Saltar al contenido
Jueves, 22 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Turismo ›
Turismo /

Villa Ortúzar se reinventa desde el mostrador: cómo cuatro locales nuevos eligieron el barrio por sus alquileres y sus veredas

Un asador, una pastelería en un galpón, una confitería y un restaurante con manteles y velas eligieron un barrio porteño de casas bajas, poco tránsito y estacionamientos fáciles. La clave no está en la vidriera sino en el bolsillo y en los metros extra.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 1 h
Villa Ortúzar se reinventa desde el mostrador: cómo cuatro locales nuevos eligieron el barrio por sus alquileres y sus veredas

Me crucé con Villa Ortúzar una mañana cualquiera, casi sin querer, y lo primero que me llamó la atención fue el silencio de sus calles. Las veredas, anchas como patios, invitan a caminar despacio, y da la sensación de que el tiempo pasa en otra frecuencia, lejos del fragor de las zonas gastronómicas de moda. No es un barrio al que uno vaya a deambular con hambre: quien llega hasta acá, llegó a propósito. Y ahí empieza la historia que quiero contarles, porque en los últimos años un puñado de cocineros y pasteleros decidió apostar justamente a eso, a que el público vaya a buscarlos por el producto y no por el simple hecho de pasar por la vereda.

La cuenta que cierra: alquileres más bajos, metros de más

La ecuación que hicieron estos emprendedores es bien concreta, y tiene números que se palpan. Los alquileres en Villa Ortúzar se ubican entre un 15 y un 20 por ciento por debajo de los valores de zonas más comerciales como Chacarita o Núñez, y esa diferencia no queda en el bolsillo del dueño: se traduce en metros adicionales para depósito, para una cocina cómoda o para esas mesas al aire libre que en los días de sol son una pequeña fiesta. Las veredas del barrio lo permiten, y el estacionamiento, que es un dolor de cabeza en Palermo o en San Telmo, acá aparece casi sin buscarlo.

El paisaje ayuda. Lo que quedó del pasado industrial del barrio, con sus grandes usinas y fábricas de principios del siglo XX, fue cediendo paso a una trama residencial tranquila, con casas bajas, mucho verde y ese ritmo pausado que mencionaba al principio. Conviven, como en un álbum de fotos, los clásicos de siempre con las propuestas nuevas. Hay una pizzería que arma cola en la vereda por su fugazzeta rellena, una parrilla que atiende las 24 horas, una cervecería abierta desde 1943 donde las picadas y las milanesas son una institución, y un bar notable que abrió sus puertas en 1930. Esos lugares fueron los que afianzaron una clientela de barrio antes de que nadie pensara a Villa Ortúzar como destino gastronómico.

Un galpón con olor a medialunas

En 2023 abrió sus puertas una pastelería que funciona dentro de un depósito de materiales reconvertido, y la experiencia merece una parada. Vayan con tiempo, porque el lugar recibe sobre todo gente que va a trabajar o a tener reuniones: las mesas están bien separadas, el ambiente es luminoso y el convite es quedarse. Lo curioso es que, contra lo que uno imaginaría, acá se vende más desayuno largo que pastelería para llevar, y el ticket promedio termina siendo más alto que en el local del mismo proyecto que funciona en otro barrio. A veces, cuando el espacio te da respiro, el cliente se relaja y pide otro café.

El efecto, como ven, es acumulativo: cada apertura nueva amplía la razón para ir hasta Villa Ortúzar, y eso anima a otros emprendedores a sumarse. Hoy el barrio suma un asador, una confitería, un restaurante con manteles y velas donde la velada se vuelve un pequeño rito, y esa pastelería en galpón que ya les describí. Geográficamente, además, el barrio está a un paso de Chacarita, Colegiales y Villa Urquiza, y según el Censo 2022 la Comuna 12, que incluye a Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredón, fue la que más creció en población entre 2010 y 2022, lo que anticipa una clientela que todavía no terminó de llegar.

  • Un asador de corte clásico, con la cocina a la vista y un servicio tranquilo que invita a quedarse.
  • Una pastelería instalada en un galpón reciclado, ideal para desayunos largos o reuniones de trabajo.
  • Una confitería de esas que resisten el paso del tiempo, con mesas en la vereda para los días de sol.
  • Un restaurante con manteles y velas, para esas noches en las que uno necesita que le cambien el ritmo.

Les dejo un consejo que surge de caminar el barrio: dense el gusto de combinar propuestas en una misma salida. Arrancuen con un desayuno largo en la pastelería del galpón, cerca del mediodía acérquense al asador para un almuerzo sin apuro, y si el cuerpo les pide un cierre con manteles largos, el restaurante nuevo los espera con la vela encendida. Para llegar, la opción más cómoda es tomar la línea B de subte hasta la estación Tronador o Los Incas, y desde ahí caminar unas pocas cuadras; si van en auto, no van a dar vueltas buscando lugar para estacionar, algo que en otros barrios gastronómicos se volvió una pesadilla. Los horarios, como en cualquier barrio que se precie, son los clásicos: los locales abren alrededor de las 9 de la mañana y extienden la jornada hasta la medianoche, aunque siempre hay alguno que se queda hasta más tarde. Les prometo que la próxima vez que pasen por Villa Ortúzar van a entender de qué hablo: hay un rumor de río quieto en el aire, esa calma que solo dan las sierras bajas de la ciudad, y una mesa servida que espera por ustedes.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

Te puede interesar