El pibe que posaba para las grandes marcas y que se fue sin hacer ruido: despiden a Presley Gerber, el hijo de Cindy Crawford
Tenía 27 años y estaba internado en un centro de rehabilitación de California. Había arrancado su carrera a los 16, pisó pasarelas de primer nivel y eligió contar en sus redes el calvario que estaba viviendo.
Yo quiero ser un pibe de los barrios altos, de esos que maman de chicos las mieles del asfalto bien puesto, y la verdad es que a Presley Gerber lo vi crecer desde que empezó a desfilar con la marca de su vieja en la cara. Porque arrancar a los dieciséis en la pasarela de Dolce y Gabanna o cruzarse en una campaña de Calvin Klein al lado de tu madre no es algo que le pase a cualquiera, y menos cuando esa madre es Cindy Crawford, la diosa del supermodelaje de los noventa que todavía hoy sigue facturando como si el tiempo no pasara por ella. El pibe tenía la marca de fábrica de los Gerber-Crawford: el flequillo apenas ladeado, la mirada medio triste, ese gesto de nene bien al que le sobra el mundo y al que sin embargo algo le está pesando por dentro.
El pibe se nos fue este fin de semana en un centro de rehabilitación de California, y la Oficina del Médico Forense del Condado de Los Ángeles confirmó el fallecimiento, que fue lo que movió a la familia a pedir privacidad y a repetir por todos los medios que querían pasar el duelo sin que la prensa les revolvera el pasado. Presley estaba peleando contra problemas de consumo de drogas y alcohol, según dejaron trascender sus allegados, y el desenlace fue el que nadie quería leer en un parte médico.
Una historia conocida de memoria
Si uno se pone a repasar el archivo, el tema con Presley no era nuevo. Ya en diciembre del año pasado él había agarrado su cuenta de Instagram y se había largado a contar, delante de todo el mundo, cómo venía siendo su día a día. Después borró el video, pero la idea quedó flotando: ahí se lo veía hablando de los medicamentos que tomaba, de los ataques de pánico que le comían la cabeza y de las pérdidas que le habían ido dejando cicatrices en el cuerpo. La publicación era también un pedido desesperado de ayuda, un grito para que alguien le tirara una soga, y cuando llegó la respuesta de Cindy fue directa, sin vueltas, con esa frase que la madre le mandó al hijo: Presley, te queremos y no estás solo.
“Presley, te queremos y no estás solo.”Cindy Crawford, en un mensaje a su hijo
Su hermana menor, Kaia, también había dado entrevistas hablando del peso que había tenido en la familia el tema de Presley. Contó, con una crudeza que a mí me dejó pensando, que durante un buen tiempo ella había relegado sus propias necesidades porque sentía que papá y mamá tenían que estar abocados a las urgencias del hermano, y que esa lógica familiar había terminado reforzando en ella una especie de resistencia a pedir ayuda para sí misma. Cuando uno escucha a Kaia hablar así, con el tono de alguien que ya entendió el precio que se paga cuando los focos se corren, se da cuenta de que en esa casa no había un nene caprichoso sino un pibe atravesado por algo muy serio y una familia que, aun queriendo, no siempre la sacó del pozo.
El currículum soñado de un modelo de revista
- Calvin Klein, Dolce & Gabbana, Burberry, Tommy Hilfiger y Ralph Lauren, las casas grandes que lo tuvieron en sus campañas y pasarelas.
- Un comercial de Pepsi junto a su madre Cindy Crawford, emitido durante la Super Bowl LII en 2018, una vidriera enorme para cualquier modelo.
- Su debut profesional a los dieciséis años, cuando todavía iba al colegio y ya le empezaban a llover contratos.
- Su nacimiento el 2 de julio de 1999 en Brentwood, el barrio más chic de Los Ángeles, como hijo mayor de Crawford y del empresario Rande Gerber.
A mí lo que más me pega es que Presley nunca buscó el escándalo, ni el titular rojo, ni el sobretítulo gritón: cuando quiso contar algo, lo contó él, en primera persona, mirándo a la cámara, como pidiendo compañía en vez de fama. En esa manera de pararse había algo que se parecía mucho a lo que uno siente cuando entra a un baile y se queda en una punta, mirando, sin animarse a pedirle un tema a la reina de la noche. Y la verdad es que cuando se va un pibe así, uno se queda con ganas de haberle dicho, antes, lo que sea, lo que fuera, aunque más no sea para que supiera que acá también había alguien escuchándolo. Para este sábado te recomiendo, si te pasa como a mí y necesitás un rato liviano, agarrar un disco viejo, uno de los que cantaban las madres de los modelos cuando todavía nadie soñaba con las pasarelas, y ponerlo a todo volumen para que en casa se arme la conversa y se recuerde, de paso, que siempre hay tiempo para pedir ayuda.
