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Cuando la gripe da un paso más: las señales que no conviene dejar pasar

Falta de aire, dolor en el pecho y un empeoramiento después de sentirse bien son motivos para consultar. El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que la influenza puede complicarse con neumonía, sepsis o eventos cardíacos, incluso en personas sin antecedentes.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 20 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Son las siete de la tarde y todavía hay sol en el barrio de Villa del Parque, donde vivo desde hace más de veinte años. Mientras bajo la persiana del kiosco de la esquina, Marta, la vecina de toda la vida, me dice que arrastra una gripe desde el lunes y que ayer, justo cuando creía que la fiebre cedía y el cuerpo aflojaba, volvió a sentirse mal con un escalofrío nuevo y una opresión en el pecho que la asustó. Esa frase, que escucho una y otra vez en la cuadra cada invierno, es la mejor puerta de entrada para hablar de un tema que suele quedar oculto debajo del "es solo una gripe": las complicaciones que pueden aparecer cuando uno cree que ya está saliendo del cuadro.

Yo lo viví de cerca con mi viejo, que terminó internado por una neumonía después de una semana en la que todo parecía mejorar. Por eso, cuando leí la explicación del infectólogo Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas consultado por Cleveland Clinic, me quedó la certeza de que esa sensación de empeorar de golpe después de una mejoría no es un detalle menor: es la pista principal de que algo se torció y de que el cuerpo necesita atención médica sin demora.

Las señales que obligan a consultar

Falta de aire, dolor o presión en el pecho y labios o uñas azulados son motivos para pedir ayuda de forma urgente. También deben encenderse las alarmas cuando aparecen confusión, desmayo, vómitos muy intensos o una deshidratación severa. En los más chicos, la respiración acelerada y el llanto que no se calma pese a los mimos son indicadores de que hay que salir corriendo al centro de salud más cercano.

  • Falta de aire o sensación de ahogo.
  • Dolor o presión persistente en el pecho.
  • Labios o uñas de color azulado.
  • Confusión repentina o desmayo.
  • Vómitos intensos o deshidratación severa.
  • En niños: respiración acelerada y llanto que no se calma.

Quiénes tienen más riesgo

La consulta temprana cobra especial importancia para quienes conviven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas, pulmonares u obesidad, ya que en esos pacientes el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas. También presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, aunque no lo elimina: el virus puede complicar a cualquiera.

Kotekal señaló a la neumonía como la complicación potencialmente mortal más habitual: puede deberse al avance directo del virus hacia los pulmones o a una infección bacteriana que se aprovecha del debilitamiento de las defensas. A esa lista se suman la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios; el empeoramiento del asma o de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica; la insuficiencia respiratoria; y, en personas con cardiopatías previas, la alteración del pulso y de la presión arterial que puede desembocar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.

“La mayoría se recupera en una a tres semanas, pero el esfuerzo del organismo para enfrentar la infección puede abrir la puerta a complicaciones que cambian por completo el cuadro clínico.”Dhatri Kotekal, infectólogo

La prevención como mejor atajo

El especialista insistió con la vacunación anual como herramienta central de prevención, y dejó una aclaración que a mí me parece clave: tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros severos, por lo que el tipo de virus no descarta el riesgo individual. Vacunarse, consultar ante los primeros signos raros y no subestimar ese viraje de "me siento mejor" a "algo no anda" puede evitar que una gripe común termine en una guardia.

Cuando me fui a dormir, le mandé un mensaje a Marta para preguntarle cómo seguía. Me respondió que fue a la guardia, que le hicieron una placa y que quedó en observación por una neumonía incipiente. Apretó justo a tiempo, y eso, en invierno, es la diferencia entre un mal trance en casa y una historia clínica con final feliz.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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