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Martes, 13 de octubre de 2026
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Una semana entera con la misma gris encima del AMBA: el bloqueo que no deja asomar el sol

Un centro de altas presiones atascado en el Atlántico sostiene la humedad, las lloviznas y el fresco en la ciudad y el conurbano. El miércoles y el jueves son los días más complicados, y la mejoría recién asomaría la semana que viene.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 53 min
Una semana entera con la misma gris encima del AMBA: el bloqueo que no deja asomar el sol

Camino por la cuadra de casa, en Boedo, y miré al cielo como quien mira el techo de un negocio cerrado: gris parejo, sin una rendija. Mi vecina Marta, que tiene un kiosco sobre la calle Carlos Calvo y siempre sabe más que el noticiero del mediodía, me salió al cruce con un termo bajo el brazo y la frase justa: Constanza, ya van cuatro días iguales, esto no es tiempo, esto es una mudanza que no termina. Me dijo algo que después comprobé al leer los partes: lo que tenemos encima no es un simple mal humor del clima, sino un bloqueo que tiene nombre técnico y, sobre todo, consecuencias bien concretas para la semana que se viene en la ciudad y el conurbano.

Por qué el cielo no cambia desde hace días

La explicación que repiten los meteorólogos tiene una palabra clave: bloqueo atmosférico. En criollo, significa que un centro de altas presiones se quedó estacionado sobre el océano Atlántico, al este de la provincia de Buenos Aires, y funciona como una pared que impide que entren otras masas de aire. Mientras esa pared siga firme, no hay rotación, no hay cambio de viento, no hay ingreso de aire seco ni de sol sostenido. El resultado es lo que estamos viendo: un AMBA con nubosidad persistente, humedad alta y temperaturas que no se mueven del rango fresco.

A esa configuración se suman los vientos del este y del sudeste, que arrastran humedad desde el río y la zona más firme y refuerzan la sensación de frío. No estamos ante una tormenta ni ante un temporal: estamos ante una semana en la que el cielo se queda con ganas de abrir y el termómetro se niega a trepar. La amplitud térmica, es decir, la distancia entre la mínima y la máxima del día, es mínima: las mínimas rondan los 11 y 13 grados y las máximas no pasan de 18. Para estar a mediados de octubre, es un número bajo.

Miércoles y jueves, los días más cargados

El momento más inestable de la semana está reservado para el miércoles y el jueves, cuando la probabilidad de lluvias supera el 70%. No se esperan diluvios: el miércoles se perfila con chaparrones ocasionales de hasta 5 milímetros, y el jueves sería el día pico, con acumulados que podrían llegar a los 10 milímetros. En la Ribera, además, el viento se hace sentir: velocidades de entre 10 y 20 kilómetros por hora, con ráfagas que pueden tocar los 40. Para quien tenga que mover cosas en el patio, sacar a pasear al perro a la noche o volver tarde del trabajo, es un dato a tener en cuenta.

El viernes tampoco regala una solución: el cielo seguirá mayormente cubierto, con nuevas lloviznas posibles y registros entre los 13 y los 17 grados. Recién hacia el fin de semana empezarían a insinuarse las primeras señales de cambio, con una baja en la probabilidad de lluvias y algún rato de sol más generoso. Pero la mejora firme, la que abre la puerta a días estables y con el cielo más azul, recién se espera para el arranque de la semana que viene. Hasta entonces, el abrigo, el piloto largo y el paraguas chico van a seguir siendo compañeros de ruta.

Volver a la esquina de siempre

Vuelvo a la cuadra de Boedo y me cruzo otra vez con Marta, que ya acomodó las mesas en la vereda y acomodó el termo sobre el mostrador. Me pregunta, con esa mezcla de resignación y humor que tenemos los porteños cuando llovizna tres días seguidos, si esto tiene arreglo o si vamos a tener que aprender a vivir bajo un techo de nube. Le contesto lo que aprendí mientras escribía esta nota: tiene arreglo, pero el arreglo no es de esta semana. Es de la que viene. Mientras tanto, lo más sensato es no confiarse con el parte de la mañana, llevar un piloto extra en la cartera y, sobre todo, no dejar el piloto colgado de la percha como si ya hubiera vuelto el calor. Todavía no.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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