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Jueves, 1 de octubre de 2026
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Una mousse de frambuesas que se hace mientras el río se pone dorado

Sin huevo, con queso crema y yogur griego: la receta de Pamela Rodríguez que se prepara en quince minutos y se banca dos horas en la heladera, ideal para tener lista antes de que lleguen las visitas.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 1 h
Una mousse de frambuesas que se hace mientras el río se pone dorado

A veces pasa que uno está en la cocina con la luz de la tarde entrando por la ventana, y lo que más necesita es algo dulce que ya esté listo cuando suene el timbre. Esta mousse de frambuesas me resolvió más de una de esas tardes: se arma en un ratito, se guarda en la heladera y cuando los invitados se sientan a la mesa, uno la saca como si fuera lo más sencillo del mundo, que en realidad lo es.

La fórmula de Pamela Rodríguez, sin huevo y con libro propio

La receta sale del libro Postres Supersimples, de Pamela Rodríguez, y se destaca por algo que a mí, particularmente, me encanta: no lleva huevo. La base es una mezcla bien cremosa de queso crema, mermelada de frambuesa y yogur griego, a la que después se le suma crema de leche batida con azúcar impalpable. El resultado es una mousse aireada, con sabor intenso a frambuesa, que se sirve en vasos o copas y se corona con frambuesas frescas y pistachos picados.

  • Quince minutos de preparación activa, sin contar el frío.
  • Al menos dos horas de heladera antes de servir.
  • Sin huevo: la textura viene del batido de la crema.
  • Se puede dejar lista con bastante anticipación.

Los dos pasos que mandan en la textura

Lo que define a esta mousse son dos movimientos muy distintos. Primero, la base tiene que quedar lisa, sin un solo grumo, así que conviene procesar bien el queso crema con la mermelada y el yogur. Segundo, la crema de leche se bate con azúcar impalpable sólo hasta que empieza a marcar surcos: si nos pasamos, la mousse pierde esa ligereza que la caracteriza. El truco está en frenarse a tiempo.

La unión de las dos preparaciones se hace con movimientos envolventes, despacio, desde abajo hacia arriba, para que el aire del batido no se pierda. Una vez integrada, se reparte en vasos o copas, se tapa y a la heladera. En el kilómetro cero de la cocina, mientras pasan esas dos horas, uno puede ocuparse de lo que quiera: poner la mesa, cambiar la música, hasta dormirse una siesta corta. Cuando el postre vuelve a salir, lleva encima unas frambuesas frescas y pistachos picados, que le dan color y un toque crujiente que a mí me parece lo mejor.

Si van a poner el pie en la ruta, les cuento un dato práctico: la mousse puede quedar en la heladera más de dos horas sin problema, así que es de esas preparaciones que permiten manejar los tiempos con calma. Lo único que conviene hacer último, ya con la gente en la mesa, es la decoración con las frambuesas y los pistachos, para que se vean frescas y prolijas.

Yo suelo comerla en la galería mirando el río, pero queda bien en cualquier mesa familiar o en una reunión de amigos. Si les gusta la cocina de postre con anticipación, anímense a probar esta receta: en un ratito la tienen resuelta, y cuando los invitados pregunten cómo se hizo, la respuesta es siempre la misma: con paciencia, una buena mermelada y la heladera a mano.

Y ahora les paso la pelota, como siempre: ¿qué postre suelen preparar con anticipación cuando reciben invitados en casa? Cuenten que siempre sale algo bueno de esas conversaciones.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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