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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Una bici, un súper y una sentencia que duele en la billetera

La Justicia de Neuquén confirmó la multa a un supermercado por el robo de una bicicleta en su playa de estacionamiento. El expediente administrativo sirve como prueba para que el damnificado siga reclamando la reposición del rodado.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 3 h
Una bici, un súper y una sentencia que duele en la billetera

La otra tarde, mientras tomaba un cortado en un bar del centro neuquino, escuché a Carmen, vecina del barrio Belgrano, contar indignada que le habían robado la bici del estacionamiento de un supermercado. Me acuerdo perfecto porque me miró por encima de los anteojos y me dijo: «Yo la dejé con candado, como siempre, y el que tendría que cuidarla es el comercio, no yo». Esa frase me quedó dando vueltas porque, según pude reconstruir después, lo que le pasó a Carmen no es una sensación: es justamente lo que acaba de confirmar la Justicia de Neuquén en un fallo que ya es referencia para todos los consumidores argentinos que alguna vez dejaron algo en la playa de estacionamiento de un súper y volvieron con las manos vacías.

La cadena que va del reclamo a la multa

El caso que llegó a los tribunales empezó como empiezan todos: un cliente entró a hacer las compras al supermercado, dejó su bicicleta atada con candado en el lugar previsto para eso, y cuando volvió a buscarla ya no estaba. Presentó el reclamo en la Dirección Provincial de Protección al Consumidor, que imputó al comercio por fallas en la seguridad de sus propias instalaciones. El supermercado se defendió en sede administrativa, apeló y, cuando el expediente llegó a la Justicia, el fallo le dio la espalda: la multa quedó firme, en un monto equivalente a cinco canastas básicas alimentarias, una cifra cercana a los cuatro millones de pesos.

  • El cliente dejó la bici con candado en el estacionamiento habilitado por el comercio.
  • Protección al Consumidor imputó al súper por fallas de seguridad.
  • El supermercado apeló primero en sede administrativa y luego en la Justicia.
  • La Justicia confirmó la sanción, equivalente a cinco canastas básicas.
  • El damnificado mantiene abierta una causa civil para reclamar la reposición del rodado.

Lo que más llama la atención es que el monto de la multa supera con holgura lo que habría costado reponer la bicicleta. La Dirección Provincial lo explica con una lógica que aplica hace rato: quien habilita un estacionamiento para uso de sus clientes asume la responsabilidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad en ese espacio, y eso incluye los vehículos depositados allí, sea un auto o sea una bici. La sanción no busca resarcir al damnificado sino castigar al comercio que no cuidó lo que estaba a su cargo, mientras que el resarcimiento económico directo se discute en paralelo en el fuero civil, donde el expediente administrativo funciona como prueba preconstituida.

El cartelito de «no nos hacemos cargo» no vale

Otro punto que me parece clave, y que a Carmen le habría encantado escuchar, es lo que dijo el organismo provincial sobre esos cartelitos que muchos comercios cuelgan en la entrada advirtiendo que no se responsabilizan por los robos en el estacionamiento. Según Protección al Consumidor, esa cartelería no tiene valor legal y encima puede inducir a confusión, así que los negocios que insistan en exhibirla se exponen a una infracción extra, con multa adicional incluida. La línea que traza la dirección es bastante clara: las cosas que el consumidor lleva consigo dentro del local —el celular en el bolsillo, la cartera colgada del hombro— quedan bajo su propia custodia; pero lo que el cliente deja en la playa de estacionamiento que el comercio habilita corre por cuenta del establecimiento.

Antes de cerrar, me fui hasta el barrio Belgrano a buscar a Carmen y contarle lo que había pasado con el fallo neuquino. Se quedó pensando un segundo, se acomodó los anteojos y me dijo, ya más tranquila: «Ves, yo no estaba loca. Si el súper no cuidó mi bici, que la pague». Y tiene razón: para eso sirve una multa así, para que la próxima vez que alguien ate su bicicleta con candado en un estacionamiento habilitado, el comercio se acuerde de que lo que está custodiando no es un hierro más, sino la tranquilidad de un cliente que confía en volver a encontrarla.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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