Viernes, 11 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaVida
Vida /

Cuando el cuerpo se acostumbra a vivir en alerta y uno ni se da cuenta

Despertar agotado, perder el hilo de una frase o estallar por una pavada suelen parecer males menores. Cuando se encadenan, configuran un cuadro de estrés sostenido que los especialistas empiezan a llamar modo supervivencia y que, detectado a tiempo, se puede revertir antes de que pase factura.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 11 de septiembre de 2026 · hace 56 min

Son las siete y cuarto de la mañana en el barrio de Villa Crespo y, mientras espero el colectivo en la esquina de Corrientes y Scalabrini Ortiz, veo a Marta, la vecina del tercer piso, salir con el bolso colgado y cara de no haber dormido. Me saluda con un gesto rápido y me dice, casi sin frenar: "Llevo meses así, me acuesto rendida y me levanto como si me hubiesen pasado un trapo por encima. Pensé que era la edad, pero un día me olvidé el documento en el colectivo y otro dejé la hornalla prendida. Algo no anda bien". Lo cuenta mientras acomoda la bufanda y mira el reloj con esa urgencia que ya se volvió costumbre en su vida.

La escena se repite en cualquier manzana de Buenos Aires, en cualquier espera de subte, en cualquier oficina. La diferencia entre una semana brava y un cuadro instalado está en algo que parece obvio pero que rara vez se nombra: la respuesta de estrés no se apaga. Uno sigue funcionando, llega a horario, contesta mensajes, cumple con lo que tiene que cumplir, pero por dentro opera con un motor que gira en vacío, gastando nafta que no tiene.

Señales que aparecen sueltas pero suman

  • Sueño fragmentado: despertarse a las tres de la mañana sin un motivo claro y quedarse dando vueltas en la cabeza.
  • Dificultad para concentrarse: perder el hilo de una conversación a mitad de frase o volver tres veces sobre el mismo párrafo.
  • Memoria más frágil: olvidar dónde se dejaron las llaves, compromisos recién asumidos o nombres que uno conocía de memoria.
  • Irritabilidad creciente: reaccionar con una intensidad desproporcionada ante un contratiempo menor, como un corte de luz o un mensaje fuera de contexto.
  • Cansancio matinal: levantarse agotado aun después de dormir siete u ocho horas, con sensación de que el descanso no reparó.
  • Tensión corporal: mandíbula apretada, contractura en el cuello o sensación de tener un nudo permanente en el estómago.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos vienen insistiendo en que el estrés sostenido deteriora el sueño, la concentración y el ánimo. Una revisión publicada este año en la revista Frontiers in Psychology, que repasó 45 revisiones y más de 2.000 estudios, encontró que las alteraciones del sueño y los problemas cognitivos aparecen de manera consistente en los cuadros de estrés crónico. Otro trabajo publicado en 2024 en Neurobiology of Stress agregó que la exposición prolongada puede afectar la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control de la conducta, es decir, funciones básicas para manejarse en la vida cotidiana.

“El problema surge cuando la respuesta de estrés no logra apagarse. En ese punto, el cerebro deja de administrar bien recursos básicos: organizar, recordar, priorizar y responder con calma se vuelven tareas que consumen más energía que antes.”Leah Doane, profesora de Psicología de Arizona State University

En los últimos tiempos empezó a circular en espacios de bienestar la idea de modo supervivencia, un concepto que no figura en los manuales de psiquiatría pero que sirve como mapa para ordenar señales que, tomadas de a una, parecen anodinas. Lo importante no es el rótulo sino el patrón: cuando varias de esas señales se encadenan durante semanas y empiezan a afectar el vínculo con la familia, el rendimiento en el trabajo o la capacidad de disfrutar cosas que antes hacían bien, conviene sentarse a mirarlo en serio.

Antes de cerrar la nota vuelvo a pensar en Marta, que después del trabajo se cruzó conmigo en el kiosco de la esquina y me contó que fue al médico, que le pidieron estudios y que empezó a dormir sin el celular en la mesita de luz. Me dijo, ya con otro tono: "No es que me haya pasado la vida, es que por fin entendí que el cuerpo me estaba avisando". Esa frase, que parece simple, condensa lo que los especialistas insisten: el cuerpo habla, y cuando uno deja de escucharlo aparecen los problemas.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

Te puede interesar