Falta de aire y tos que no se va: cuando los pulmones piden atención y el diagnóstico se hace esperar
Especialistas alertan que identificar una fibrosis pulmonar puede llevar hasta dos años. Una neumonóloga del Clínicas y una reumatóloga del Ramos Mejía explican a qué señales hay que prestarles atención y por qué algunas enfermedades autoinmunes avanzan en silencio sobre el tejido pulmonar.
Eran cerca de las diez de la mañana en el consultorio del neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer, en el Hospital de Clínicas, y Marta, una vecina de Almagro que llegó derivada por su médica de cabecera, se sentó en la punta de la silla antes de empezar a contar su historia. Me dijo, casi en un susurro, que llevaba meses subiendo a su departamento del segundo piso con la lengua afuera, que había dejado de ir a la plaza con sus nietos porque le faltaba el aire y que ella misma, antes de venir, había descartado todo eso como una consecuencia natural de cumplir años. Esa frase, que escucho una y otra vez en los consultorios, es exactamente la que los especialistas quieren desarmar: la falta de aire no es una compañera obligatoria de la edad, y cuando aparece en actividades que antes se toleraban sin problema, o se suma una tos seca que no se va, el cuerpo está pidiendo, como mínimo, una evaluación médica.
Una enfermedad que deja cicatrices y que puede tardar en
La fibrosis pulmonar es una enfermedad que produce cicatrices permanentes en el tejido de los pulmones y que, con el tiempo, puede dificultar que la sangre se oxigene como corresponde. Puede estar vinculada a enfermedades autoinmunes, a la inhalación de determinadas partículas en el trabajo o el ambiente, o al uso de ciertos medicamentos. Cuando los estudios no permiten identificar una causa clara, se la llama idiopática. Conocer el origen no es un dato menor: define el tratamiento, los controles y, en muchos casos, el pronóstico.
Enghelmayer, que se especializa en enfermedades pulmonares intersticiales, me explicó que el recorrido hasta el diagnóstico puede extenderse hasta dos años, y que una de las razones es que los síntomas se confunden con otras cosas: con el cigarrillo de toda la vida, con la falta de entrenamiento, con el paso del calendario. La señal de alerta más clara es la disnea progresiva, es decir, la dificultad para respirar que aparece ante esfuerzos cada vez menores. Si eso se intensifica en pocos días, o se presenta caminando hasta la esquina, la consulta no puede esperar.
- Falta de aire ante esfuerzos antes bien tolerados: subir escaleras, cargar bolsas, caminar rápido.
- Tos seca persistente que no mejora con tratamientos habituales.
- Sensación de cansancio creciente sin una causa que lo explique.
- Ruidos tipo velcro al auscultar el pecho, un hallazgo que solo puede interpretar el médico.
Cuando la consulta no puede esperar
Los especialistas remarcan que hay una diferencia clave entre una molestia que aparece de a poco y una que se instala en días. Si la dificultad respiratoria avanza rápido, si se siente con mínimos esfuerzos o si aparece en reposo, la consulta tiene que ser urgente. En cambio, cuando el síntoma es progresivo y crónico, igual hay que pedir turno, pero el tiempo permite ordenar estudios. La herramienta central es la tomografía de alta resolución, que muestra los cambios en el tejido pulmonar, y se complementa con pruebas de función respiratoria y una auscultación detallada.
El neumonólogo me insistió con una idea que vale la pena repetir: la edad no vuelve normal la falta de aire. Aunque la fibrosis pulmonar es más frecuente a partir de los sesenta años, también aparece en personas más jóvenes, sobre todo cuando hay una enfermedad autoinmune de base. Por eso, perder capacidad de esfuerzo nunca debe atribuirse automáticamente al envejecimiento.
Los pulmones en silencio de las enfermedades autoinmunes
Acá aparece el segundo capítulo de esta historia, que la jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, Fabiana Montoya, conoce de cerca. Me contó que en algunas enfermedades autoinmunes el compromiso pulmonar puede estar presente sin dar señales respiratorias. Esto cambia las reglas del juego, porque un paciente que se siente bien de los pulmones puede tener, sin saberlo, una fibrosis incipiente.
“En una cohorte argentina en la que participé, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo, el 40 por ciento tenía una afectación extensa en la tomografía.”Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía
Montoya me dijo que, por ese motivo, los controles no pueden depender únicamente de lo que el paciente siente. En el caso de la esclerosis sistémica, la evaluación pulmonar debe hacerse desde el diagnóstico de la enfermedad reumatológica, incluso si la persona no refiere tos ni falta de aire. En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en quienes tienen factores de riesgo adicionales, como el tabaquismo o determinados anticuerpos.
Volví a pensar en Marta, la vecina de Almagro, mientras caminaba de vuelta por el barrio. Todavía no tiene un diagnóstico cerrado, pero su consulta abrió la puerta a los estudios que necesitaba. Los especialistas inspecan, una y otra vez, en lo mismo: que no naturalicemos lo que no es natural, que la tos que no se va y el aire que falta no se archiven como cosas de la edad, y que las personas con enfermedades autoinmunes sepan que sus pulmones también merecen controles, aunque ellos no pidan ser atendidos.
