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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Bajo la superficie: la serie canadiense con Josh Hartnett que se comió la pantalla en cuatro días

Una miniserie de seis episodios filmada en Terranova mezcla misterio sobrenatural, drama de pescadores y una amenaza que viene de las profundidades del mar.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · · hace 1 h
Bajo la superficie: la serie canadiense con Josh Hartnett que se comió la pantalla en cuatro días

Yo tengo el corazón fugaz, y esta serie me lo aceleró desde el primer plano del agua. Bajo la superficie es la apuesta canadiense que en apenas cuatro días juntó 17 millones de visualizaciones y se metió de lleno en la conversación de los que buscamos algo distinto para el finde. La firma Josh Hartnett, que después de pegar el salto con Pearl Harbor y Oppenheimer Tray vuelve a un protagónico cargado de silencio y de gestos, y se luce.

La historia arranca en Snooks Arm, un pueblo chico de la costa de Terranova donde los días se marian según lo que devuelve la red. Ahí nomás aparece Calvin Penney, el personaje de Hartnett: un pescador con el mar como oficina y un montón de cuentas pendientes con su propio pasado. La muerte de su padre todavía le pesa en los hombros y, como si fuera poco, empiezan a aparecer señales raras en el agua que nadie sabe explicar. La serie trabaja todo el tiempo en ese doble registro, lo de afuera del casco y lo de adentro del pecho, y por eso atrapa.

De qué va, sin spoilear

  • Calvin Penney, pescador de toda la vida, hereda el barco y los problemas después de la muerte de su padre.
  • Fonda Howander, la investigadora marina que interpreta Mackenzie Davis, llega al pueblo con una mirada científica que choca de lleno con el saber de los pescadores.
  • Empiezan a aparecer fenómenos extraños en el mar que nadie en el pueblo puede explicar y que cambian la rutina del pueblo entero.
  • La tensión entre lo que se puede demostrar y lo que se siente en el cuerpo es el motor de los seis episodios.

Lo que más me gustó, y se lo cuento porque lo vi, es que la producción se mandó a filmar a Terranova de verdad. No es un decorado lindo de estudio, es costa atlántica canadiense con casas reales y pescadores reales haciendo de extras. Eso le da a la serie una verosimilitud que se nota desde el primer capítulo: el viento pega de verdad, la niebla tapea de verdad y la gente camina como caminando cansada, no como actuando cansada.

En lo que hace al género, no esperen el jumpscare cada tres minutos. Acá el terror viene por acumulación, por esa cosa de mirar el mar y no saber qué hay debajo. La cámara se queda en los rostros, en el oleaje, en los pueblos vacíos, y la amenaza queda siempre medio afuera de cuadro, como una presenza que uno intuye pero no termina de ver. A mí, que soy de los que nos gusta el cine de atmósfera más que el de golpecitos de efecto, me terminó ganando.

Hartnett, al que en otra vida lo vimos de galancito de Hollywood, se luce con un personaje contenido, de los que hablan poco y miran mucho. Y Mackenzie Davis le planta la ciencia a la historia con la energía y la sobriedad que ya le conocemos desde Black Mirror y Tully. La pareja funciona, y la química entre los dos le termina de dar al relato el punto justo que necesita para que uno le crea todo.

Para el sábado a la noche, si te copa la idea de quedarte pegado al sillón con algo que no sea la típica serie de plataforma, Bajo la superficie te viene como anillo al dedo. Son seis capítulos de alrededor de 40 minutos cada uno, ideal para maratonear o para dosificar de a dos por finde. Te la recomiendo con los ojos cerrados.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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