Volvió Río Café Bar a la esquina de Sarmiento y Troilo: pastas caseras, bodegón y un homenaje al dueño anterior
Después de poco más de un mes cerrado, el local de Almagro reabrió sus puertas el 21 de septiembre con nuevos responsables, una cocina renovada y una carta que dejó atrás las medialunas para sumar milanesas, bife de chorizo y fideos hechos en el sótano.
Te imagino caminando por Sarmiento, casi llegando a Aníbal Troilo, y de pronto volviendo a ver la barra encendida, las mesas ocupadas y ese murmullo típico de un café de barrio que vuelve a la vida. Así vuelve a latir Río Café Bar, en la esquina donde el tango tiene su propia calle y el barrio de Almagro se da una vuelta de orgullo. La reapertura fue el lunes 21 de septiembre y la nueva etapa ya se siente: adentro cambiaron el rosa de las paredes y la palmera pintada por tonos amarillos, y en el centro del salón se luce una barra de madera que invita a sentarse a charlar largo y tendido.
El local está en Sarmiento 4699, a metros de la esquina con Troilo, y abre de lunes a sábado de 7 a 0, mientras que los domingos funciona solo de 8 a 12, ideal para el que madruga con el diario bajo el brazo y se gana un café con medialunas antes de empezar el día. La transformación, eso sí, va mucho más allá de la pintura: la cocina fue modernizada y se incorporó un sector de producción en el sótano, un espacio que durante años había quedado sin uso y que hoy suena con el ruido de las máquinas amasando fideos.
La carta: del café clásico al bodegón con pastas propias
La nueva propuesta amplía la cafetería con platos de bodegón bien porteños, pensados para almorzar, merendar o cenar sin apuros. Las tortillas salen 15.000 pesos y los buñuelos, 14.000, como para ir abriendo el apetito mientras sale el principal. Las milanesas arrancan en 18.500 pesos e incluyen guarnición, un precio que todavía se puede mirar sin desmayarse en este presente que todos conocemos. Para los que comen en pareja o comparten con un amigo, la estrella es el bife de chorizo para dos, con huevos, morrón y papas fritas, a 56.000 pesos, una mesa llena y la conversación estirándose hasta que se enfría el último pedazo de pan.
- Tortillas a 15.000 pesos y buñuelos a 14.000, como entradas.
- Milanesas desde 18.500 pesos con guarnición incluida.
- Bife de chorizo para compartir a 56.000 pesos, con huevos, morrón y papas fritas.
- Pastas caseras elaboradas en el sótano del local.
- Postres: flan, tiramisú y panqueques hechos en la casa.
Las pastas del sótano y la cocina renovada
Las pastas son la gran apuesta de esta nueva etapa y se elaboran allí mismo, en un sector de producción que se montó en el subsuelo. Rodrigo, uno de los nuevos dueños, lo cuenta con la satisfacción de quien vio cómo se concretaba un proyecto largamente postergado: la cocina anterior tenía poca actividad y el cambio fue profundo, desde las instalaciones hasta el menú. De lunes a sábado, desde bien temprano, el olor a café recién hecho se mezcla con el de la masa, y uno entiende por qué la esquina vuelve a tener movimiento.
“Las negociaciones para quedarnos con el bar empezaron hace ocho o nueve años. La cocina era lo que menos funcionaba y la renovamos entera, y abajo, en el sótano que estaba sin uso, montamos la producción de pastas.”Rodrigo, nuevo dueño de Río Café Bar
Un homenaje en la puerta para Carlos, el dueño de los últimos 35 años
Detrás de esta reapertura hay una historia que conmueve, y vale la pena contarla. Carlos había estado al frente del negocio durante 35 años y murió días antes de la vuelta a la actividad. Los nuevos responsables habían empezado a charlar con él mucho antes, cuando todavía se podía soñar con el traspaso, y quisieron rendirle un homenaje en la puerta: colocaron una fotografía suya para que, al regresar a la esquina que cuidó durante décadas, pudiera verse aunque sea desde el marco de un retrato. Son esos gestos los que le dan sentido a un barrio y los que uno quisiera encontrar en cada manzana de Buenos Aires.
Si te tienta la vuelta, anotá estos datos: Río Café Bar queda en Sarmiento 4699, esquina Aníbal Troilo, en Almagro, a unas cuadras del río de gente que pasea por la zona. Si vas en auto, tomá como referencia el kilómetro 2,5 de la avenida Corrientes, porque el bar está a pocos pasos de ese punto y del cruce con Estado de Israel. Mi recomendación, porque ya me senté muchas veces por la zona a la hora de la merienda, es llegar entre las 12 y las 14 para probar las pastas del sótano, y después pedir un flan casero para cerrar la mesa como corresponde. Y si andás con chicos o con amigos con hambre, el bife de chorizo para compartir es una de esas elecciones que ahorran discusiones. Te dejo la invitación abierta: andá, sentate en la barra nueva y contame qué plato elegiste, porque un bodegón en Almagro siempre vuelve a sorprender.
