Jueves, 24 de septiembre de 2026
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El tiempo que miramos de reojo: recuerdos, proyectos y la costumbre de vivir en otro lado

La advertencia del psicólogo Gabriel Rolón sobre la trampa de idealizar lo que ya pasó o de empujar la felicidad siempre hacia adelante, y por qué esa mirada puede dejarnos fuera del presente.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 24 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En la esquina de casa, mientras esperaba el colectivo, me crucé con Marta, vecina de toda la vida del barrio de Belgrano. Conversamos un rato sobre los nietos, el calor y la inflación, y cuando le pregunté cómo estaba, me dijo, con esa sinceridad que tienen las personas que ya no tienen nada que demostrar: "Yo soy feliz ahora, fíjate, hoy". Me quedó dando vueltas esa frase, porque uno escucha seguido lo contrario: gente que fue feliz, o que va a ser feliz, como si el presente fuera un pasillo y no una habitación donde quedarse. El psicólogo y escritor Gabriel Rolón, en una entrevista reciente, puso el dedo justamente sobre esa costumbre tan argentina de vivir mirando de reojo, o hacia atrás o hacia adelante, y casi nunca de frente.

Soñar, pero sin dejar la vida en remojo

Rolón no vino a decir que los proyectos estén mal. Al contrario, los sostuvo como una pieza importante de cualquier vida que se precie de estar viva. Lo que señaló, con un tono más bien sereno, es que la dificultad aparece cuando la expectativa de felicidad se empuja siempre un poco más allá, como si cada nueva meta fuera un lugar donde recién allí nos va a tocar estar bien. Ahí está la trampa: la postergación permanente de sentirse bien hoy, en esta mesa, con esta gente, en este cuerpo. "Intentemos algo aquí, ahora", dijo, y la frase tiene algo de orden y algo de súplica, como cuando una madre le pide al hijo que coma antes de que se enfríe la milanesa.

Cuando la memoria embellece lo que ya no vuelve

Con los recuerdos pasó algo parecido, pero al revés. Rolón contó que uno de los trabajos más lindos y a la vez más tramposos que hacemos con la cabeza es editar los recuerdos, darles un filtro, pulirlos. Lo dijo con una palabra que me hizo reír, porque la escuché en mi propio living cada vez que alguien sube una foto a las redes: "Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos". Y dio ejemplos que se repiten en cualquier familia: padres que ya no están y a los que uno recuerda con una nobleza enorme, o infancias reconstruidas como si hubieran sido todas verano, helado y pelota en la calle, cuando uno sabe, si se pone honesto, que también hubo tizas que no entraban en el zapato y maestras que daban miedo.

El problema, para Rolón, no es ese embellecimiento en sí. Reconocer que hubo momentos felices, valorar los esfuerzos, abrazar los vínculos que se tejieron: todo eso ayuda a entender quién es uno y cómo se fue armando. El punto que puso bajo la lupa fue cuánto lugar ocupa esa imagen idealizada. Cuando alguien se aferra demasiado, contó, puede dejar de laburar en la posibilidad de construir felicidad acá, en este momento. Y dejó una frase que me parece que hay que anotar en alguna parte, porque tiene la precisión de un bisturí: "Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices". A mí, se los confieso, me pegó.

“No nos bajemos de la vida antes de tiempo.”Gabriel Rolón

Lo que plantea Rolón, mirándolo con un poco de distancia, es que los recuerdos y los proyectos no son el problema, sino la manera en que los dejamos decidir por nosotros. La historia personal conserva su valor, los sueños siguen empujando, pero ninguno de los dos tendría que funcionar como excusa para bajarse del colectivo de la vida mientras el colectivo todavía está pasando. O, dicho en criollo, como me lo dijo Marta antes de subir al 107: vivir la vida que toca, no la que uno se cuenta que fue ni la que se imagina que va a ser. Algo de eso, me parece, hay que llevarse puesto cuando uno apaga la compu y se sienta a mirar la calle.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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