El mapa del cine argentino se reordena entre los números del INCAA y la mirada de Dolores Fonzi
Carlos Pirovano asegura que se quintuplicaron los apoyos al sector, mientras la actriz y directora advierte que las coproducciones dependen casi exclusivamente de las plataformas. Una pulseada que pone en juego cómo se financia y se exhibe el cine nacional.
Tengo que ser honesto con quien me lee: cuando se cruzan en una misma semana los números que tira desde una oficina el presidente del INCAA y las palabras que dice desde un festival internacional una actriz y directora como Dolores Fonzi, lo mejor que puedo hacer es sentarme, escuchar las dos campanas y tratar de armar un mapa que no sea el de ningún apasionado, sino el de alguien que quiere entender. Y eso es lo que me propongo acá, con la mayor claridad posible, sin inventarle nada a nadie.
La discusión arrancó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde Fonzi presentó Mis muertos tristes y dejó planteada una preocupación que a muchos productores y directores les suena conocida: conseguir dinero para rodar una película en la Argentina se volvió una carrera con obstáculos, y sostener un proyecto con colegas de otros países se transformó en una tarea casi artesanal. Ella misma lo dijo con una frase que repitió más de una vez: Dependemos de las plataformas totalmente. Y agregó algo que duele cuando uno lo escucha desde el trabajo audiovisual: las colaboraciones que antes existían con Francia, Bélgica y Alemania, que se sostenían con la gestión del instituto, se fueron reduciendo hasta quedar casi en el aire.
Lo que dice el titular del INCAA
Del otro lado de la mesa habló Carlos Pirovano, presidente del INCAA, y los números que puso sobre la mesa son los que usó para desmentir la idea de que el cine argentino quedó a la intemperie. Según explicó, el organismo destinó este año 25 millones de dólares a apoyos al sector, contra apenas cinco millones en 2023. Es decir, cinco veces más. Y no se quedó ahí: contó que se contabilizan 155 estrenos nacionales, de los cuales 30 corresponden a películas que se rodaron durante su gestión, y recordó que hubo películas argentinas en festivales pesados como San Sebastián, Venecia y Cannes, nada menos.
- 25 millones de dólares en apoyos durante el año en curso, frente a 5 millones en 2023.
- 155 estrenos nacionales contabilizados, 30 de ellos filmsados en la gestión actual.
- Acuerdos de cooperación con Paraguay (desarrollo y producción), Brasil (coproducción) e Italia (dos coproducciones).
- Exigencia de acreditar audiencia para acceder a los subsidios, como criterio de llegada al público.
- Presencia argentina en festivales de San Sebastián, Venecia y Cannes.
Dos lecturas que conviven
“Dependemos de las plataformas totalmente.”Dolores Fonzi
Lo que queda flotando, y es lo que más me interesa como cronista, es que ambas partes pueden tener razón y al mismo tiempo no estar contándose toda la historia. Pirovano puede exhibir más recursos y más estrenos, y a la vez puede ser cierto que, como dice Fonzi, los acuerdos internacionales se hayan vuelto más difíciles de cerrar sin el empujón de una plataforma de streaming. También es cierto que el propio Pirovano reconoce que se firmó con Paraguay, Brasil e Italia: o sea, la cooperación no desapareció, pero el tono de la actriz apunta a otra cosa, a que esos acuerdos ya no alcanzan para sostener el ritmo de proyectos que el cine argentino supo tener.
Hay un punto que vale la pena subrayar porque es donde la discusión deja de ser de cifras y pasa a ser de filosofía de política cultural: el requisito de acreditar audiencia para acceder a los subsidios. El funcionario lo presenta como una forma de asegurar que las películas lleguen a la gente. Los directores suelen mirarlo con más recelo, porque medir audiencia antes de estrenar es, en la práctica, pedirle peras al olmo. Es un debate viejo que la gestión decidió reactivar y que, seguramente, va a seguir dando que hablar en cada convocatoria.
Mi lectura, después de revolver las dos posturas, es que la pulseada no es entre un funcionario y una actriz: es entre dos modelos de entender cómo se sostiene el cine argentino. Uno pone el acento en cuánto dinero se mueve y cuántas películas se estrenan; el otro en si los proyectos se pueden pensar a largo plazo y en conjunto con otros países. Las dos preguntas son legítimas. Y mientras se resuelve esa discusión, lo concreto es que Mis muertos tristes existe, se vio en San Sebastián y dejó a su directora hablando en nombre de muchos.
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