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Martes, 20 de octubre de 2026
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Guatemala cabe en la Provincia, pero abruma: volcanes, mayas y un lago que se cruza en lancha

Pirámides entre la selva, una ciudad colonial con talleres vivos y un lago rodeado por tres volcanes y doce pueblos. Todo a pocas horas, con vuelos diarios desde Buenos Aires y un promedio de trece días de estadía para los argentinos que se animan.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 1 h
Guatemala cabe en la Provincia, pero abruma: volcanes, mayas y un lago que se cruza en lancha

Te lo imaginas entrando de una sola mirada en un mapa y, sin embargo, te deja con la agenda apretada. Así es Guatemala: un país chico, casi del tamaño de la provincia de Buenos Aires, donde conviven selva tropical, altiplano, costa caribeña y decenas de sitios arqueológicos que todavía se siguen excavando. Cuando me puse a investigar para esta nota me pasó lo de siempre, que la información disponible aburre, y entonces decidí salir a buscar la vuelta: qué se hace, dónde se come, cuánto se tarda. Eso es lo que te cuento acá abajo, con la calidez de quien ya lo tiene anotado en la lista de pendientes.

Tikal, la postal que parece inventada

Si te toca pisar Guatemala por primera vez, arrancá por el norte, por Petén, donde las pirámides mayas de Tikal asoman entre la copa de los árboles como si estuvieran peleándole el cielo a la selva. El sitio está declarado Patrimonio de la Humanidad y la caminata no es solo de piedras: en el camino se cruzan tucanes, monos aulladores y una cantidad de aves de colores que justifican llevar la cámara con el lente puesto desde el primer minuto. Al ruido de las chicharras se suma el de los primates, y eso ya te cambia el ánimo.

Antigua, la colonial que sigue trabajando

De Tikal bajás hasta la capital y de ahí, en un par de horas, te plantás en Antigua Guatemala, una ciudad colonial con calles empedradas y fachadas españolas que conservan el aire de los siglos pasados. Lo lindo es que no es una postal congelada: hay talleres abiertos de cerámica, de tejido en telar de cintura y de trabajo en jade donde uno puede sentarse a mirar o, mejor todavía, meter las manos. Para comer, una fija en el centro es la zona de la Calle del Arco, donde los restaurantes coloniales sirven pepián, kak'ik y un café de altura que arranca el día como pocos. Si te queda una tarde, te recomiendo visitar alguna de las fincas cafetaleras que abren sus puertas en las afueras: se conoce el proceso del grano y se termina con una taza hecha sobre el mismo volcán donde se cultivó.

El lago Atitlán, tres volcanes y doce pueblos en lancha

A unas tres horas de Antigua por ruta se llega al lago Atitlán, una de esas maravillas que cuesta creer que existan: encerrado entre tres volcanes y con doce comunidades indígenas repartidas por la orilla, a las que se accede en lancha. Cada pueblo tiene su marca: hay uno dedicado a la apicultura, otro al teñido natural de telas, otro más al yoga y al bienestar, y uno donde el ritual estrella es el temazcal, un sauna de vapor prehispánico con hierbas aromáticas que se usa para descansar y desconectar. Es de esos lugares donde el reloj empieza a sobrar. Mi sugerencia es pedirle al lanchero que te arme un recorrido de tres paradas y llevar efectivo porque en algunos muelles no hay datáfono ni señal de celular.

Cómo llegar desde Buenos Aires

Desde Argentina hay vuelos diarios con escala. Copa Airlines enlaza vía Panamá, Avianca hace escala en Bogotá y Aeromexico conecta por Ciudad de México. Las tres opciones llegan al Aeropuerto Internacional La Aurora, en la capital, y el tramo final tras la escala no supera las dos horas. Conviene salir temprano desde Ezeiza para llegar a dormir a Antigua, en el kilómetro 63 de la ruta que sale de la Ciudad de Guatemala, antes de que anochezca: el tránsito del área metropolitana se vuelve un tema a partir de las cinco de la tarde.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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