Criar sin perder la brújula: por qué poner límites también es una forma de cuidar
Especialistas en crianza sostienen que sostener un "no" con afecto no es autoritarismo, sino la base para que chicos y chicas aprendan a tolerar la frustración y a convivir. Cuando el diálogo se vuelve negociación permanente, el mensaje que llega a la infancia es confuso.
A la salida de la escuela primaria del barrio de Villa Crespo, mientras los chicos se cruzan de a tres por la puerta y alguna mochila queda colgada de un árbol, Marta Aguirre, mamá de Tomás y Julieta, me cuenta algo que repite en su casa desde hace meses: "Yo pensé que poner límites era ser autoritaria, y ahora me doy cuenta de que a mis hijos les hacía falta que yo los sostuviera. Cuando dejé de sostenerlos por miedo al berrinche, todo se volvió un quilombo". Lo dice con la crudeza de alguien que vio de cerca el cambio y, sobre todo, lo padeció. Esa escena, tan cotidiana, resume un debate que hoy cruza a las familias argentinas: dónde queda, en la crianza actual, la línea entre el diálogo y la ausencia total de normas.
Cada vez más familias apuestan por reemplazar las órdenes y los castigos por conversaciones largas, a veces demasiado largas. El problema aparece, según las especialistas consultadas, cuando ese diálogo se transforma en negociación permanente y el adulto termina cediendo para evitar el conflicto. Ahí, dicen, no hay diálogo: hay claudicación. Y lo que queda en el aire es un mensaje confuso para los más chicos.
Autoridad no es autoritarismo: la diferencia que cambia todo
“Conversar no quita autoridad; al contrario. La pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita. Si para esquivar un berrinche terminamos moviendo el límite, el mensaje se vuelve sumamente confuso.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil, autora de "Infancias respetadas"
- Autoritarismo: es un abuso de poder. Se impone sin escucha y muchas veces con violencia o humillación.
- Autoridad democrática: combina normas claras con afecto y diálogo. Es el estilo que más especialistas recomiendan.
- Permisividad: predomina el cariño, pero faltan límites sostenidos. Suele generar dificultades para autorregularse y baja tolerancia a la frustración.
- Democrático o autoritativo: reglas firmes explicadas con palabras, y presencia afectiva del adulto que sostiene lo que dice.
La psicóloga Deborah Bellota describe a esos padres permisivos como muy afectuosos, pero paralizados por el miedo a que el hijo se enoje con ellos. Esa dinámica, advierte, puede convivir con una buena autoestima y, al mismo tiempo, producir chicos a los que les cuesta tolerar un "no", resistirse a cualquier figura de autoridad y regular sus emociones cuando algo no sale como esperan.
Para Raschkovan, los límites son una forma de cuidado y no un castigo: "Son indispensables para aprender a vivir en sociedad. La vida misma ya presenta dosis diarias de frustración: hay que ir a dormir aunque quieran seguir jugando, no se puede almorzar caramelos, hay que dar la mano para cruzar la calle. Esas pequeñas frustraciones cotidianas van construyendo la tolerancia a la frustración". La especialista insiste en que esa tolerancia no brota sola: se aprende. Y se aprende, sobre todo, dentro de un entorno seguro donde el "no" existe sin violencia y con explicación.
Lo que escucho mientras escribo esta nota, y lo que vuelve una y otra vez a mi paso por los barrios porteños, es la misma duda que arrastra Marta Aguirre: cómo hacer para que los chicos entiendan que los quieren aunque les digan que no. La respuesta, coinciden las especialistas, no está en callar ni en gritar: está en sostener. Decir, explicar, cumplir y acompañar el enojo que el límite pueda provocar. Acompañar, también, la frustración que muchas veces se lleva puesta la paciencia de los adultos. Como me decía Marta al despedirse en la esquina de su casa, con sus hijos ya tirando de la mochila hacia la plaza: "Ahora entiendo que ponerlos es cuidarlos. Y que cuidarlos no es dejarlos hacer todo". Esa, creo yo, es la conversación que muchas familias todavía se deben.
