Una semilla en el bolsillo y la promesa de un zapallo de 24 kilos: arrancó una nueva temporada del programa que invita a cultivar en casa
El PRODA lanzó la novena edición de Ciudad Zapallo en Mariano Moreno, con entrega de kits gratuitos, cuatro variedades y capacitación agroecológica. Más de 150 vecinos del interior neuquino ya se anotaron para competir en mayo del año que viene por el zapallo más pesado.
Apenas crucé la plaza central de Mariano Moreno, esta mañana, vi a un grupo de vecinas y vecinos sosteniendo paquetes de semillas como si fueran caramelos recién comprados en el kiosco del barrio. Había algo de ceremonia y algo de risa: una mujer de unos sesenta, gorrita de lana pese al sol, le mostraba el sobre a su nieto y le decía en voz baja «mirá, son cuatro colores distintos». Esa escena resume, creo, lo que vuelve a ocurrir aquí cada año con el arranque de Ciudad Zapallo, el programa del PRODA que ya transita su novena temporada consecutiva y que volvió a repartir semillas gratis en el interior neuquino.
El lanzamiento oficial se hizo en Mariano Moreno, el punto de encuentro de un proyecto que se fue extendiendo pueblo por pueblo. En esta edición ya se anotaron más de 150 familias de Mariano Moreno, El Cholar, Loncopué y Chos Malal, según precisaron los organizadores. La propuesta repite una fórmula simple: entregar junto a la semilla el conocimiento necesario para que esa semilla llegue a fruto, sin exigir un campo ni maquinaria, sólo un rincón de patio, una maceta grande o un cantero al sol.
Qué trae el kit y qué se aprende en la primera clase
- Cuatro variedades de zapallo: gris plomo, alargado, anko y Atlántico gigante.
- Cuidados esenciales: luz, temperatura, agua y suelo, los cuatro pilares del cultivo.
- Técnicas de fecundación de la flor femenina para asegurar el cuajado del fruto.
- Preparación del pozo de plantación con materia orgánica, bajo un enfoque agroecológico.
- Acompañamiento durante toda la temporada, hasta el cierre con premiación en mayo de 2027.
La clase inicial no se queda en la teoría: los capacitadores explican paso a paso cómo armar el pozo, qué tipo de composta conviene y por qué la fecundación manual de la flor puede cambiar la diferencia entre cosechar dos zapallitos o una calabaza de campeonato. Es, en definitiva, un curso acelerado de horticultura familiar pensado para gente que, en muchos casos, nunca había sembrado nada.
Lo más tentador de la propuesta es lo que ya ocurrió en temporadas anteriores. En la edición pasada, Daniel Panitrull, del paraje Los Hornos, ganó el primer puesto con un zapallo que pesó casi 24 kilos. El número asusta y, a la vez, contagia: si un productor de un paraje chico del interior llegó a esa cifra con las técnicas que enseña el programa, cualquiera puede imaginarse un fruto similar en el patio de su casa.
“Entregamos semillas y saberes al mismo tiempo, para que las familias vuelvan a producir parte de su propio alimento.”Aldo González, director provincial del PRODA
Quien se perdió el lanzamiento de esta mañana tiene la puerta abierta igual. Los kits se retiran, de manera gratuita, en la Dirección de Economía Circular de la municipalidad de Mariano Moreno. Sólo hace falta acercarse con documento y, sobre todo, con ganas de ensuciarse las manos. El concurso se cerrará en mayo de 2027 con un ranking y premiación a los zapallos más pesados y a los cultivares más destacados de la temporada.
Antes de tomarme el micro de vuelta, me acerqué a la vecina de la gorrita de lana. Se llama Marta y vive a tres cuadras de la plaza, en el barrio Central. Me dijo, mientras guardaba sus sobres en una bolsa de tela, que el año pasado le había «salido un zapallo hermoso, aunque no ganó nada», y que igual no lo cambió por nada. Este año piensa volver a probar, pero ahora con la variedad anko, que le recomendaron por el sabor. Mientras se alejaba rumbo a su casa, levantando la bolsa como si fuera un trofeo, entendí por qué este programa sigue creciendo temporada tras temporada: porque devuelve, en algo tan concreto como una semilla, la posibilidad de hacer algo con las propias manos, en familia, mirando crecer la planta hasta el día de la cosecha.
