Domingo, 20 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaTurismo
Turismo /

Azcuénaga, el pueblo de los diez tenedores: una escapada con sabor a campo a cien kilómetros de la city

A una hora y media de Buenos Aires, este caserío de 350 habitantes concentra una oferta gastronómica sorprendente, alojamientos con historia y caminatas entre liebres y vizcachas. Guía práctica para armar la visita, con direcciones, horarios y el dato de la reserva que nunca puede faltar.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · 19 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A veces uno se sube al auto un sábado a la mañana buscando nada en particular, y termina encontrando un pueblo donde el tiempo parece haberse quedado en la antigua estación del ferrocarril. Azcuénaga queda ahí nomás, a unos cien kilómetros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, y tiene apenas 350 habitantes, pero concentra una movida gastronómica que ya quisieran pueblos cinco veces más grandes. La fórmula es simple: diez restaurantes que funcionan casi todos los fines de semana, una fonda centenaria convertida en hostería, un horno a leña que todavía amasa galleta de campo como en 1917 y una capillita inaugurada en 1907 que abre sus puertas gracias a la buena voluntad de una vecina. La recorrida se hace caminando, en bicicleta o en moto, y se completa con una noche en el campo si el cuerpo (y el ánimo) piden quedarse.

Diez mesas para elegir, pero hay que reservar

El primer consejo práctico lo subrayo en mayúsculas: en Azcuénaga, el domingo se come con reserva hecha, si o si. Durante la semana, la opción segura es el buffet del Club Recreativo Apolo, donde Marcelo Santander y Marcela Ronco sirven ravioles caseros y milanesas como las de antes. El resto de la oferta se reparten entre parrilla, pastas, cocina italiana y un guiño francés que sorprende a más de un comensal. Para darse una idea, vale la pena mirar la lista completa antes de salir de casa.

  • Almacén C&T: carnes y picadas en la antigua Casa Terren, abierta en 1912 y recuperada por la familia Coarasa.
  • La Porteña: pastas y osobuco con risotto de calabaza.
  • Lo de Grace: parrilla y pasta libre en una construcción rodeada de campo.
  • Cucina de Santo: pastas y mariscos.
  • Le Four: cocina francesa de la cocinera Vanesa Plaza, con platos como cordero con ciruelas.
  • La Posta y Silvestre: completan parte del circuito gastronómico del pueblo.
  • Buffet del Club Recreativo Apolo: ravioles caseros y milanesas, ideal entre semana.

Dónde dormir: de la fonda centenaria a las cabañas con pileta

Para quien decide quedarse a dormir, el pueblo ofrece de todo un poco, y todo con historia. La Piamonte ocupa el edificio de la antigua Fonda de Sforzini, que data de 1903 y todavía mira de frente a la vieja estación del ferrocarril. La Magnolia funciona en una casona rural, Rancho Aparte pone en mesa cabañas con pileta y El Nido es otra opción para pasar la noche. Un poco más alejados, los Vagones de Areco suman una alternativa diferente para los que buscan silencio de campo. Mi sugerencia, si la idea es hacer base y recorrer sin apuro, es quedarse al menos una noche: el pueblo cambia cuando se va la última mesa del domingo y queda solo el ruido de las vizcachas.

La caminata es corta pero rendidora. A pocas manzanas del centro se llega al campo abierto, donde los caminos rurales reciben bicicletas y motos, aunque conviene tener en cuenta que el estado del piso cambia según el clima: días de barro y días de polvo, sin término medio. Por las tardes se ven liebres, vizcachas y lechuzas, y el cielo pampeano se pone enorme cuando se corta la luz del pueblo. Dos paradas obligadas antes de irse: La Moderna, la panadería fundada en 1917 donde Laura González y sus hijas cocinan galleta de campo en un horno a leña, y la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907 y abierta los fines de semana por Ramona Lescano.

La escapada se arma como uno quiera: un día comiendo y caminando, o dos días con cena, noche y desayuno en alguna de las opciones de alojamiento. Yo me quedo con la segunda, porque el atardecer en los caminos rurales de Azcuénaga bien vale la pena quedarse a mirar. Si van, cuéntenme qué eligieron: el osobuco con risotto de calabaza de La Porteña, el cordero con ciruelas de Le Four o la galleta de campo recién salida del horno de La Moderna. Cualquiera de los tres es un buen plan para un finde largo.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

Te puede interesar