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Cuando el café de los chicos no se cuenta solo en tazas: lo que hay que mirar para que descansen de verdad

Especialistas de Yale repasaron qué señales tener en cuenta, dónde se esconde la cafeína y por qué el horario de consumo puede hacer que un adolescente termine más cansado de lo que empezó el día.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A la salida del colegio, en una esquina de Villa Urquiza, me cruzo con Patricia, mamá de Luca, de 14 años, que me cuenta que este año le empezó a costar levantarse para ir a clases. Lo primero que pensó fue en las pantallas y en la hora de irse a dormir, hasta que un día le revisó la mochila y se topó con tres paquetes de sobres saborizados de esos que se venden en el kiosco. La escena, que se repite en muchas casas, fue el punto de partida para entender por qué los especialistas de Yale están poniendo el foco en la cafeína que consumen los adolescentes, que no siempre llega en una taza de café y que puede ser una de las razones por las que el descanso y el cansancio no terminan de acomodarse.

Señales para mirar en casa antes de sospechar de otras cosas

  • Dificultades para conciliar el sueño o despertares durante la noche.
  • Nerviosismo, temblores y, en los casos más notorios, palpitaciones.
  • Molestias digestivas y una inquietud que antes no estaba.
  • Ansiedad y una caída del rendimiento escolar que no se explica solo por las pantallas.

Para la neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, esas son las pistas a las que conviene prestarles atención antes de pensar en otras causas. Si alguna aparece, dijo, puede ser momento de revisar qué consume el adolescente durante el día, porque un exceso de cafeína no siempre se nota de inmediato pero deja marcas en el cuerpo y en el humor.

La cafeína no viene sola ni siempre en taza

Acá es donde la cosa se complica, porque los jóvenes no suelen tomar café como un adulto. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y, sobre todo, en esos sobres saborizados que se vendían como algo casi inofensivo. Según los especialistas de Yale, esos sobres pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, una cifra que supera ampliamente lo que contiene una taza de café chica y que, muchas veces, los chicos consumen sin registrar que están tomando un estimulante.

“Los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden favorecer que los jóvenes los prueben sin dimensionar lo que están ingiriendo.”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale

Kong, que trabaja en la Universidad de Yale, fue tajante al describir la estrategia de esos productos: se parecen más a un jugo que a un café, y por eso los adolescentes los eligen sin pensarlo. Revisarlos en la alacena y en la heladera, entender qué dicen las etiquetas y cuántos miligramos suman en el día es, según las especialistas, el primer paso para no subestimar lo que se está tomando.

El horario cuenta tanto como la cantidad

Hay un dato que a Patricia le cambió la lectura de lo que pasaba con Luca: la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla y, cinco o seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se ingirió. Por eso, Agrawal sugirió evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada familia. Lo que parece una decisión menor termina pesando en la noche: si un chico toma un sobre a las cinco de la tarde, a las once de la noche todavía tiene encima buena parte del estimulante.

Y acá se suma otro fenómeno típico de la adolescencia. El reloj biológico a esa edad se va corriendo más tarde y les cuesta dormirse temprano y levantarse a tiempo. Si al día siguiente el cansancio empuja a buscar otro estimulante para funcionar, el alivio es solo momentáneo y vuelve a retrasar el descanso, con lo que el agotamiento se acumula. Es un loop del que cuesta salir sin hablarlo en casa.

Qué recomiendan los especialistas y qué mirar en las rutinas

  • Evitar la cafeína antes de los 18 años y sacar las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes, como propuso Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale.
  • Recordar que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que las que tolera un adulto, según advirtió Agrawal.
  • Prestar atención al consumo durante los videojuegos: muchas veces no responde solo a querer estar despierto sino a una costumbre compartida con otros jugadores, señaló Park.
  • Cuidar las rutinas nocturnas, reducir la luz de las pantallas antes de dormir y revisar en qué momento del día se consume cualquier producto con cafeína.

Vuelvo a Patricia, en Villa Urquiza, y me cuenta que después de esa conversación con su hijo empezaron a leer juntos las etiquetas, sacaron los sobres de la rutina y corrieron el consumo de mate y de chocolate caliente a la mañana. No fue un cambio mágico ni definitivo, pero dice que a la semana ya notó algo que para cualquier madre vale: Luca se duerme más rápido y se levanta con menos pelea. Esa, coinciden las especialistas de Yale, es la señal de que la familia está mirando el problema en el lugar correcto.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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