Chacarita, vinilo y una invitación a sacar el teléfono del medio
Artlab, un predio de 540 metros cuadrados sobre Roseti 93, se prepara para cerrar la octava edición porteña del festival MUTEK con una premisa singular: escuchar música sin la pantalla cerca. Hablamos con su fundador, Gonzalo Solimano, y con vecinas del barrio que ya se habituaron a la rutina.
Son las seis de la tarde en Roseti al noventa y pocos y el ruido todavía no empezó. En la vereda de enfrente, Marta, vecina de Chacarita desde hace más de veinte años, me cuenta mientras acomoda las plantas de su balcón que aprendió a reconocer la movida que se arma en ese galpón reformado. "Los pibes entran con bolsas de discos y salen a las tres de la mañana, pero nunca hay un grito ni un lío. Es música seria, ¿viste?", dice, y se ríe como si todavía le costara entender qué hacen cuarenta personas escuchando un álbum de Miles Davis sin chusmear el celular. La escena, simple y de barrio, resume bastante bien lo que pasa puertas adentro de Artlab, el espacio que Gonzalo Solimano abrió en 2015 en ese mismo domicilio y que este domingo recibe el cierre de la octava edición porteña del festival MUTEK.
Un galpón, ocho parlantes de los cincuenta y un DJ de Villa Urquiza
El lugar ocupa unos 540 metros cuadrados dedicados por completo a la música electrónica y al arte audiovisual. Lo que sostiene la propuesta es una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954, con los que Solimano fue armando una identidad sonora que no se parece a la de casi ningún otro sitio de la ciudad. "Hay indicios de que los equipos vienen de un cine porteño emblemático, pero todavía no pude verificarlo", me dice él, nacido en Villa Urquiza en 1979, DJ y productor, mientras acomoda vinilos sobre una consola que parece rescatada de otra época. La idea de fondo es volver a un tipo de escucha que, según su propia lectura, las nuevas generaciones están empezando a buscar de vuelta.
“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, fundador de Artlab
Esa búsqueda de ritual es, en buena medida, la columna vertebral de los dos ciclos regulares que sostiene el espacio. Por un lado funciona Audiófilos, una sesión pensada para escuchar un álbum completo de punta a punta, sin notificaciones, sin chats, sin la tentación de filmar un fragmento para subirlo a una red. El repertorio puede ir de Miles Davis a Pink Floyd, de Invisible a Massive Attack, y el soporte varía según convenga: hay títulos que se reproducen en vinilo, otros en CD y otros en archivos sin compresión, siempre con el criterio de elegir el formato que mejor le haga justicia a cada obra. Por el otro lado sigue latiendo Círculo de Sonido, la cita bailable de house con Solimano y otros DJs en consola, la contracara más festiva y corporal de la misma idea de prestar atención al sonido.
MUTEK, IA y la vuelta del CD
Este domingo el galpón de Roseti recibe el cierre de la octava edición porteña del festival MUTEK, una plataforma nacida en Canadá en 2000 y que Solimano trajo al país en 2018. La propuesta se mueve lejos del formato masivo: apunta a la música electrónica experimental, al cruce con el arte audiovisual y a la exploración de nuevas tecnologías, con una escala mucho más chica y un público que ya sabe a lo que va. En paralelo, el fundador observa dos movimientos que le llaman la atención. El primero es el regreso del vinilo, del que ya dan cuenta los mismos asistentes que llegan con bolsas de discos. El segundo, menos obvio, es un interés renovado por el CD, un formato que durante años se dio por muerto y que, en su lectura, está empezando a recuperar terreno entre oyentes más jóvenes. Sobre otro de los temas que cruza a la industria, el uso de inteligencia artificial en la creación musical, su postura es directa y la repite cada vez que puede: "Es un recurso muy potente y la clave es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, no que haga tu obra por vos."
- Roseti 93, Chacarita, es la dirección exacta del espacio, abierto desde 2015.
- El corazón del lugar son dos ciclos: Audiófilos, para escuchar álbumes completos sin distracciones, y Círculo de Sonido, para bailar house.
- El domingo cierra allí la octava edición porteña del festival MUTEK, con perfil experimental y escala reducida.
- La identidad sonora se sostiene en ocho sistemas de parlantes Altec A7 de 1954, posiblemente provenientes de un cine porteño.
- Además de electrónica, Artlab programa jazz y propuestas de arte visual, y su fundador destaca el regreso del vinilo y un renovado interés por el CD.
Antes de irme, vuelvo a cruzarme con Marta, que ya regó las plantas y me mira con esa mezcla de curiosidad y descreimiento que tienen los vecinos viejos de Chacarita cuando algo nuevo se instala en la cuadra. Le pregunto si iría a escuchar un álbum entero sin mirar el teléfono, como propone Audiófilos, y se queda pensando un segundo. "Y, mirá, capaz que sí. Una tarde, con un vinilo y un café, hasta a mí me tientas", me dice, y se despide con un gesto que parece más una aprobación barrial que un comentario musical. Es, tal vez, la mejor forma de describir lo que intenta Artlab: un experimento pequeño, en un galpón de Chacarita, que le pide a quien entra algo cada vez más raro en estos tiempos, que es simplemente escuchar.
