Cuando el avión se sacude antes de despegar: así se desarma el miedo a volar según Conrado Estol
El neurólogo argentino desglosó las claves para dejar de asociar cada vuelo con una tragedia: desde mirar el radar de aplicaciones hasta entender por qué las turbulencias aparecen incluso con cielo despejado.
La cola del colectivo que dobla en Olivera, en Moreno, suele ser un termómetro infalible de la jornada. Hace unos días, mientras esperaba el 57, escuché a Irma, una vecina de toda la vida, quejarse del próximo viaje que tiene planeado con su hija a Salta. "Ya me empezó el dolor de panza y no tengo ni el pasaje en la mano todavía", me dijo, revoleando los ojos. Esa frase me quedó resonando porque, en realidad, sintetiza a la perfección lo que el neurólogo Conrado Estol describe como el primer gran enemigo del pasajero: la anticipación.
El problema empieza antes del embarque
Para Estol, los controles, los papeles migratorios y la misma preocupación por llegar tarde al aeropuerto funcionan como disparadores previos que se enchufan con la ansiedad del viaje. El especialista aclaró que en esos casos la expectativa del embarque ya moldea el malestar, aunque reconoció que la claustrofobia también puede meterse en la conversación y agravar el cuadro.
Ahora bien, ¿qué se puede hacer frente a ese ruido mental que aparece mucho antes de ocupar el asiento 14C? El médico propuso un ejercicio bastante concreto: bajar una aplicación de seguimiento de vuelos y mirar, con atención, cuántos aparatos circulan al mismo tiempo por el cielo del mundo. La idea, según explicó, es dimensionar un movimiento aéreo que es cotidiano y masivo, y ubicar el viaje propio dentro de esa corriente, para dejar de pensarlo como un hecho aislado y excepcional.
Por qué las turbulencias asustan más de lo que duran
- Hay sacudidas que no tienen nada que ver con tormentas y aparecen incluso con cielo totalmente despejado, algo que suele descolocar a quien mira por la ventanilla esperando ver la causa.
- La expectativa del tiempo suele ser el verdadero motor del miedo: los episodios fuertes rara vez se extienden más allá de unos pocos minutos, aunque la cabeza los imagine eternos.
- Como ejercicio de contraste, Estol sugirió prestar atención a los movimientos que se toleran sin chistar en un viaje en tren o en micro de larga distancia.
Sobre las tormentas propiamente dichas, el neurólogo fue claro: los pilotos cuentan con herramientas para identificar los fenómenos meteorológicos y modificar el recorrido en cuestión de minutos. Además, insistió en el papel de los protocolos de cabina, cuyo objetivo central es evitar distracciones durante la operación y mantener a la tripulación enfocada en el mando.
“Lo que el especialista desaconsejó de manera tajante fue recurrir al alcohol para sobrellevar el miedo: advirtió que la bebida puede provocar insomnio y deshidratación, y advirtió que el verdadero riesgo es que el temor termine condicionando los viajes o las vacaciones.”Conrado Estol, neurólogo
Cuando le conté a Irma el truco de mirar el mapa de vuelos en el celular, se rio con esa mezcla de descreimiento y esperanza que solemos tener los que caminamos por Olivera. "Mirá vos, capaz que la paso bien y todo", me dijo, mientras el 57 por fin asomaba por la esquina. Tal vez, como dice Estol, empezar a ponerle números y contexto a lo que sentimos sea el primer paso para que el avión deje de ser, antes de despegar, un motivo de panza revuelta.
