El acoso escolar que no termina cuando suena la campana: pediatras alertan por el bullying que se muda al celular y persigue a los chicos hasta la cama
Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría, firmado por ocho de sus comités, advierte que las agresiones que empiezan en el aula se prolongan por WhatsApp, redes y videojuegos y llegan al cuarto del chico sin pausa posible. El texto llama a familias, escuelas y equipos de salud a actuar en conjunto frente a un fenómeno que ya no distingue entre el patio y la pantalla.
En el barrio de Villa del Parque, donde vivo, todavía se escucha a las madresTalking, no, no, acá no hablo de otro idioma. La escena es esta: son las siete y veinte de la mañana, en la puerta del colegio hay un grupo de chicas de sexto grado que se despiden con un abrazo largo, de esos que parecen de película, y del otro lado de la vereda una mamá le comenta a otra, en voz baja, que su hija no quiere volver a la escuela desde hace tres meses. La mujer se llama Marta y vive a tres cuadras de mi casa. Me cuenta que la nena llega del colegio, se tira en la cama y prende el celular: ahí sigue el mismo grupo donde la insultaron a la tarde. Cuando apaga el teléfono, el acoso ya le tomó el día entero.
Esa continuidad que describe Marta, esa imposibilidad de encontrar un momento del día donde la agresión se detenga, es exactamente lo que preocupa a la Sociedad Argentina de Pediatría. La entidad acaba de publicar un documento elaborado por ocho comités y subcomisiones especializadas, entre ellos los de Salud Mental, Adolescencia, Pediatría Ambulatoria y el de Tecnologías de la Información y la Comunicación, que pone el foco en un fenómeno que los propios pediatras ya describen como inseparable: el bullying y el ciberbullying.
Una agresión que no entiende de horarios ni de pantallas
La idea central del documento es simple y a la vez inquietante: el acoso escolar ya no termina cuando suena la campana. Una situación que empieza en el aula puede seguir esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver al chico al colegio a la mañana siguiente. Para los pediatras, esa continuidad borra uno de los últimos espacios de resguardo que tenían los chicos, que era, justamente, volver a casa.
“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
Las formas que puede tomar el ciberbullying
- Mensajes de odio y burlas enviadas por chat o redes sociales.
- Acecho y seguimiento digital de la víctima a través de distintas plataformas.
- Votaciones o encuestas para humillar a un compañero o compañera.
- Perfiles falsos y suplantación de identidad.
- Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
- Exclusión deliberada de grupos de chat o de juegos en línea.
- Manipulación de imágenes y videos, incluyendo memes y contenidos editados con herramientas de inteligencia artificial que son cada vez más accesibles.
La SAP subraya que este último punto cambia las reglas del juego. Una foto alterada con inteligencia artificial puede llegar a audiencias mucho mayores que las del aula, viralmente y volverse muy difícil de borrar. Lo que antes quedaba en un pasillo hoy se replica en una pantalla y se mete, literal, en el cuarto del chico.
Qué es bullying y qué no lo es
El documento aclara algo que en los patios y en las familias se confunde seguido: no toda pelea entre compañeros es bullying. Para que una situación sea considerada acoso escolar tiene que reunir tres condiciones al mismo tiempo: intención de causar daño, repetición en el tiempo y un desequilibrio de poder que impide a quien lo sufre defenderse o ponerle fin. Puede ser físico, verbal o relacional, es decir, aislamiento, indiferencia o difusión de rumores.
La SAP insiste en que se trata de un fenómeno grupal, y por eso mismo la solución no puede recaer en la víctima. En esa madeja están los compañeros que miran sin intervenir, los adultos responsables dentro de la escuela, las familias y la propia institución. La entidad es tajante: jamás se le puede pedir a un chico que está siendo hostigado que resuelva el problema por su cuenta. Hacerlo, dice el documento, es una forma más de hostigamiento.
Las consecuencias que ven los pediatras en el consultorio
Los especialistas enumeran un abanico de señales que aparecen en la consulta y que pueden pasar inadvertidas en la casa. Van desde dolores físicos recurrentes, sobre todo de cabeza y de panza, hasta alteraciones del sueño, caída del rendimiento escolar, ansiedad, aislamiento, tristeza persistente y, en los cuadros más graves, ideas de hacerse daño. Cuando el acoso se traslada al celular, esas manifestaciones suelen intensificarse porque el chico no encuentra un momento del día en el que la agresión se detenga.
A quiénes les habla la Sociedad Argentina de Pediatría
- A las familias, para que estén atentos a cambios de humor, de sueño y de apetito, y para que acompañen sin revictimizar.
- A las escuelas, para que tengan protocolos claros, equipos de convivencia formados y docentes capaces de detectar situaciones en el aula y en los grupos digitales.
- A los equipos de salud, para que el consultorio pediátrico sea un lugar seguro donde el chico pueda contar lo que le pasa y donde se articulen respuestas con la escuela y la familia.
- A los propios chicos, para que aprendan a pedir ayuda y entiendan que del lado del acosador nunca están solos los adultos.
Cuando termino de leer el documento y vuelvo a pensar en Marta, me queda dando vueltas una idea que repite la SAP: el bullying necesita testigos silenciosos para sostenerse. Si un adulto no pregunta, si una escuela no actúa, si una familia mira para otro lado, el acoso se queda instalado en la vida del chico, adentro del aula y adentro del celular. La puerta del colegio de Villa del Parque sigue abierta a la mañana siguiente, y del otro lado hay una nena que, como tantas otras, merece que alguien le diga que lo que le pasa tiene nombre, que no es culpa de ella y que no tiene por qué resolverlo sola.
