persona: cuesta creer que un tema nacido para acompañar un final romántico haya terminado grabado en la Constitución de mil cuatrocientos millones de personas. Y eso, para mí, es la mejor definición de lo que hace una buena canción cuando se cruza con la historia.
Yo soy el pibe de un tiempo borrascoso, decía la letra original de Tian Han. Y la verdad, medio siglo y pico después, ese pibe sigue cantando.
Te puede interesar
