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Mapean el sistema nervioso de una mosca y lo prueban para clasificar mails, jugar al Doom y hasta operar con criptomonedas

Un modelo digital con más de 166.000 neuronas de Drosophila melanogaster se usó para experimentar con tareas reales, aunque todavía rinde menos que las redes artificiales diseñadas a medida.

Por Lautaro FaríasTecnología y ciencia · 19 de septiembre de 2026 · hace 2 h

¿Sirve de algo meter el cerebro de una mosca en una computadora? Esa fue, más o menos, la pregunta que se hizo un grupo de investigadores cuando terminaron de armar una reconstrucción digital del sistema nervioso central de una mosca de la fruta adulta y se preguntaron qué hacer con ella. La respuesta fue: probarla en casi todo lo que se pueda probar.

El modelo se llama MaleCNS v1.0 y, según el paper original, reúne 166.438 neuronas, unos 125 millones de conexiones y cerca de 11.700 tipos celulares. No es solo el cerebro: también incluye el cordón nervioso ventral, ese cable que va del cerebro al resto del cuerpo. Esto permite mirar de punta a punta cómo la mosca recibe un estímulo y termina moviendo una pata, una pata virtual, claro.

Clasificar mails, con la mitad de precisión

Una de las pruebas más concretas fue la más aburrida de todas: separar correos electrónicos. En esa tarea, la simulación basada en la mosca alcanzó alrededor del 80 % del rendimiento de una red neuronal artificial pequeña diseñada específicamente para eso. Para ponerlo en criollo, es como si en una maratón corrieras siempre atrás del atleta de elite, pero llegando bastante cerca. No ganás, pero tampoco quedás último.

Eso sí: ese 80 % es un rendimiento relativo, no una tasa de aciertos sobre el total de mensajes. El dato sirve para comparar contra la red artificial de referencia, no para decir que clasifica el 80 % de los mails correctamente.

Doom, Mario y hasta un bot de trading

  • Doom: el ingeniero Alex Wormuth conectó el conectoma al juego. Las imágenes de pantalla se transforman en estímulos para las neuronas sensoriales simuladas, el brillo y el color circulan por la red y terminan en acciones de control. Cuando el personaje recibe daño sin morir, se activan células dopaminérgicas que funcionan como una señal de refuerzo negativo, como cuando te retan en la escuela y aprendés a no repetir la travesura.
  • Stonkfly: el mismo Wormuth llevó esa lógica de premio y castigo a un proyecto que mira gráficos financieros y decide operaciones con criptomonedas dentro de una cartera virtual. Las ganancias activan una señal asociada a unas 15 células; las pérdidas, otras dos vinculadas a respuestas aversivas. El paper lo presenta como experimental, sin datos para medir si sirve como herramienta de inversión real.
  • Otros usos: hubo desarrolladores que ensayaron con Super Mario 64, con Beat Saber, con salas de escape y hasta con generación de tipografías. Todos casos recreativos, donde hace falta agregarle al conectoma una simulación extra que traduzca lo que ve la red en acciones concretas.

Lo que muestran estos ensayos es lo que el paper llama MaleCNS v1.0, una reconstrucción hecha a partir de millones de imágenes de secciones ultrafinas del sistema nervioso de la mosca, tomadas con microscopía electrónica. Participaron equipos de Google Research, el HHMI Janelia Research Campus, Harvard y Princeton.

Ahora, la letra chica: el propio trabajo aclara que estas simulaciones todavía son más lentas y menos precisas que las redes artificiales diseñadas para cada tarea específica. Sirven para entender cómo procesa información una estructura biológica detallada, no para reemplazar a una IA entrenada a medida. Si te sirve, probalo, sabiendo que hoy por hoy es más un laboratorio que un producto.

LF
Lautaro FaríasTecnología y ciencia

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