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Del consultorio al botiquín: por qué el cardiólogo manda varias pastillas juntas y qué hace cada una

Después de un diagnóstico cardiovascular es común irse del consultorio con más de un medicamento. Cada uno ataca un problema distinto: presión, colesterol, coágulos, ritmo o líquido retenido. La combinación la decide el profesional según el cuadro clínico de cada paciente.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 11 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo viví de cerca la semana pasada, en el barrio de Belgrano, mientras esperaba mi turno en la farmacia. Adela, una vecina de Caballito que conozco hace años, estaba parada al lado mío con una bolsita llena de cajas. Me miró y me dijo, casi en un susurro: «Constanza, el cardiólogo me cambió todo otra vez. No sé ni para qué tomo cada cosa». Me mostró seis envases diferentes, los acomodó en el mostrador y preguntó uno por uno. Su cara era la misma que vi en decenas de pacientes cuando salen de un consultorio cardiológico: la de alguien que entendió lo que le dijeron pero que, en la calle, se da cuenta de que tiene más dudas que respuestas. Esa imagen me decidió a escribir esta nota.

La pregunta de Adela es más común de lo que parece. Recibir varias cajas de medicamentos tras un diagnóstico cardíaco genera, en muchos pacientes, la misma sensación de desconcierto. Y la razón es simple: el corazón puede fallar por motivos distintos y simultáneos, de modo que un solo fármaco no alcanza para cubrir todos los frentes. Por eso el médico suele armar un esquema combinado.

Presión alta: el músculo cardíaco trabaja de más

La presión arterial elevada es uno de los problemas más frecuentes. Cuando se mantiene alta durante meses o años, obliga al corazón a bombear con mayor esfuerzo y, con el tiempo, lo daña junto con los vasos sanguíneos. Para reducirla se usan varios grupos de fármacos que actúan por vías diferentes.

  • Inhibidores de la ECA: bloquean la producción de una hormona que estrecha los vasos.
  • ARA-II: impiden que esa misma hormona ejerza su efecto sobre las arterias.
  • Betabloqueantes: bajan la frecuencia cardíaca atenuando la acción de la adrenalina.
  • Bloqueadores de los canales de calcio: relajan los vasos o desaceleran el pulso, según el caso.

Colesterol LDL: el enemigo silencioso

El colesterol LDL, conocido como colesterol «malo», se trata de manera independiente porque es otro de los grandes factores de riesgo. Las estatinas son los fármacos más utilizados: además de bajar el LDL pueden contribuir a reducir la inflamación. Se indican tanto después de un infarto, un accidente cerebrovascular o la colocación de un stent, como en personas con factores de riesgo que todavía no tuvieron un evento. Cuando las estatinas no alcanzan o no pueden usarse, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9.

Coágulos: cuándo se usa cada familia de fármacos

Para evitar coágulos existen dos grandes líneas. Los antiagregantes plaquetarios, como la aspirina o el clopidogrel, dificultan que las plaquetas se unan entre sí. La aspirina se indica a quienes ya tienen enfermedad cardiovascular diagnosticada, aunque la guía de la Cleveland Clinic advierte que no se recomienda de forma general para prevenir un primer evento sin una evaluación individual que pondere beneficios y riesgo de sangrado. Los anticoagulantes, como apixabán y rivaroxabán, actúan en una etapa diferente del proceso y se usan con frecuencia para tratar coágulos en piernas o pulmones. Ambos tipos pueden aumentar el riesgo de hemorragias, por lo que no deben iniciarse ni suspenderse sin indicación médica.

Mientras leía las cajas con ella, Adela volvió a mirarme y me preguntó algo que también escucho seguido: «Pero entonces, ¿cuál es el más importante?». Le dije lo mismo que repito cada vez que puedo: no hay una pastilla estrella. Cada una apunta a un problema distinto y el conjunto es lo que protege al corazón. Y la combinación exacta —cuáles se toman, a qué dosis y durante cuánto tiempo— la define el profesional según el cuadro clínico, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona. Ella se fue con sus seis cajas ordenadas en la bolsita, con el prospecto leído y, sobre todo, con la tranquilidad de saber que ninguna estaba de más.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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